martes, 25 de febrero de 2014

Sin whatsapp sin whatsapp

Sobre el mismo tema puedes ver estos 2 enlaces en este mismo blog:

Adicción a las redes sociales

Hoy el móvil lo es todo































sábado, 15 de febrero de 2014

Amparo Medina - De revolucionaria atea a militante católica

Entrevista a Amparo Medina en la que cuenta su vida hasta el momento de su conversión.

 Son 5 vídeos de 9,30 minutos de duración que vale la pena verlos.

Al final hace referencia  a su trabajo en la ONU y a las directrices abortistas, anticoncepcionistas.... de este organismo. Cuenta en detalle todo lo referente a la ONU en el vídeo recogido en este enlace. También vale la pena verlo para enterarse qué tipo de políticas sociales promueve la ONU.

También puedes ver el artículo de este mismo blog sobre Amparo









 






















































lunes, 10 de febrero de 2014

Obesidad mental



El profesor Andrew Oitke publicó su polémico libro «Mental Obesity», que revolucionó los campos de la educación, periodismo y relaciones sociales en general.



En esa obra, el catedrático de Antropología en Harvard introdujo el concepto del epígrafe para describir lo que consideraba el peor problema de la sociedad moderna.

Hace apenas algunas décadas, la humanidad tomó conciencia de los peligros del exceso de gordura física por una alimentación sin reglas. Estamos ahora en el momento de notar que nuestros abusos en el campo de la información y conocimiento están creando problemas tanto o más serios que esos.

Según el autor, “nuestra sociedad está más abarrotada de preconceptos que de proteínas, más intoxicada de lugares comunes que de hidratos de carbono.” La gente se ha viciado de estereotipos, juicios apresurados, pensamientos tacaños, condenas precipitadas. Todos opinan sobre todo, pero no saben nada.

Los cocineros de esta magna "fast food" intelectual son los periodistas y comentaristas, los editores de la información y los filósofos, los argumentistas y
realizadores de cine. Los noticieros y telenovelas son los “hamburgers” del espíritu; las revistas y novelas son los “donuts” de la imaginación.

El problema central está en la família y en la escuela. Cualquier padre responsable sabe que sus hijos se enfermarían si comieran solamente dulces y chocolates. No se entiende, entonces, cómo es que tantos educadores aceptan que la dieta mental de los niños esté compuesta por dibujos animados, videojuegos y telenovelas.

Con una «alimentación intelectual» tan cargada de adrenalina, romance, violencia y emoción... es normal que esos jóvenes nunca consigan una vida saludable y equilibrada.

Uno de los capítulos más polémicos y contundentes de la obra titulada “Los Buitres", afirma: «El periodista se alimenta hoy casi exclusivamente de cadáveres de reputaciones, de escándalos, de lo más bajo de las realizaciones humanas... La prensa dejó hace mucho de informar, para sólo seducir, agredir y manipular. El texto describe cómo los reporteros se desinteresan de la realidad, para centrarse solamente en el lado polémico y chocante. «Sólo la parte muerta y podrida de la realidad es la que llega a los periódicos.»

El conocimiento de las personas aumentó, pero lleno de banalidades. Todos saben que Kennedy fue asesinado, pero no saben quién fue Kennedy. Todos dicen que la Capilla Sixtina tiene techo, pero nadie siquiera sospecha para qué sirve. Todos creen que Saddam es malo y Mandela es bueno, pero no se preguntan por qué.

No sorprende que en medio de la prosperidad y la abundancia, las grandes realizaciones del espíritu humano estén en decadencia. La familia es discutida, la tradición olvidada, la religión abandonada,
la cultura se banalizó, el folklore entró en caída libre, el arte es fútil... No sorprende que en medio de la prosperidad y la abundancia, las grandes realizaciones del espíritu humano estén en decadencia.

