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martes, 10 de septiembre de 2013

La increíble resistencia francesa a la desnaturalización del matrimonio



El domingo 26 se celebró una nueva “manif pour tous”, frase acuñada contra el “mariage por
tous”, que ha transformado radicalmente el concepto de matrimonio en el famoso Código de Napoleón, abriéndolo a parejas del mismo sexo.

artículo de Salvador Bernal / www.aceprensa.com / jueves 30 de mayo de 2013




Lógicamente, los partidos mayoritarios dieron mucha importancia política al evento, aunque los organizadores insisten en que su propósito es estrictamente social y familiar. El ministro del interior, Manuel Valls, llegó a desaconsejar a la gente que acudieran co n sus hijos, por razones de orden público: en el fondo, molestan mucho las imágenes de familias amplias, alegres, que defienden con optimismo y buen humor unos modos de vida que, de hecho, no coinciden con los resultados de tantos sondeos de opinión.

Nadie hizo caso al ministro. Más bien, está siendo fuertemente criticado por su intento de limitar la libertad ciudadana, así como por su amenaza de prohibir a algunos de los movimientos surgidos en torno a esta cuestión –acusados de extremismo–, que se han dado a sí mismos el nombre de “primavera francesa”.

La superación del mayo francés de 1968
Más entidad tienen algunos análisis que comparan la situación actual con otra primavera más antigua: el mayo francés. Si algunos principios de aquella gran revuelta en la Francia del general De Gaulle siguen informando hoy las políticas de partidos de la izquierda, las diversas “manif pour tous” han desvelado la existencia de una franja amplia de gente joven que se opone a ese radical individualismo, que está en el origen de otras muchas injusticias.

Desde el poder, se intenta combatir el movimiento apelando al orden público, frente a mínimos incidentes: nada, comparado con los que se produjeron en el Trocadéro con la celebración del campeonato de fútbol ganado por el París-Saint Germain. De otra parte, tratan a esa oposición como si fuera algo propio de la extrema derecha, cuando los hechos demuestran hasta la saciedad que no es así. En fin, pretenden presentarlo como un intento de la Jerarquía católica de influir en la vida pública, que dividiría a los propios creyentes… 
 
Nunca faltan palabras disidentes del resto de un progresismo decadente como el de Témoignage Chrétien (reducido ya a una mínima presencia digital, aunque tiene el eco de Le Monde y La Croix). Pero la realidad es que la postura inequívoca de los obispos franceses poco tiene que ver con viejos confesionalismos: en este punto, se ha producido una coincidencia casi unánime de todas las confesiones religiosas.

Nadie podía imaginar que en Francia se produjera un rechazo tan amplio a un proyecto que invoca ideas tan suyas como las de igualdad y libertad. Queda por ver ahora la intensidad en los próximos meses: la presidente de “
Manif pour tous”, Ludovine de La Rochère, declaró con fuerza al final de la concentración del domingo que “proseguiremos el combate en toda Francia”. 

El futuro de la protesta social
La batalla se complica por el interés de algunas formaciones políticas. El apoyo –como el del presidente de UMP, Jean-François Copé– incluye también una cierta invitación a trasladar a la política el serio compromiso social que han desarrollado a lo largo de los últimos meses: en 2014 se celebran elecciones municipales en el país vecino.

No faltan quienes intentan dividir a los católicos, resucitando la vieja cuestión del conservadurismo frente al progreso y la modernidad, con un cierto enfrentamiento hacia la Jerarquía. Mons. Jean-Luc Brunin, encargado de las cuestiones de familia y sociedad en la conferencia episcopal francesa, afirma con claridad: “La Iglesia ha contribuido a la reflexión y a sacar a la sociedad de la uniformidad de pensamiento que se le ha querido imponer”; y matiza que “no se ha colocado en un terreno político ni de confrontación”.

