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martes, 10 de diciembre de 2013

Un premio Nobel de Física asegura que cree más en Dios gracias a la ciencia, que pese a ella


El pasado día 5 de noviembre fue el 64 cumpleaños de William Daniel Phillips, físico estadounidense y ganador del Premio Nobel de Física en 1997 por el desarrollo de métodos para enfriar y capturar átomos por láser.

noticia de Sara Martin / www.religioenlibertad.com


Durante mucho tiempo ha sido miembro del National Institute of Standards and Technology (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología), es profesor en la Universidad de Maryland y también uno de los fundadores de la International Society for Science & Religion (Sociedad Internacional para la Ciencia y la Religión).

Unión entre ciencia y fe
Hace años, escribió su testimonio explicando su pensamiento sobre la existencia de Dios y sobre la unión entre la ciencia y la fe, que puede consultarse AQUÍ

«La Ciencia y la Religión no son enemigos irreconciliables»
«Muchos creen que la Ciencia, ofreciendo explicaciones, se opone a la comprensión de que el universo es una creación amorosa de Dios», comienza en su exposición el científico, «creen que la Ciencia y la Religión son enemigos irreconciliables, pero no es así».

William Phillips responde a esta pregunta a través de su experiencia: «Yo soy físico. Hago investigación tradicional, publico en revistas, presento mis investigaciones en reuniones profesionales, enseño a estudiantes e investigadores post-doctorales, intento aprender cómo funciona la naturaleza. En otras palabras, soy un científico ordinario».

Reza con regularidad...
Pero, continua, «también soy una persona de fe religiosa. Asisto a la iglesia, canto gospel en el coro, todos los domingos voy al catecismo, rezo con regularidad, trato de "hacer justicia, amar la misericordia, y caminar humildemente con mi Dios". En otras palabras, soy una persona común de fe».

...y no es una contradicción con ser científico
Para mucha gente, esto puede parecer una contradicción: «¡Un científico serio que cree seriamente en Dios! Pero, para muchas personas más, soy una persona como ellos. Aunque la mayor parte de la atención de los medios de comunicación va enfocada a los ateos "estridentes" que dicen que la religión es una superstición tonta, o los creacionistas fundamentalistas que niegan la evidencia clara de la evolución cósmica y biológica, la mayoría de la gente que conozco no tiene ninguna dificultad en aceptar el conocimiento científico y mantener la fe religiosa», asegura.

¿Cómo puedo creer en Dios?
Continúa el Premio Nobel: «Como físico experimental, necesito pruebas, experimentos reproducibles y una lógica rigurosa para apoyar cualquier hipótesis científica. ¿Cómo puede una persona así basarse en la fe?», reta.

Él mismo se plantea dos preguntas que tiene que responder: ¿Cómo puedo creer en Dios? y ¿Por qué creo en Dios? ¿Cómo puedo creer en Dios?

«Un científico puede creer en Dios porque esta convicción no es una cuestión científica. Una afirmación científica debe ser "falsificable", es decir, debe haber algunos resultados que, al menos en principio, podrían demostrar que la afirmación es falsa [....]. Por el contrario, las afirmaciones religiosas no tienen que ser necesariamente "falsificables"», argumenta William Phillips. 

«No es necesario que todo enunciado sea un enunciado científico; ni tampoco por ello los enunciados que simplemente no son científicos pasan a ser afirmaciones inútiles o irracionales. La ciencia no es la única manera útil de ver la vida», razona el premio Nobel.

¿Por qué creo en Dios?
«Como físico, observo la naturaleza desde un punto de vista particular. Veo un universo ordenado, hermoso, en el que casi todos los fenómenos físicos pueden ser entendidos con unas pocas y simples ecuaciones matemáticas. Veo a un universo que, de haber sido construido de una manera ligeramente diferente, nunca habría dado a luz a las estrellas y los planetas. Y no hay ninguna razón científica por la cual el universo no podría haber sido diferente. Muchos buenos científicos han concluido con estas observaciones que un Dios inteligente ha decidido crear el universo con esta propiedad hermosa, sencilla y vivificante. Muchos otros grandes científicos, sin embargo, son ateos. Ambas conclusiones son posiciones de fe», responde.

Un ateo que cambia de opinión
Recientemente, el filósofo y por largo tiempo ateo Anthony Flew, cambió de opinión y decidió que, sobre la base de estos elementos y pruebas, era necesario creer en Dios: «Creo que estos argumentos son sugerentes y ayudan a sostenener la fe en Dios», comenta William Phillips, «pero no son concluyentes. Yo creo en Dios porque siento la presencia de Dios en mi vida, porque puedo ver la evidencia de la bondad de Dios en el mundo, porque creo en el amor y porque creo que Dios es amor».

¿Dudas sobre Dios?
¿Esto le hace una mejor persona o un físico mejor que otros? «Difícilmente. Conozco un montón de ateos que son mejores personas y mejores científicos que yo. ¿Esto libra de dudas sobre la existencia de Dios? Difícilmente también. Las preguntas sobre el mal en el mundo, el sufrimiento de niños inocentes, la variedad del pensamiento religioso y otros imponderables suelen dejar a menudo en el aire la cuestión de si estoy en lo cierto, y me hacen constatar siempre mi ignorancia. A pesar de todo esto, creo más gracias a la Ciencia que a pesar de ella», concluye el premio Nobel.

