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viernes, 25 de octubre de 2013

¿Qué significa ser pobre?



El número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social en España podría alcanzar los 18 millones en 2022 (casi el 40% de la
población), si las cosas continúan en el rumbo actual, según Intermón Oxfam



www.elmundo.es / sábado 15 de diciembre de 2012


Cuestión de dignidad


     El coordinador de la organización Pueblos Unidos, Daniel Izuzquiza, considera que ser pobre significa 'no tener los suficientes recursos para salir adelante en la vida con la dignidad que nos merecemos todos y no poder ejercer los derechos que le corresponden a todas las personas'. Lograr pagar el recibo de la luz o comprar los libros del colegio de los niños 'se ha convertido, para muchos, en un muro infranqueable a consecuencia de la crisis'.



     Pueblos Unidos lleva 15 años ayudando a personas en peligro de exclusión y con dificultades para hacer frente a sus gastos básicos a salir adelante. Esta dilatada trayectoria, permite a Izuzquiza hacer balance de cómo ha cambiado el perfil de las personas que llaman a su puerta. 'Hasta 2007 trabajábamos principalmente con inmigrantes, coincidiendo con el 'boom' de la llegada de extranjeros al país'. Sin embargo, en los últimos años, han comenzado a atender a 'españoles de origen' y a 'inmigrantes que llevaban viviendo en España décadas'.



     La organización se hace cargo de cuestiones como el pago de recibos o el arreglo de electrodomésticos que son, en definitiva, 'extras que pueden descomponer la economía familiar'. Pero en los últimos años han potenciado otras ramas de actuación como la formación. 'Mejorar su cualificación y aumentar sus oportunidades de encontrar un empleo es la mejor manera de ayudarles', apunta el responsable.



     Para Antonio Argandoña, profesor de Económicas de la Escuela de Negocios IESE de la Universidad de
Navarra, no descuidar la formación de las personas con menos recursos debería ocupar los primeros puestos en las agendas del Gobierno.



     El experto apunta que 'pobreza' significa 'estar por debajo del 50% de la renta media'. Sin embargo, matiza que esto es 'relativo' y que 'no es lo mismo ser
pobre en España que en África'.



    Si se confirman los augurios de Intermón, dentro de 10 años, dos de cada cinco españoles serán pobres y el 20% de personas más ricas en España ingresarán 15 veces más que el 20% más pobre. Esto, significa entre otras cosas, la desaparición de la clase media, "la gran estabilizadora de la sociedad".

Claves para la recuperación



     El profesor explica que el aumento del abismo entre pobres y ricos imposibilita la escalada social y, por lo tanto, su recuperación económica. El salto que deben dar las personas sin recursos para ganar posiciones es tan grande que resulta inabarcable. Esta 'escalera del progreso social' está cada vez más debilitada, 'se está rompiendo y con ella la posibilidad de una recuperación económica estable'.



     Los gobiernos son los primeros interesados en que no aumente la distancia entre unos estratos sociales y otros. 'A cualquier país le interesa tener gente cualificada que pueda contribuir a la recuperación'.



     Los gobiernos son los responsables de romper una cadena cuyos eslabones se repiten: 'La falta de recursos económicos complica dar una formación a los hijos que les permita acceder a puestos de empleo y, en consecuencia, los hijos no pueden obtener ingresos'.



     Además, las desigualdades sociales implican la creación de un escenario social inestable en el que aumentan los robos y los secuestros que repele las inversiones extranjeras tan necesarias para la reactivación económica. Por lo tanto, 'una política de lucha contra la crisis tiene que esforzarse para mantener los mínimos de atención a la gente. La prioridad del Gobierno debe ser atender las necesidades de la gente'.



     En opinión del experto, 'eso no significa que las medidas de austeridad no deban mantenerse'. 'Nuestras capacidades para financiar nuestros gastos sociales han desaparecido'. Por lo tanto, si es necesario recortar sueldos o subir impuestos, así sea, mientras que con ello 'se logre que la gente no caiga en la pobreza'.









jueves, 13 de junio de 2013

La clase media de la libertad

En su Autobiografía Chesterton escribió que su madre se sentía orgullosa de pertenecer a la clase media y que creía que era lo mejor que le podía pasar a cualquiera: no cabía en ella la menor tentación de “ascender de clase”
artículo de eugenio  nasarre/ ww.paginasdigital.es


El término “clase media” empieza a utilizarse en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVIII para identificar a un entonces incipiente grupo social, que se irá progresivamente consolidando y ampliando, intermedio entre la nobleza y el proletariado rural o urbano. No debemos mitificar, desde luego, a las clases medias. Pero, cuando Chesterton pone a su madre como prototipo de ellas, no lo hace de manera inocente. Lo hace sutilmente para poner de relieve las virtudes que fueron caracterizando a este estrato social. 

Las clases medias no eran grandes propietarias ni aspiraban a serlo. Pero apreciaban la posesión de unos bienes suficientes que les diera seguridad e independencia y que pudieran transmitir a sus hijos. Esa seguridad e independencia estaba asociada a la libertad. Las clases medias sólo podían desenvolverse allí donde hubiera ámbitos de libertad y sólo reclamaban de la ley que los protegiera. Los valores que cultivaron eran el trabajo, el ahorro, una cierta austeridad, un sentido familiar de la vida, más igualitario que el practicado por la nobleza, y un aprecio por la educación como el legado más importante que podían dar a sus hijos. El concepto de “buen padre de familia”, que consagra nuestro Código Civil como modelo de comportamiento, es el compendio de las virtudes con los que se identificará el “tipo ideal” de este sector de la sociedad. 

La historia del siglo XX, sobre todo a partir de su segunda mitad, es la de una progresiva extensión de las clases medias a medida que crecía la prosperidad económica. En España esa ampliación alcanza velocidad de crucero desde la década de los sesenta y en el último período de intenso crecimiento económico (1995-2007) recibe un nuevo impulso. “Viejas” y “nuevas” clases medias van conformando así la mayoría de nuestra sociedad. Muchos de los logros de nuestro período democrático están asociados al auge de las clases medias. 

¿En qué medida la crisis, por su intensidad y por su duración, les está afectando? Creo que no es ésta una pregunta impertinente y pienso que debería ser objeto central de nuestra reflexión y preocupación. La cuestión ha entrado en el debate público a propósito de los impuestos, que están golpeando con especial dureza a las familias de las clases medias. Pero éste es sólo un aspecto del problema. La precariedad del empleo, sobre todo en las generaciones más jóvenes, está modificando el modo de vida, las relaciones profesionales, la capacidad de ahorro y las expectativas vitales. ¿Están en riesgo las virtudes que han caracterizado el “modelo ideal” de este sector social? ¿La precariedad y la incertidumbre favorecen los compromisos personales de larga duración? 

Efectivamente aparecen en el horizonte muchos riesgos sobre los que resulta imprescindible un serio debate, porque la orientación de nuestra sociedad está en juego. Sólo puedo ahora apuntar uno de ellos: el valor de la libertad. El empobrecimiento prolongado de las clases medias puede impulsar el camino de su mayor dependencia del Estado, restringiendo así los espacios de libertad. La educación es un ámbito que debemos observar con especial preocupación. Por primera vez en nuestra democracia hay síntomas de que la libertad de elección de las familias está presentando dificultades de nuevo cuño. 

La crisis nos obliga a replantear nuestro modelo de Estado y nuestras políticas públicas precisamente en defensa de unas libertades que tienen que llegar a la vida real de las personas, a las decisiones que verdaderamente importan. Las amplias clases medias necesitan para fortalecerse el humus de la libertad.