Lo cierto es los militantes de Civitas, organización próxima a los lefebvrianos, tuvieron su propia manifestación en otra parte de París. Los tres cortejos de la “manif pour tous”, con participantes que repetían una vez más en su acción de protesta, acabaron juntos en los Invalides después del mediodía y, según informa La Croix, “los movimientos de extrema derecha eran invisibles”. Como declaraba uno
de los portavoces, Tugdual Derville, los ultras no mancharán una acción que no obedece a ninguno de los “códigos habituales de los movimientos sociales”: “no defendemos intereses de una categoría, sino a los seres humanos más frágiles. Justamente porque la ley ha sido promulgada, vamos a convertirnos en centinelas de la injusticia”.

En realidad, y a diferencia de las recordadas manifestaciones de 1984 por la libertad de enseñanza frente a Mitterrand, no existe ahora ningún interés particular o inmediato: los participantes defienden una visión de la persona humana en tiempos de crisis de civilización. La incógnita es cómo se articulará esa protesta social en un futuro inmediato. De momento, ha servido para mostrar cómo inciden sobre la familia los debates políticos, sociales y religiosos.









miércoles, 10 de julio de 2013

La gente muere de hambre pero nos ocupamos de los bancos


El Papa denuncia la «precariedad en la que viven gran parte de los hombres y mujeres de nuestro tiempo
 
artículo de juan vicente boo, corresponsal en roma / www.abc.es  / lunes 20 de mayo de 2013

La crisis que sufren y a la vez generan los países ricos es mucho más que un problema de mercados financieros, según explicó con extraordinaria crudeza el Papa en su encuentro con los movimientos y las nuevas comunidades en la vigilia de Pentecostés, celebrada el sábado ante doscientas mil personas en la plaza de San Pedro. El domingo, la plaza volvió a desbordar con más de doscientos mil fieles, nuevo récord del pontificado.

Respondiendo sin papeles a cuatro preguntas enviadas de antemano, Francisco abordó la crisis citando «un midrash bíblico (narración pedagógica) de un rabino del siglo XII que he contado ya tres veces esta semana».

La historia relata que «en la construcción de la torre de Babel, cuando caía un ladrillo era una tragedia y se castigaba al obrero, pues cada ladrillo era precioso. En cambio, si caía un obrero no pasaba nada». El Papa añadió que «esto sucede hoy: la gente muere de hambre a causa de la crisis, pero en cambio nos ocupamos de los bancos» y «si las inversiones bancarias bajan un poco es una tragedia, pero si mueren de hambre personas que no tienen que comer o que no tienen salud, no pasa nada. ¡Esta es la crisis de hoy!».

El obispo de Roma advirtió que «la crisis afecta también la ética pública, el modelo de desarrollo y la política», pues «al leer los diarios vemos cómo la falta de ética pública hace un gran daño a la humanidad entera».

Pobres, en países ricos
El Papa lo había dicho de modo más formal el pasado jueves en su discurso escrito a cuatro nuevos embajadores en el Vaticano, constatando que «la mayor parte de los hombres y mujeres de nuestro tiempo continúan viviendo en una precariedad cotidiana con consecuencias funestas» hasta el punto que «el temor y la desesperación oprimen el corazón de muchas personas incluso en los países ricos».

En su opinión, «una de las causas está en la relación que tenemos con el dinero, en aceptar su dominio sobre nosotros y nuestra sociedad. La crisis financiera nos hace olvidar que su origen es una profunda crisis antropológica».

Según el Papa, «la crisis mundial expone las deformidades de la economía y la finanza pero, sobre todo, la grave carencia de su perspectiva antropológica, que reduce la persona a una sola de sus exigencias: el consumo».

El resultado es que «la solidaridad es considerada contraria a la racionalidad financiera y económica. Mientras los ingresos de una minoría aumentan de modo exponencial, los de la mayoría se debilitan». Ese desequilibrio «proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera». A eso se añaden «una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta que asume dimensiones mundiales».

Poco antes el Papa se había referido a la crisis en un largo discurso —sin texto escrito— a los obispos y miembros del comité ejecutivo de Caritas Internationalis, que reúne las Cáritas de todo el mundo.

El hombre, en peligro
Francisco les dijo que «estamos viviendo una época de crisis muy grave, muy grave. Y no es solamente una crisis económica. Es también una crisis cultural y una crisis de fe».