«Como está escrito en la Epístola a los Hebreos, "la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven"».










miércoles, 16 de enero de 2013

Se sabía que las células madre embrionarias iban a ser indomables y que no iban a servir para curar



Se hace entrega del Premio Nobel de Medicina al científico japonés Shinya Yamanaka (Osaka, 1962) por sus investigaciones pioneras con células madre adultas, junto con John B. Gurdon. Reciben en Nobel "por el descubrimiento de que las células maduras se pueden reprogramar para convertirse en pluripotentes"; es decir, que la especialización de las células es reversible, abriendo así un campo de aplicaciones terapéuticas importante.

Natalia López Moratalla, Catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra, explica en esta entrevista la importancia de este premio y cómo, frente a una parte de la comunidad científica que apostaba por las células madre embrionarias, las investigaciones de Yamanaka se han realizado exclusivamente con células madre de adulto.

10 de diciembre de 2012

¿Por qué es tan importante este Nobel?
Este Nobel supone una gran aportación a la ciencia y un giro en un área que había empezado mal: por una parte, estaba muy centrada en cuestiones ideológicas respecto a la vida humana y, por otra se planteaba como una solución-necesidad de utilizar los embriones sobrantes de fecundación in vitro para curar graves enfermedades.

“Yamanaka expresa en algunos de sus artículos que esto es un tema científico en el que hay que dejar fuera la ideología y la política”.

Como este tema tenía detrás mucha ideología y una gran inversión económica, desde el principio se intenta plantear, de cara a la opinión pública, como: “la Iglesia católica no quiere que la gente se cure, con tal de que no se utilicen embriones”, para que las discusiones se queden en el terreno religioso y no en el terreno científico. Y esto, a pesar de que desde el principio se sabía que las células madre embrionarias iban a ser indomables y que no iban a servir para curar.

¿Y cómo ha conseguido Yamanaka sacar adelante su proyecto, por encima de estas “presiones”?
En mi opinión, la clave del éxito ha sido no enfrentarse en discusiones con los que investigan con células embrionarias. Él marca un hito que es: racionalidad, conocimientos previos y, como punto de partida, nunca utilizar un embrión ni tampoco óvulos humanos para clonar. Entre otras cosas, alguna vez ha declarado que la primera vez que vio a un embrión vio a sus hijas. Pero no se enreda en discusiones. Hay dos caminos para obtener células pluripotenciales: destruyendo embriones de pocos días, o programando células maduras hacia atrás; Yamanaka prevé que este último es el camino correcto a seguir.

Este descubrimiento ha hecho que se reescriban libros y se abran nuevos campos a la investigación, ¿se podría decir que puede suponer un giro copernicano en la historia de la medicina regenerativa, o es demasiado presuntuoso?
El campo de investigación que ha abierto es para muchísimos años, para muchísimos laboratorios. Ha llegado ya el sueño dorado de tener modelos celulares de enfermedades humanas para estudiarlas, probar fármacos, estudiar tóxicos, etc. Además, vuelve a verse al alcance de la mano, en pocos años, una posible vía de curación de enfermedades degenerativas o de destrucción de tejidos. Ahora, en 2012, ha conseguido -con los gametos, obtenidos por reprogramación hacia atrás y madurados in Vitro- el primer modelo para estudio de la infertilidad y plantear estrategias para su posible curación.

Todavía queda mucho trabajo por hacer y en unos casos será más difícil que en otros, pero es posible. No sé si se puede hablar de giro copernicano, pero sí que es un referente para los científicos.

Fe y razón, una pareja bien avenida

Cuando se empezó a investigar con células madre embrionarias parecía que todos los detractores de este tipo de proyectos pertenecían a sectores religiosos. Sin embargo Shinya Yamanaka, no ha manifestado, al menos públicamente, que prefiriera investigar con células madre adultas por motivos religiosos, ¿Por qué piensa que lo hizo así?
Porque es lo racional. Insisto en que se sabía que no era posible una vía terapéutica con las células de los embriones. Si éstas llegasen alguna vez a madurar adecuadamente para curar, serían rechazadas, porque no son del mismo paciente. Cuando esto se hizo patente, se apareció la llamada clonación terapéutica: hacer un embrión clon de cada paciente. La clonación con mamíferos  parte del gran boom de la oveja Dolly, que fue un fracaso porque estaba enferma, era estéril, había nacido envejecida, etc. Después de miles de intentos, todavía no se ha logrado clonar un primate y también fallan todos los intentos con humanos.

Yamanaka parte para sus investigaciones de los conocimientos sobre la clonación de anfibios aportados por Gurdon y que estuvieron en la base de la clonación de la oveja Dolly. Pero él no lo hace para llevarlos a la clonación humana, sino para conocer en qué medida el desarrollo embrionario puede ser reversible y se puede transitar en los dos sentidos.

¿Puede ser la confirmación –no la definitiva, pero una vez más- de que la fe no se opone a la ciencia y que muchas veces nos puede ayudar el verdadero camino del progreso?
Efectivamente ha demostrado, una vez más, que cuando se trabaja con rigor científico –con la ética propia de la investigación que busca conocer cómo son las cosas y cómo funcionan- termina bien. La verdad siempre sale a flote. Pienso que es un caso muy especial y ejemplar, tanto por el hecho de negarse a que el punto de partida para sus trabajos fuese destruir embriones y a manipular mujeres para conseguir óvulos humanos; como por que ha pensado en las consecuencias que otros podrían derivar de sus experimentos, y ha puesto todos los medios a su alcance para que no ocurriera.