Florece la pornografía, el charlatanismo, la imitación, la insipidez, el egoísmo. No se trata de una decadencia, una «edad de las tinieblas» o el fin de la civilización, como tantos pregonan. Es sólo una cuestión de obesidad. El hombre moderno está adiposo en el raciocinio, gustos y sentimientos.

Precisa sobre todo de
Dieta mental

Anónimo, obtenido de un powerpoint que circula por internet






miércoles, 5 de febrero de 2014

Confundimos la solidaridad con la ayuda a la extrema pobreza



Elena Roger es pedagoga y editora de Solohijos.com, un portal que cuenta con un equipo de profesionales de distintas especialidades, así como entidades y asociaciones reconocidas, cuyo valor diferencial consiste en ayudar a los padres a ser mejores padres



entrevista de Judith Martínez a Elena Roger, pedagoga / www.lavanguardia.es

¿Qué es la solidaridad?
Significa poner a disposición de los demás nuestras inteligencias con la intención real de contribuir a la sociedad.

Resumiendo, un niño solidario es un niño inteligente
Exacto.

¿Solidaridad e inteligencia?
Cuando un niño se identifica con un compañero que sufre porque le han quitado su peluche o cuando un adolescente decide voluntariamente participar en la campaña de alimentos de una ONG, es porque previamente ha utilizado unas operaciones mentales determinadas: la identificación, la comparación, la diferenciación … Un niño que observa, que se pregunta cosas, que compara y categoriza, que traza estrategias para ayudar a los demás es un niño con criterio, con pensamiento reflexivo y con gran amplitud del campo mental.

¿Y qué pasa con los sentimientos?
El aprendizaje significativo, el que pasa previamente por las emociones, es el que permanece en el tiempo y forma parte del funcionamiento cognitivo. La sensación de plenitud y satisfacción que resulta de ayudar a otros seres humanos, pese a los problemas y dificultades que conlleve esa ayuda, repercute a modo de recompensa en esa persona.

Entonces, un niño solidario es un niño que siente
Educar en la solidaridad significa educar para que nuestros hijos sean, sientan y trasformen. Un niño educado desde pequeño en la solidaridad es un niño educado en la sensibilidad, en la generosidad, en el respeto y la empatía. En el sentido de justicia y en la autoexigencia.

Es una palabra complicada para un niño.
Difícil de pronunciar pero muy sencilla de entender. Significa enseñarle desde pequeño a disfrutar y a divertirse pensando en los demás.

No es tan sencillo…
Meta siete cartulinas en una caja de zapatos, y escriba en cada una de ellas diferentes acciones que su hijo pueda realizar (en secreto) por los demás: sonreír a un amigo que está triste, compartir su bocadillo con un compañero que no tiene, ayudar a su hermano a recoger los juguetes… Cada día, al levantarse, deberá coger una cartulina, su objetivo del día, e intentará lograrlo, sin que la persona beneficiada sea consciente. Este juego supone una gran aventura, divertida y satisfactoria, para un niño de 5 años. ¡Y mucho más si sus padres son cómplices!

¿A qué edad se le enseña a un niño a ser solidario?
A la misma edad en que se le enseña a ser autosuficiente y autónomo. Cuando, siendo muy pequeño, le animamos a hacer las cosas por sí mismo, a solventar sus problemas, a sentirse capaz, a atreverse con soluciones creativas…

A veces caemos en el error de sobreproteger a los hijos….
Sobreproteger a un hijo impide que se desarrolle en él la necesidad de contribuir a la sociedad. Enseñe a su hijo a sentirse competente y responsable de sí mismo y le estará educando para cambiar el mundo. Entonces le enseñará la maravillosa sensación de sentirse autónomo, competente y preparado para ayudar a otros.

¿Y cómo se le enseña a un niño a ser solidario?
Un 70% del aprendizaje de los valores relacionados con la solidaridad se aprenden a través del ejemplo de
los padres. Unos padres preocupados por el respeto a la naturaleza, que inculcan valores de tolerancia a sus hijos, que se esfuerzan en su día a día o que discuten y negocian de forma asertiva los conflictos, enseñan a sus hijos a contemplar el mundo desde una perspectiva de justicia, igualdad y respeto.