Según el Papa, «hoy en día está en peligro el hombre, la persona humana. Está en peligro la carne de Cristo. Para nosotros, toda persona, y más si está enferma o si está marginada es la carne de Cristo. El trabajo de Cáritas es darse cuenta de eso».






miércoles, 12 de junio de 2013

Sobre una biografía de Hannah Arendt... [Quizá un buen hombre es difícil de encontrar, pero no un libro…]

“Para mí, lo esencial es comprender”. La vida y obra de Hannah Arendt podría resumirse en estas palabras suyas. Judía de raza, alemana de nacimiento y formación, exiliada, apátrida, rechazada por ser judía y criticada por los judíos, filósofa y periodista


entrevista  de Lucía Martínez a Teresa Gutiérrez/ www.aceprensa.com


En 2013 se cumplen 50 años de la publicación de Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal, libro que recogía sus reportajes para The New Yorker cubriendo el juicio a Adolf Eichmann, el nazi responsable de poner en práctica la “solución final”. Y es precisamente este episodio en el que se centra la película Hannah Arendt, que se estrena el 21 de junio en España (ver Aceprensa, 15-05-2013). 

 
El hilo argumental de la película Hannah Arendt es el caso del juicio a Eichmann en Jerusalén en 1961. Alejandro Llano, en la introducción de su libro, señala que este episodio es el clímax de la biografía de Arendt. ¿Qué piensa usted?

El juicio de Eichmann es un suceso que acrisola la vida de Hannah Arendt. Ella llevaba mucho tiempo pensando y escribiendo sobre la cuestión judía. Había nacido en Alemania, pero era judía de raza, y por ese “hecho incontrovertible”, como ella lo llamaba, había tenido que huir primero de su país, luego de Francia, hasta llegar a Estados Unidos y empezar su vida de cero. 

Además, creo que Arendt es una de las mentes más lúcidas del siglo XX y más preparadas para enfrentarse al juicio de Eichmann. Enfrentarse a entender qué pudo pasar para que en uno de los países más civilizados de la historia, en uno de los momentos de apogeo de su cultura, se cometiera una atrocidad así. Intentar comprender eso es un desafío, pero por su formación cultural, literaria y filosófica, era una de las personas más idóneas para ello. También por su capacidad de divulgar. Poseía una originalidad muy grande a la hora de afrontar las cuestiones intelectuales, porque huía del tópico y eso aportaba mucha frescura a su modo de entender las cosas.


La banalidad del mal


¿Por qué recibió críticas tras la publicación de “Eichmann en Jerusalén”?

Sus crónicas del juicio levantaron ampollas por dos razones. Primero porque se malinterpretó el subtítulo del libro: Un estudio sobre la banalidad del mal. Arendt se percató de que mucha gente durante el nazismo no actuó por una maldad radical sino por superficialidad, que es lo que ella denomina “mal banal”. No en el sentido de que el efecto del mal sea banal –que es lo que muchos interpretaron–, como si fuera un mal de segunda clase; sino en el sentido de que el sujeto que comete ese mal es tan superficial que su intención acaba convirtiéndose en frívola. Y claro, eso es grave, porque si metes presión en un ambiente superficial, es relativamente fácil que la gente se vuelva irreflexiva y actúe más por miedo o por impulsos que por un verdadero sentido de las cosas.  


Se dijo que Arendt estaba intentando exculpar a Eichmann de sus crímenes…

Lo que quiso decir y lo que de hecho dijo es que ese hombre no era un demonio, sino un ser irreflexivo. Pero lo que molestó realmente fue que una judía dijera que había habido judíos que colaboraron –por temor, por presión, por irreflexión, o por los motivos que fueran– con los nazis para reclutar a otros judíos y organizarlos tanto para deportaciones como en los campos de concentración. Y que lo dijera en un momento en el que toda una serie de actuaciones políticas (como echar palestinos de sus tierras) se estaban justificando por el crimen del Holocausto. Arendt no calló en ningún momento que le parecía tan mal que se hubieran matado judíos por motivo de raza, como que se estuvieran matando árabes por ser árabes.