Desde que empezó su trabajo ha sido literalmente asediado por los que deseaban mantener la utilidad de las células embrionarias, como controles imprescindibles para las iPS (células madre pluripotentes inducidas). Yamanaka expresa en algunos de sus artículos que esto es un tema científico en el que hay que dejar fuera la ideología y la política. Y resuelve también ese punto sin ceder en el uso de embriones. La racionalidad científica es una fuente de conocimiento. No sé si él tiene o no, principios
religiosos, lo que ha demostrado tener es rectitud, y no en nombre de la religión, sino en el de la ética de la investigación científica.

Y es que realmente la ciencia puede alcanzar certezas y aportar el sentido biológico, natural de una realidad o un proceso. La racionalidad ética aporta el sentido humano de los procesos vitales del hombre. La fe da la razón última, el sentido pleno de la vida y la dignidad humana. Ese camino es de una belleza excepcional cuando se recorre con la plena libertad de quién busca la verdad.

Después de todas las aberraciones cometidas en el S.XX, ¿son las investigaciones de Yamanaka un buen argumento para hablar a la comunidad científica de que no todo es lícito?
Desde luego. Cuando se lanzó la bomba atómica,  Bohr (uno de los pioneros de la energía nuclear) confesó en que si él hubiera pensado en algún momento en las consecuencias de sus investigaciones, si hubiera sido más prudente al hablar en sus clases, seguramente no hubieran participado tantos de sus discípulos en la fabricación de la bomba.  No se puede decir “yo investigo teóricamente y allá con los biotecnólogos que los usen.” No hay una línea de separación.

En un momento como el actual, en el que el desprecio al embrión, a la vida naciente y a la transmisión de la vida humana es tan fuerte, éste es un testimonio que puede hacer recapacitar profundamente.

“Desde el principio se sabía que las células madre embrionarias iban a ser indomables y que no iban a servir para curar.”

Nunca se ha dado en la historia, una falsificación de datos respecto al carácter del embrión humano, como en la segunda mitad del siglo XX. Se han usado datos puramente especulativos, mantenidos como dogmas de la ciencia a pesar de que se había comprobado que eran falsos; para atacar la fe y la moral sexual de la Iglesia ya desde los años, desde que Pablo VI desaprobó la anticoncepción farmacológica.

Toda una reata de falsos supuestos ha creado la idea general de que el embrión humano no tiene el carácter propio de los hombres. Nunca una ideología tan falsa ha sido orquestada de esta forma universal. En ella se han basado modos de vida, conceptos de familia, etc., que amparados por las leyes, quieren presentar a la fe y la Iglesia como enemigas del progreso. Creo que esta situación da un valor único a los planteamientos de este gran Premio Nobel.





viernes, 10 de agosto de 2012

No todo es dinero


Es engañosa la idea de que a más inversión, mejor enseñanza, pero también es desacertado considerar la educación como mera pieza auxiliar de la política económica.

 por CristinaLosada, 16-04-2012


El enésimo intento de reforma de nuestro sistema educativo se pone en marcha en circunstancias que abonan una visión economicista tanto de las necesidades como del papel de la enseñanza. Se dice así  que los recortes que han de hacerse por imperativo de la crisis ponen en peligro la calidad de la educación. Es la crítica fácil y populista del PSOE y los sindicatos, fundada en la muy extendida idea de que a más inversión, mejor enseñanza. Que el argumento es simplista, luego engañoso, lo demuestran los resultados. Han sido malos y han llegado a pésimos hasta en los más cercanos tiempos de bonanza, cuando un presidente prometía un ordenador por alumno como gran avance. Se puede invertir más dinero en educación sin que su calidad mejore. Quienes ahora culpan preventivamente a los ajustes de una merma de la calidad no dieron señal alguna de inquietud ante los síntomas de degradación preexistentes. Carecen de autoridad moral.

El marasmo económico ha alentado otra noción convencional que considera la enseñanza  como una suerte de industria auxiliar destinada a incrementar el crecimiento de un país. Ahí, la eficacia de la educación se mide en términos de PIB y su justificación reside en cuánto aportan sus productos, esto es, los titulados, a la prosperidad de la nación. Pero también esta idea de que existe una relación directa entre la educación y el crecimiento peca de simplismo. De ser cierta, resultaría inexplicable que países que contaban con tasas de alfabetización bajas crecieran más que otros con tasas altas, como ocurrió en Asia. O que Suiza haya podido mantener un nivel de riqueza y productividad envidiables con un índice de universitarios que fue, durante largos años, muy inferior al de otros países desarrollados.