De tal palo, tal astilla
Sí, porque el 30% restante se aprende a través de experiencias mediadas por ellos, a través de juegos, libros, canciones, películas, historias...

¿Nos enseña otro juego?
Dibuje una enorme margarita sin pétalos en una pizarra grande. Antes de ir a la cama, dígale a su hijo que dibuje un pétalo si cree que ha hecho algo positivo por los demás. Alabe su hazaña y hágale sentirse orgulloso de sí mismo. Se sorprenderá de lo que es capaz de hacer para ganar otro pétalo y volver a sentir esa misma satisfacción.

Los niños egoístas, ¿pueden ser solidarios?
Pueden emprender actos solidarios pero no ser solidarios. Una persona solidaria es una persona básicamente generosa. En actitud, en pensamiento, en estrategias. Es un valor que se contrapone al egoísmo.

¿Puede un niño ser egoísta con sus hermanos y a la vez entender que debe ser solidario con otras personas? ¿No es contradictorio?
El egoísmo no siempre implica carencia de solidaridad. El egoísmo de un niño hacía sus hermanos también puede deberse a los celos, al trato no individualizado de los padres o incluso al periodo evolutivo en el que se encuentra.

¿Por qué cuando pensamos en solidaridad la primera imagen que nos viene a la cabeza es del tercer mundo?
Porque confundimos solidaridad con ayuda a la pobreza extrema. Y concretamente con ayuda económica. Sin embargo se puede ser también solidario con los que están cerca, ofreciéndoles nuestro tiempo, acompañándoles en el dolor y el consuelo, así como en la oración…

Especialmente con la familia
La solidaridad empieza en casa, sintiendo y demostrando respeto por los hijos y viceversa. Se enseña solidaridad cuando la familia se reparte tareas, se realizan reuniones y se asumen compromisos, pero también cuando los padres se hablan entre sí con respeto, cuando el hermano mayor consuela al pequeño o cuando el pequeño ayuda al mayor a poner la mesa.

¿Un niño solidario asegura un adulto solidario?
En la vida no hay nada seguro y mucho menos cuando hacemos proyecciones con los niños. Y esto es lo fantástico de la naturaleza humana: que todos podemos ser lo que queramos ser, dependiendo de nuestras circunstancias, talentos y motivaciones. Un niño que crece bajo la sombra de los valores solidarios es más proclive a comportarse de esta manera cuando es adolescente. Sin embargo, he conocido adolescentes difíciles que ordenaron sus vidas en tan solo algunos meses de voluntariado. No hay mejor tratamiento terapéutico que sentirse útil y valorado por los demás.

¿Cree que (en general) en el mundo hay solidaridad?
Sí, pero es insuficiente. Una cosa es la caridad y los sentimientos solidarios pero hablar de solidaridad, en letras mayúsculas, solidaridad proactiva, comprometida, estratégica y coherente, esto ya es otro cantar.








jueves, 30 de enero de 2014

Alteridad sexual

María Calvo Charro es autora del libro "La alteridad sexual. La verdad intolerable." Editado por Digital Reasons











lunes, 20 de enero de 2014

La generación que construyó España



“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano.

Blog de Fernando Sánchez Salinero

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:
        
       1) “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.

       2) “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67). La generación de los nuevos ricos, la generación
de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble. Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

- ¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira,
nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

- Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… 

Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, BMW para los españoles. Irrumpió  Europa  en  nuestras  vidas  y  llegó  en  forma  de  mega  infraestructuras  que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos! Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y  “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por ser nieta de ricos.

Si  somos  incapaces  de  volver  a  los  valores  con  los  que  se  construye  una  sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos  a  tiempo  de  cambiarlo,  pero  cada  vez  tenemos  menos.  Podemos  encontrar maestros en casa.