Arendt se dio cuenta de que mucha gente durante el nazismo no actuó por una maldad radical sino por superficialidad. 


Honradez intelectual

A raíz del libro sobre el juicio a Eichmann, las instituciones judías y también algunos de sus más íntimos rompieron con ella. ¿Cómo lo llevó Arendt?

Ser rechazada por su pueblo le causó mucho sufrimiento. En el juicio de Eichmann se dio una tensión entre su identidad judía y su honradez intelectual. Ella tenía un afán de comprender y de comunicar. Podía haber escrito reportajes no comprometidos, una crónica de los hechos aséptica. Pero ahí se muestra su lealtad a la verdad: no era capaz de decir verdades a medias porque se daba cuenta de la trascendencia que tenía aquel caso.



Esa honradez intelectual se ve en toda su obra. No era políticamente correcta y siempre mantuvo una lucha contra el pensamiento único. En “Los orígenes del totalitarismo”, por ejemplo, critica tanto el nacionalsocialismo como el estalinismo…

Y luego, siendo ya una intelectual muy reconocida en Estados Unidos, cuando se estaba jugando la repercusión de su obra, también criticó la caza de brujas del senador McCarthy. Ahí se ve que era una filósofa –aunque a ella nunca le gustó que la clasificaran así– en el sentido más profundo del término: amante de la sabiduría. Quienes aman la sabiduría antes o después se encuentran con que defender la verdad puede resultar incómodo, pero la aman tanto que arriesgan su propia vida.


En este sentido usted en su libro dice que Hannah Arendt es una “Antígona hebrea”…

Sí. Ambas mujeres comparten el amor y el convencimiento por una verdad hasta ser capaces de dar la vida por ella. Y la vida se puede dar de muchas maneras. Existe el martirio de quien es asesinado, pero también hay un martirio intelectual. Para Hannah Arendt, que tenía que empezar su vida de cero en otro país, la fama y la carrera profesional significaban su estabilidad económica, su seguridad, su tranquilidad, el reconocimiento merecido… Pero todo eso para ella era irrelevante en comparación con la verdad. Es el caso totalmente opuesto a Eichmann, que era un hombre en el que lo que primaba era la carrera profesional, el reconocimiento de quienes le rodeaban, aunque para eso tuviera que sacrificar millones de vidas. 

¿Por qué decidió Arendt involucrarse en el caso del juicio de Eichmann?

Ella se ofreció a la revista The New Yorker para cubrir el juicio porque era consciente de que se trataba de algo muy relevante. El juicio de Eichmann fue un acontecimiento mediático, pero tras el fulgor inicial algunos periodistas se quedaron en lo puramente anecdótico, y muchos se volvieron pronto a su país e informaban a través de fuentes secundarias. Hannah no. Se tomó en serio la tarea de informar y se empapó a fondo: habló con fuentes cercanas, investigó, escuchó de primera mano lo que decía el acusado, cómo se comportaban los jueces, el fiscal… Pasó varios meses en Israel y otros tantos en Estados Unidos recabando y ordenando toda su documentación. 


Filósofa y periodista



Está preparando un nuevo libro sobre la vertiente periodística de Hannah Arendt. Filósofa y periodista, ¿están relacionadas de algún modo estas dos vocaciones? 

Como dije antes, a ella no le gustaba que la clasificaran como filósofa, porque asociaba la filosofía a una carrera académica enlatada entre los muros de una universidad, y ella lo que continuamente reflejaba era que necesitaba comprender. Pienso que esa raíz de necesitar comprender es la vocación verdadera de un filósofo. No solamente especular sobre teorías, sino que esas teorías empapen la vida que estás viviendo y el sentido que puedas dar con tu investigación a tu propia vida y a la de los demás. Pero también es la raíz verdadera del periodismo: no solo hablar de lo que pasa sino intentar comprenderlo en profundidad y ser consciente de que el hecho de narrarlo también afecta a lo que va a pasar, porque nuestra manera de comprender la realidad condiciona cómo actuamos en el futuro. En el fondo es la misma raíz. 