En el extremo, esa posición economicista llevaría a suprimir, por inútiles para el objetivo del crecimiento, materias como literatura, historia, filosofía y, por qué no, la tanda de humanidades entera. Claro que los individuos aspiran legítimamente a disponer, gracias a sus estudios, de una vida más próspera. Pero no se podrá reducir la educación a mera pieza de la política económica sin menoscabar su papel de transmisora de una herencia cultural y una urdimbre civilizatoria. Hay razones no vinculadas a la productividad para que se aprenda, al menos, tanto latín como gimnasia. Aunque en nuestro caso, me temo, estamos todavía en la fase previa: conseguir que se aprenda algo.





lunes, 9 de julio de 2012

El bosón de Higgs no es “la partícula de Dios”

CARLOS A. MARMELADA

“Aceprensa"



Pocas veces los medios de comunicación se vuelcan de forma intensa y masiva en el análisis y difusión de una noticia relacionada con un descubrimiento hecho en el campo de la física cuántica. Sin embargo, la cosa cambió el miércoles 4 de julio, cuando los portavoces de los experimentos CMS y ATLAS (llevados a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones o LHC del CERN en Ginebra) anunciaron en Melbourne (Australia), durante la inauguración de la Conferencia Internacional de Física de Altas Energías, que probablemente habían descubierto el bosón de Higgs.

Desde que en los siglos VI y V a.C. los filósofos presocráticos se preguntaran por el origen del universo y por la composición de la materia, la mente humana no ha dejado de intentar responder racionalmente a estas cuestiones. El primer tercio del siglo XX vio nacer un nuevo paradigma cosmológico, la teoría del Big Bang, que, gracias a sus múltiples revisiones, continúa siendo el modelo explicativo que responde a la primera de las dos cuestiones. Quedaba la segunda.

Para estudiar la estructura de la materia se construyeron los grandes aceleradores de partículas. La proliferación de éstas en cada colisión desbordó las previsiones de los científicos. Para poner orden en este maremágnum, a principios de los setenta se propuso el modelo estándar, con el que se pretendía explicar cuáles eran los componentes de la materia y las fuerzas con las que interactúan (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil y gravitatoria). Todas las partículas propuestas por el modelo fueron descubiertas a lo largo de las siguientes décadas; la última de ellas ha sido el renuente bosón de Higgs.
 
Esta partícula, postulada por Peter Higgs en 1964, es de capital importancia, puesto que es, según el modelo, la que confiere masa a las otras partículas en el seno del campo de Higgs (un océano de energía cuántica que ocuparía todo el universo), posibilitando con ello la existencia de cuerpos. De ahí que en 1993 el premio Nobel Leon Lederman la llamara “la partícula de Dios” en un libro titulado justamente así (The God Particle). Pero no hay que tomar la metáfora al pie de la letra: la partícula que es condición para que haya un universo con cuerpos, en vez de un puro plasma de radiación, no “crea de la nada”.
 
Los bosones de Higgs confieren masa a una partícula en función de la capacidad de interacción de la partícula con el campo de Higgs. Un fotón no interactúa con el campo de Higgs, por lo que carece de masa. Un electrón sí interactúa, por lo que adquiere masa; también el quark top, y con una intensidad 350.000 veces mayor, por lo que tiene una masa 350.000 veces mayor que el electrón. Así, la masa de una partícula sería en realidad la intensidad con la que actúa con el campo de Higgs.

En palabras de Brian Greene, doctor en física por la Universidad de Oxford y profesor de física y matemáticas en la de Columbia, quedaría pendiente de resolver una cuestión: “No hay ninguna explicación fundamental para la manera exacta en que cada una de las partículas conocidas interacciona con el campo de Higgs. En consecuencia, no hay ninguna explicación fundamental de por qué las partículas conocidas tienen las masas concretas que se han mostrado experimentalmente” (B. Greene, El tejido del cosmos; Crítica, Madrid, 2006, p. 338).

Aunque este hallazgo respalda el modelo estándar, todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, está pendiente el hallazgo del gravitón (la partícula encargada de transportar la gravedad y sobre la que cunde el escepticismo) o la unificación de las cuatro fuerzas fundamentales, algo no conseguido hasta la fecha por teoría alguna. De todos modos, el descubrimiento del bosón de Higgs supone un avance científico de tal magnitud que sus consecuencias son todavía difíciles de prever. Nos ha de llevar a nuevos horizontes en el ámbito del conocimiento de la realidad física, en donde la materia explicada por el modelo estándar es solo un 4% de todo lo que hay en el universo. Otro 23% lo representa la materia oscura (tal vez, el hallazgo del bosón de Higgs nos ponga en el camino de su conocimiento) y el 73% restante la energía oscura, esa misteriosa fuerza que hace que el Universo se esté expandiendo de forma acelerada. 






domingo, 25 de marzo de 2012

Manifiesto 25 de marzo

 Por una investigación biomédica eficiente, respetuosa con el ser humano y adecuada a la legislación europea 

El Manifiesto 25 de marzo tiene como fin concienciar a la opinión pública de la necesidad de respetar la dignidad del embrión humano y de impulsar en España cambios legislativos que se adecúen a la reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que excluye la posibilidad de registrar en toda Europa patente alguna que sea fruto de investigaciones que hayan implicado la manipulación y destrucción de embriones humanos, así como la utilización de éstos con fines comerciales e industriales. 

Inicialmente, el Manifiesto ha sido suscrito por numerosos expertos (profesores de Universidad, investigadores, académicos e intelectuales relacionados con la Bioética, las Ciencias de la Salud y el Derecho) así como por varias asociaciones y entidades. 

Ahora estamos recabando adhesiones de ciudadanos de cualquier condición y profesión que estén de acuerdo con el Manifiesto. 

Manifiesto 25 de marzo 

 Madrid, a 25 de marzo de 2012 

 Los abajo firmantes, profesores de Universidad, investigadores, académicos e intelectuales de diferentes profesiones relacionadas con la investigación, las ciencias de la salud y el Derecho, solicitamos al Gobierno de España la revisión de las leyes 14/2006 de Reproducción Humana Asistida y 14/2007 de Investigación Biomédica, por contener ambas en su articulado elementos opuestos al ordenamiento jurídico europeo y resultar contradictorios con el espíritu de respeto a la dignidad humana que emana de dicho ordenamiento y es la base sobre la que se asienta la defensa de los Derechos Humanos. 

En concreto, los puntos en conflicto son los siguientes: 

1. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea con sede en Luxemburgo dictó una sentencia el 18 de octubre de 2011 (en el caso Brüstle v. Greenpeace, asunto C-34/10) para resolver una cuestión planteada por el Tribunal Supremo alemán sobre la posibilidad o no de patentabilidad de un procedimiento de células progenitoras neuronales obtenidas a partir de células troncales embrionarias. La citada sentencia excluye, sin lugar a dudas, la posibilidad de registrar en toda Europa patente alguna que sea fruto de investigaciones que hayan implicado la manipulación y destrucción de embriones humanos, así como la utilización de éstos con fines comerciales e industriales. 

Dicha prohibición la fundamenta el alto tribunal en el respeto debido a la dignidad humana, presente ya desde los primeros estadios de desarrollo del individuo. La legislación europea sobre patentes, como recuerda igualmente la sentencia, prohíbe que el cuerpo humano, en las diferentes etapas de su constitución y desarrollo, pueda ser patentado. A todos los efectos, el Tribunal europeo define «embrión humano» como “todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación, todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura y todo óvulo humano no fecundado estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis”. No hay lugar a dudas, pues, de hasta dónde llega la protección jurídica del embrión humano, y la imposibilidad de patentar descubrimientos que requieran su manipulación y destrucción, fundamentada en el respeto inherente a su dignidad como individuo perteneciente a la especie humana. 

Esta prohibición se extiende no sólo a los fines de comercialización sino también de investigación, tal como señala la citada sentencia. Dado que dicho principio condena la patentabilidad de los posibles descubrimientos que se pudieran llevar a cabo a partir de la experimentación con embriones, carece de sentido que nuestras leyes sigan permitiendo su uso para investigación ni que se continúen malgastando recursos económicos para ello. 

2. El Convenio Europeo sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina (Convenio de Oviedo), al que nuestro país se adhirió el 1 de septiembre de 1999 (siendo por tanto, vinculante para España) y que entró en vigor en enero de 2000, establece en su artículo 1 que los países firmantes del mismo “… protegerán al ser humano en su dignidad y su identidad y garantizarán a toda persona, sin discriminación alguna, el respeto a su integridad y a sus demás derechos y libertades fundamentales con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina.” 

Las leyes españolas 14/2006 y 14/2007 no garantizan dicha protección, al permitir actuaciones sobre el embrión de menos de 14 días, tales como la selección genética de embriones, previa a su implantación, con fines eugenésicos, la destrucción pasado cierto tiempo de los embriones sobrantes de ciclos de FIV o la posibilidad de su utilización para fines de investigación, o incluso la clonación con fines terapéuticos mediante la técnica de transferencia nuclear. Cabe recordar que esta última posibilidad quedó expresamente prohibida en la cláusula añadida al mencionado Convenio de Oviedo, firmada por España en 2001. 

Dichas actuaciones se realizan amparadas en la arbitraria utilización del término acientífico “pre-embrión", con el que se oculta la existencia del embrión a fin de permitir que se vulnere su dignidad mediante estas y otras prácticas. De hecho, la propia Ley 14/2007, en su artículo 3, define el término pre-embrión como un embrión (desde que es fecundado hasta 14 días más tarde), ya que no es asimilable a ningún otro concepto. 


Por todo ello, los firmantes de este Manifiesto recordamos al Gobierno de España que los proyectos de investigación que conlleven la utilización o destrucción de embriones humanos no pueden ser patentados en Europa. Por tanto, no deben ser permitidos legalmente en nuestro país y mucho menos ser financiados con fondos públicos o privados. 

En consecuencia solicitamos

1. Que nuestra legislación, y en particular, las citadas leyes 14/2006 de Reproducción Humana Asistida y 14/2007 de Investigación Biomédica, sean reformadas para que incluyan estos principios y se adecuen con la legislación europea. 

2. Que se dediquen los suficientes recursos económicos a proyectos que utilicen células troncales adultas y células IP’s, que están cosechando éxitos notables y numerosos, mientras que la investigación con células troncales embrionarias, tras más de 10 años de trabajos, no ha obtenido resultado terapéutico alguno. 

Puedes adherirte al Manifiesto 25 de marzo cumplimentando en la siguiente dirección.





martes, 7 de febrero de 2012

Los anti-excelentes

 Dice el nuevo ministro de Cultura que el problema de España empezó el día que nos burlamos del empollón de clase. 


Un filósofo, un sociólogo y un escritor retoman la idea. 


 Artículo de Luis Alemany / www.elmundo.es
martes 7 de febrero de 2012


Si el lector es español, seguro que recuerda esta escena: los años del bachillerato, una clase de inglés, un alumno que se esfuerza por pronunciar bien. Sus compañeros le toman el pelo por ello. El alumno bienintencionado no volverá a abrir la boca.