Hannah Arendt defendía la emancipación de la mujer; criticaba que la mujer, realizando el mismo trabajo que un hombre, no fuera valorada de la misma manera. Con todo eso, algunos intentaron clasificarla como feminista…

Ella rechazó siempre considerarse feminista. Huía de las ideologías. Ya había sufrido suficientemente las consecuencias de una ideología como para alistarse en ninguna. Lo que ella quería era vivir ideas y pensar sobre la vida, no defender radicalmente una serie de teorías. Sencillamente ella vivía las ideas por la vía de los hechos. 


La actitud que cambia el mundo

Hannah Arendt lo que más quería era comprender la realidad. ¿Por eso la biografía que usted escribió se titula “El hechizo de la comprensión”?

Exacto. Ella explica siempre que lo que necesita es comprender. Me parece que esa necesidad tiene algo de hechizo en el sentido de que tiene algo de irresistible, algo que te embriaga, algo parecido a lo que es el amor, y ella tenía un gran amor a la verdad. 


En el cartel de la película sobre su vida aparece la frase: “Sus ideas cambiaron el mundo”. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

Aunque Arendt tiene un pensamiento muy novedoso y original, no creo que fuera una revolución. Considero que es más cuestión de una actitud. Hay actitudes como la de Hannah Arendt que son las que hacen falta para cambiar el mundo. Es una actitud que demuestra que solo una filosofía que está encarnada en la vida tiene sentido, que las ideas –por muy buenas que sean– no cambian la historia, sino que la cambian las personas, quienes son capaces de encarnar grandes ideas, y creo que Hannah fue de ese tipo de personas. Es llamativo que alguien como ella, que ha visto a sus amigos morir, suicidarse o ir a campos de concentración, que ha sobrevivido al Holocausto, que ha sido rechazada por ser judía, a pesar de todo no se rindiera, que fuera capaz de desarrollar un pensamiento antropológico positivo y constructivo. Me parece que esa es la actitud que cambia el mundo y eso también es lo que hace que un genio brille. 


Para Arendt, la acción por antonomasia era la acción política. ¿Su teoría política ha tenido un impacto real en la sociedad?

La acción política para Arendt es consecuencia de haber comprendido. Ella no era una activista. Su influencia la ha conseguido al contagiar una actitud vital a muchas personas. Es un efecto más bien de largo alcance: aunque hay grupos de investigación y de acción política bajo el paraguas de su nombre, pienso que es más un contagio de la “actitud Arendt” y eso es lo que a medio –o largo– plazo en la historia perdura. El espíritu de una persona que es capaz de encarnar la vida de una manera que contagia. 


La trama de la esperanza


¿Cómo consigue Arendt no perder la esperanza en el ser humano después de todo lo que tiene que vivir?

Para entender a Arendt es fundamental reconocer la conexión entre su vida y su obra, porque su obra se sustenta en la confianza en el ser humano, la confianza en que, como ella decía, el perdón es capaz de restaurar el pasado y la promesa es capaz de hacernos mirar con esperanza al futuro. En su vida hay dos aspectos que hacen de trama de esa esperanza: el amor y Dios. La herida abierta producida por el rechazo de quien fue su amante, Heidegger, se curó con su segundo marido, Heinrich Blücher, con quien no solo tenía una relación sentimental sino también una profunda amistad intelectual. 

La amargura de su relación profesor-estudiante con Heidegger se sanó con la relación preciosa maestro-alumna que sostuvo con Karl Jaspers. La brecha que supuso para ella tener que emigrar a un país lejano se suavizó con la amistad intelectual que comenzó allí, primero con muchos exiliados y después también con los autóctonos. De hecho, en su apartamento de Nueva York solía reunirse lo que denominaban “la tribu”: un conjunto de poetas, pintores, escritores, filósofos, artistas e intelectuales, de distintas escuelas, países y tendencias. 


Ha dicho que también la sostuvo Dios… Pero ella nunca practicó la religión judía.

Mucha gente cuestiona esto, pero me parece que ayuda a entender su obra y que además esa afirmación se justifica al leer su correspondencia, sus diarios, o los diarios de sus amigos. Por ejemplo, un amigo de la universidad, Hans Jonas, cuenta que en una conversación con Hannah, ella le confesó que nunca había dudado de la existencia de un Dios
personal. A lo mejor su fe no penetraba su vida con una riqueza espiritual, pero es verdad que en el ser judía de Arendt hay impresa una finalidad de la historia: que el mundo es creado y no arrojado a la nada; que el mundo avanza hacia una dirección y que alguien lo está sosteniendo; que los sucesos históricos, por duros que sean, pueden alcanzar un sentido. Es como el huérfano que sabe que ha tenido padre y su vida viene de un origen. Hannah tiene sentido de la trascendencia, de que el mundo y el hombre han salido de las manos de Dios. Eso también se ve cuando muere su marido y pide que se rece la oración judía por los difuntos. 



Respuestas a sus preguntas interiores


Algunas de sus obras parece que están relacionadas con hechos de su vida: del desengaño amoroso tras su relación con Heidegger, surge su tesis sobre el amor en san Agustín; el asunto de la cuestión judía aparece en diferentes publicaciones: en su libro sobre Rahel Varnhagen –una mujer judía en la que se vio muy reflejada– y de una manera muy intensa en “Eichmann en Jerusalén”. ¿Hasta qué punto es real la conexión entre su vida y su obra?

Con las obras que escribe busca respuestas a sus preguntas interiores. Y sus amistades fueron la trama que sostuvo no solo su esperanza y su optimismo sino también su pensamiento. Este no se entiende bien si no se lee su correspondencia en cuatro ejes: el amor afectivo, sentimental e intelectual con su marido; la relación maestro-alumna que desemboca en una amistad intelectual con Jaspers; las cartas con la escritora norteamericana Mary McCarthy, donde aparece su relación con Estados Unidos y con otros intelectuales americanos; y el cuarto eje, semiescondido, la correspondencia con Heidegger, un gran amor que sostuvo en sordina.

Sin leer esas cuatro correspondencias es imposible entender su vida y su obra. Son significativos los títulos que se les ha puesto al publicarlas: por ejemplo, las cartas con Mary McCarthy, que era la única mujer entre sus grandes amistades intelectuales, se llama "Entre amigas". La correspondencia con su marido en su traducción al inglés lleva por título Within Four Walls (Entre cuatro paredes), en referencia a cómo se despide Hannah en una de sus cartas: “Tú eres mis cuatro paredes”. Arendt también solía decir que Blücher era su “hogar portátil”.


¿Resulta actual Hannah Arendt?

Fue muy lúcida al hacer una crítica de grandes interrogantes que la modernidad no solo no ha resuelto sino que los ha agravado. En ese sentido, en la medida en que cada vez somos más superficiales para juzgar las consecuencias que tiene una filosofía desnortada, Arendt es muy actual. No solo detectó callejones sin salida, sino que intentó buscar las salidas. Y aún quedan muchos callejones así.



Bibliografía

Para conocer su pensamiento

— Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Lumen, Barcelona (1967, 1999, 2003); Debolsillo, Barcelona (2006).

— Los orígenes del totalitarismo. Taurus, Madrid (1974, 1988); Alianza, Madrid (1981, 1987, 2006); Planeta-Agostini, Barcelona (1994).

— Hombres en tiempos de oscuridad. Gedisa, Barcelona (1989).

— La condición humana. Paidós, Barcelona (1993).

— Sobre la revolución. Alianza, Madrid (1998, 2004).


Para conocer su vida

— Elisabeth Young-Bruehl, Hannah Arendt. Una biografía.Paidós, Barcelona (2006); ver Aceprensa, 25-10-2006.

— Teresa Gutiérrez de Cabiedes, El hechizo de la comprensión. Vida y obra de Hannah Arendt. Encuentro. Madrid (2009); ver Aceprensa, 21-04-2010.


Fuentes de información sobre Arendt en Internet