Después, tanto él como sus colegas se pasarán media vida adulta tratando de adecentar el inglés que no aprendieron en el instituto. A ese tipo de historias, seguramente, se refería el pasado domingo el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, en la entrevista que concedió al diario El Mundo. 'La cultura anti empollón genera mediocridad', dijo el ministro. Y aunque sus palabras se dirigían hacia el terreno de la Educación, hay quien piensa que, en realidad, existe un afán de antiexcelencia en toda la cultura española. Un sociólogo, un novelista y profesor universitario y un filósofo responden.


La buena vida


César García, profesor universitario en el estado de Washington es el autor del ensayo 'American psique', que, entre otras cosas, habla de la falta de una cultura de la meritocracia en España.


De modo que el asunto le toca: 'En España suele establecerse una oposición entre lo que significa vivir la buena vida y ser excelente en lo que uno hace, como si fueran cosas incompatibles. Muchos españoles justifican la ausencia de éxito académico o profesional en sus vidas como una elección personal en la que la inteligencia verdadera está del lado del que, como ellos, ha optado por no sacrificarse demasiado'.


'Donde más aprecio esta actitud', continúa García en un correo electrónico, 'es en la ausencia de reconocimiento al trabajo bien hecho que se da tanto en las instituciones educativas como en todo tipo de organizaciones. En la escuela de mi hijo, pública, se realiza una entrega de premios todos los meses a los mejores alumnos. El concepto de excelencia también es abierto, puede ser que el alumno reciba el premio por haber sido un gran estudiante pero también por haber demostrado ser una buena persona con sus acciones. Lo moral y lo académico van de la mano'. 


'En las empresas también se nota mucho. La competencia entre empleados para lograr premios o bonus (muy frecuentes en las empresas americanas) se percibe como algo positivo y nunca como un juego de suma cero o en demérito de los otros que no lo han logrado. Eso, por supuesto, no significa que no haya casos de envidia; los americanos tampoco son perfectos'.


Democracia mal entendida


El filósofo Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Política y Moral de la Universidad del País Vasco también tiene un ensayo reciente que tiene que ver con la pereza intelectual:


'Tantos tontos tópicos'. Su respuesta también llega por correo electrónico: 'Me extrañaría mucho que, para hacerse un hueco en el mercado de cualquier producto (salvo quizá en ciertas áreas del arte o de la música presentes), sirviera una cultura de la anti-excelencia. Sólo sirve la excelencia, sea para vender automóviles o chupa-chups. En términos de Marx, también el valor de uso condiciona el valor de cambio. Otra cosa puede ocurrir en la factoría educativa en todos sus grados, que produce titulados'.


'Aquí es donde aparece la figura del anti-empollón', continúa Arteta, 'que corresponde a los más débiles o a los más tontos de clase. Estos no hacen más que seguir la principal pasión democrática: todos debemos ser iguales, que nadie sobresalga porque nos humilla, hay que someterse al grupo. Por tanto, el que estudia y saca buenas notas será un empollón, no un tipo inteligente, apasionado o trabajador. Estos últimos, además de cumplir su afición o su deber sin avergonzarse, saben que necesitan un buen expediente para obtener la beca que les permita seguir estudiando'.


Y en la cultura 


Llamada telefónica a Antonio Orejudo, novelista y profesor de Literatura en la Universidad de Almería. Su última novela, 'Un momento de descanso', habla de las miserias intelectuales de la universidad en España y en Estados Unidos, donde Orejudo fue profesor en un par de 'colleges'. 'Es verdad que en España no existe una cultura del mérito. No sobresale el que es inteligente y se esfuerza. Eso lo veo en la universidad igual que en el mundo de la cultura, donde hay grandes talentos esquinados y autores increíblemente sobredimensionados'.


En 'Un momento de descanso', por ejemplo, aparece retratada una oposición universitaria que empieza por ser un delirio y termina en una escena de tortura bastante 'gore': 'En la universidad, el método de las oposiciones es el gran ejemplo de esto. No se elige por méritos sino por camadas. Y sí, supongo que hay una línea que lleva desde el empollón al que acosan en el colegio hasta el catedrático mediocre'.


¿Y en Estados Unidos? '. La enseñanza universitaria en Estados Unidos tiene otros problemas. Pero ése, no; ojalá fuéramos tan escrupulosos como ellos a la hora de premiar el mérito. El propio sistema hace imposible llenar un departamento de discípulos y amiguetes... Entre otras cosas, porque les va la supervivencia financiera en ello'.


El 'nerd' 


César García continúa por esa línea: 'En la vida americana, el equivalente del empollón seria el 'nerd', un término estereotipado que se utiliza para el chico que obtiene buenos resultados académicos pero quizás es un inadaptado social o poco agraciado físicamente.


Sin embargo, en Estados Unidos la expectativa de la gente es que, en último término, el mundo será de los 'nerds' y que estos pueden acabar siendo 'cool'. Ahí tienes los ejemplos de Obama o Bill Gates. En España, el ejemplo del empollón es Mariano Rajoy, denigrado con frecuencia por ser 'un registrador de la propiedad''.


Entonces, ¿cuál es el problema? '. A mi me parece que la existencia de esta cultura de la anti-excelencia tiene que ver con factores culturales antropológicos y también, digamos, de la cultura política', explica García. 'Respecto a los primeros, yo diría que surge como salvaguarda del individuo en una cultura que tiene aversión al riesgo y donde falta confianza entre las personas. Ser excelente, en el fondo, implica asumir algún tipo de riesgo a cambio de una recompensa que puede llegar o no de la misma forma que requiere de un reconocimiento de otros individuos ya que la excelencia tiene un componente subjetivo. Buscar la excelencia supone asumir riesgos y poner a prueba la frágil confianza que tenemos en el juicio de los demás, lo cual en nuestra cultura se antoja complicado.


'También pienso', concluye García, 'que el igualitarismo propio del pensamiento socialdemócrata español, que ha hecho creer a la gente que la igualdad es un fin en sí mismo y no un punto de partida para que las personas, las cuales no son iguales ni mucho menos, cultiven y desarrollen sus capacidades y, si es preciso, marquen diferencias. Curiosamente, en el deporte sí admitimos la diferencia'.




domingo, 4 de diciembre de 2011

Ciencia y fe. La copa y el fondo

Decía el gran físico y filósofo Carl Friedrich von Weizsäcker que «el primer sorbo de la copa de la ciencia aparta de Dios, pero cuanto más se bebe de ella... más claro se ve en su fondo el rostro del Creador».

 Artículo de Juan Manuel de Prada/ www.xlelsemanal.com /del 27.XI-4.XII.2011


Decía el gran físico y filósofo Carl Friedrich von Weizsäcker que «el primer sorbo de la copa de la Ciencia aparta de Dios, pero cuanto más se bebe de ella... más claro se ve en su fondo el rostro del Creador». La idolatría de la ciencia pretende justamente lo contrario: pretende que el conocimiento científico y la fe religiosa son irreconciliables; y que la misión de la ciencia no es otra sino instaurar un Paraíso en la tierra que expulse la fe al lazareto de las supersticiones. Inevitablemente, cuando la ciencia se endiosa y se hace idolatría, acaba exigiendo que no exista ninguna instancia moral que pueda poner cortapisas a su desarrollo: todo lo que es científicamente posible -afirma esta nueva forma de mesianismo científico- debe hacerse sin vacilación.

Durante siglos se entendió que ciencia y fe proporcionaban formas de conocer la realidad complementarias con metodologías distintas. La fe proporcionaba un conocimiento sobre Dios y sobre los planes de Dios para el hombre, sobre el sentido de la vida humana. La ciencia, por su parte, proporcionaba un conocimiento sobre el funcionamiento de la materia.

Para un creyente, la ciencia no supone ningún obstáculo a su fe, puesto que ningún avance científico podrá jamás negar la existencia de Dios; por el contrario, el creyente verá siempre en la ciencia una posibilidad de avanzar en el conocimiento del universo, de las realidades empíricas, en definitiva de la Creación; y este mejor conocimiento de la Creación lo hará más consciente y agradecido de la existencia de un Dios Creador que ha querido manifestarse a través de sus obras.

Pero llegó un momento en que la idolatría de la ciencia quiso erigirse en la única sabiduría o certeza posible; todo lo que no se pudiera cobijar en el ámbito científico quedaba automáticamente descalificado, como mera superstición u opinión prescindible.

La idolatría de la ciencia pretende que el conocimiento empírico que nos brinda la ciencia, es decir, el conocimiento de la materia y de sus propiedades, invada ámbitos que le son ajenos. La ciencia, por mucho que avance, no podrá explicarnos jamás la genialidad de una obra artística, ni dictaminar sobre nuestros sentimientos... simplemente, porque son realidades que no pertenecen al orden material. Y, sin embargo, son realidades plenamente existentes que exigen otras formas de conocimiento.

Pero la idolatría de la ciencia pretende dar respuesta también a esos ámbitos de la realidad que la ciencia verdadera considera ajenos a su competencia. Pretende convencernos de que la genialidad de una obra artística depende de las reacciones químicas que su contemplación produce en nuestro organismo; pretende explicar genéticamente la índole de nuestros sentimientos... y pretende, también, negar la existencia de Dios.

Negando la existencia de Dios, en el fondo, la idolatría de la ciencia niega la existencia de un Logos, de una Razón Creadora; y en un mundo carente de razón, sometido por lo tanto al caos, es más fácil defender la actuación de una ciencia liberada de todo tipo de trabas éticas o morales, una ciencia que ya no se conforma con escudriñar las leyes más íntimas de la naturaleza, sino que aspira a hurgar en ellas a capricho, aspira a alterarlas, a contrariarlas, a invertirlas, a abolirlas en fin, con la coartada de propiciar un mayor progreso humano.

Pero ese mesianismo científico que se nos ofrece como una suerte de panacea universal se revela, a la postre, una trampa saducea: las coartadas para propiciar un mayor desarrollo humano acaban convertidas en instrumentos de una mayor destrucción humana. Así ocurrió en el pasado en el ámbito de cierta investigación atómica, que acabó abriendo las puertas a la creación de armas mortíferas; así ocurre hoy, por ejemplo, en el ámbito de cierta investigación genética.

Pero este mesianismo científico que postula que todo lo que puede hacerse debe hacerse sin interferencia de escrúpulo moral alguno está siendo, a la postre, la tumba de la verdadera ciencia, que cada vez tiene más dificultades para hacerse escuchar en el concurrido manicomio de una ciencia demente que, en su alocada carrera en pos de beneficios pingües y espectacularidad mediática, no vacila en fomentar los métodos más sensacionalistas y en infundir las esperanzas más quiméricas entre quienes padecen enfermedades incurables, con tal de acrecentar su predicamento.

Así la ciencia se convierte en superstición, que era exactamente el calificativo que los idólatras de la ciencia reservaban a las creencias religiosas.







martes, 22 de noviembre de 2011

HISTÓRICA SENTENCIA


por Publio Escudero


El Tribunal Europeo de Justicia, con sede en Luxemburgo, ha dictado una histórica sentencia a favor de la dignidad del embrión humano desde su concepción. Se trata de una decisión emitida a instancias de la organización ecologista Greenpeace, en un caso de patentes biotecnológicas.

La sentencia declara que una invención biotecnológica no debe ser protegida jurídicamente cuando para su proceso haya requerido la previa destrucción de embriones humanos o el uso de los mismos como materiales de base.

En definitiva no podrá ser patentado un proceso que implique la extracción de una célula madre de un embrión humano, ni siquiera en la etapa de blastocito (célula embrionaria no diferenciada), ya que este proceso implica la destrucción del embrión.

El caso que ha dado lugar a la sentencia se originó a raíz de la decisión del Tribunal Federal de Justicia de Alemania, a instancias de la organización ecologista Greenpeace, de someter la patente desarrollada por Oliver Brustie, en 1997, al Tribunal Europeo para que fuera éste el que interpretase la expresión embrión humano.

Ahora, la sentencia del Tribunal de Luxemburgo se ha pronunciado en el sentido de proteger todos los estadios de la vida humana, al excluir al embrión humano de la protección de las patentes.

El fallo proporciona así una correcta definición de “embrión humano” como un organismo capaz de iniciar el desarrollo de un ser humano, ya sea el resultado de la fecundación o producto de una clonación. En concreto el fallo de la sentencia confirma que la legislación europea relativa a la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas debe interpretarse en el sentido de que constituye un embrión humano todo “ovulo humano” a partir del estadio de la fecundación tenga el origen que tenga.

Además la sentencia excluye que pueda ser patentado un invento que haya implicado la destrucción previa de embriones humanos o su utilización como materia prima sea cual fuere el estadio en que este se utilice

La reacción contra esta sentencia no se ha hecho esperar sobretodo por parte de los defensores de la investigación con células madres embrionarias y con presupuestos millonarios.

¿Y qué dice la Declaración de Madrid en Marzo de 2009 suscrita por más de dos mil expertos, algunos de reconocido prestigio internacional sobre el origen de la vida humana?

Afirman que existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación como lo demuestran los conocimientos más actuales.

La genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular. La biología celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular; la embriología describe el desarrollo y revela como se desenvuelve sin solución de continuidad

Resumiendo un poco podemos decir que tanto la sentencia de Luxemburgo, por la definición que hace de embrión, como la Declaración de Madrid, afirman que existe vida humana desde el momento de la fecundación ya que de la fusión de los núcleos de los dos gametos masculino y femenino, el espermatozoide y el ovulo, surge el cigoto que es un nuevo ser vivo de la especie humana y por tanto es un ser humano distinto del padre y de la madre, con un código genético distinto único e irrepetible que inicia un proceso de desarrollo que va pasando por distintas etapas, sin solución de continuidad, y va recibiendo distintos nombres. Cambia el nombre, no cambia el ser ni su código genético.

Queda también claro que la dignidad del ser humano no depende de la clase de origen que haya tenido el embrión: fecundación natural, fecundación in vitro o clonación, ni depende tampoco del estadio de vida en que se encuentre: 3 días, 8 semanas o 22 semanas. Por lo tanto nunca, el embrión humano, puede ser eliminado ni destruido.

Esta sentencia de Luxemburgo es una gran victoria europea en la defensa de la dignidad del embrión. A la luz de esta sentencia y de las afirmaciones rotundas de la Declaración de Madrid sobre el inicio de la vida humana, que existe “sobrada evidencia científica” que hay vida humana desde la fecundación; podemos llegar a la conclusión de que la vida de ese ser humano es inviolable desde ese momento como la vida de cualquier ser humano y por lo tanto este ser humano en la etapa de embrión tiene el mismo derecho a vivir que su madre o cualquier otro ser humano.

   Entonces, ¿qué sentido la Ley del Aborto a plazos? y ¿qué decir de la investigación con las células madres embrionarias? ¿y qué de la fecundación in vitro y de los embriones “sobrantes”? y ¿qué pasa con el “bebe medicamento”? y ¿qué hacer con el diagnostico preimplantación para eliminar a los “imperfectos”?

¿Y qué decir de la teoría del preembrión hasta los 14 días para poder manipular el embrión, en esa fase de embrión, impunemente y sin problemas éticos?

¿Y qué decir también de las afirmaciones de la Exministra Aido: “Que un embrión de 13 semanas en un ser vivo pero no un embrión humano porque carece de base científica”. Cuando los científicos les estaban diciendo que existe “sobrada evidencia científica de que la vida humana empieza con la fecundación.”