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jueves, 13 de septiembre de 2012

Abducidos por el móvil...


Ahora suele ser frecuente ver a una persona cruzar por un paso de cebra con un teléfono en una mano y en la otra tecleando algo en él. Frecuente, y preocupante. Se atraviesa la calle sin siquiera mirar si a izquierda o derecha está viniendo un coche. 

Noticia / www.elmundo.es /  José Luis de la Serna

Pocos lectores de este blog negarán que han visto a un conocido en un restaurante trasteando con el móvil encima de la mesa, olvidándose casi del plato que consume y -lo que es peor- de las personas que están acompañándole. Es una realidad que alerta de la parte más oscura de internet. La Red ha cambiado el mundo de forma radical -para bien, en la inmensa mayoría de las veces- pero está generando una patología psiquiátrica que viene ya en los libros de textos: la adicción.

Los expertos, ahora apoyados en las increíbles imágenes que proporciona la resonancia magnética funcional, están comprendiendo con bastante exactitud lo que ocurre en el cerebro cuando se usa un dispositivo móvil.

Se unen varias cosas: movilidad, ubicuidad, interactividad, tacto, relación, respuesta muchas veces inmediata... Son componentes psicológicos que activan moléculas en el cerebro. Concretamente la dopamina, el neurotransmisor que estimula los centros de recompensa de nuestro cerebro. Al final, placer. Se trata de la misma molécula que modula la adicción a la nicotina, la cocaína o la heroína. Internet -sobre todo a través de los soportes móviles- puede ser un puente a la obsesión.

Porque obsesivo es chequear los mail cada cinco minutos, estar pendientes de forma permanente de la cotización de bolsa, de los últimos resultados deportivos o soñar con tener miles de seguidores en Facebook o en Twitter. Cualquiera que conozca las dos aplicaciones intuye el tiempo que deben pasar enganchados en ella los que están constantemente tuiteando o lanzan y comparten en Facebook sin parar fotos, noticias o frases ocurrentes.


Hay quien ha rebautizado a las Blackberries con el nombre de Crackberries, emulando a lo que engancha la cocaína cuando se fuma en una pipa especial. Incluso existe una sensación de vibración fantasma que es la de notar que tiembla el móvil pero cuando lo coges compruebas que es casi una alucinación. Un libro publicado recientemente, 'i-Disorder', pone al día con una gran base científica el amplio abanico de estas patologías.

La solución es la moderación. Apagar el móvil más veces de lo que lo hacemos. No contestar los mails fuera del horario de trabajo. Atender a las relaciones personales analógicas más que a las digitales. Utilizar el tacto para tocar personas, no pantallas.




miércoles, 7 de marzo de 2012

Retorno al pudor


A return to modesty/ A lost vitue 

Wendy Shalit (Rialp) 2012. 399 pg
 www.aceprensa.com / miércoles 7 de marzo de 2012


En este ensayo sobre la modestia y el pudor, Wendy Shalit realiza un diagnóstico de su situación actual, indaga en su significado más profundo y, por último, traza un interesante mapa para su recuperación. Esta joven autora –judía, licenciada en filosofía–, que cuando publicó el libro en 1999 tenía 23 años, piensa que como consecuencia de una indiscriminada educación sexual y de un ambiente desinhibido se ha ridiculizado el deseo de enamorarse, casarse y tener hijos. Pero se trata de una farsa porque la experiencia demuestra que muchas mujeres, tras múltiples relaciones inestables, buscan compromiso sobre todo.

El problema es que la moda ha conseguido identificar pudor y modestia con mojigatería. Shalit, con humor, comenta que si las peores aberraciones no avergüenzan a nadie, ¿por qué no se puede vivir con pudor? Propone valentía. En este sentido, explica que la falta de pudor y de modestia de algunas mujeres es una forma de coacción. Una mujer sabe a veces por dónde agarrar a un hombre fácilmente. Y eso es limitar su libertad de alguna manera.

Por otro lado, la tarea de recuperar el prestigio del pudor implica, a juicio de la autora, algo más profundo que renovar el vestuario o las actitudes femeninas. La modestia sólo es razonable si partimos de la diferencia sexual. Por ello mismo, la tarea no es exclusiva de las mujeres: demanda también otras exigencias en los hombres y en todo el contexto social.

Shalit señala que la modestia, el pudor, el honor y la educación pueden dar nuevo sabor y atractivo a las relaciones entre hombres y mujeres. Toda su argumentación se apoya en la hipótesis de que hombres y mujeres somos distintos en algunos aspectos, que el matrimonio y la familia son importantes personal y socialmente, y que el sexo no es una 'asignatura'. Y se atreve a proponer que las relaciones sexuales tienen un contexto propio en el matrimonio.

El pensamiento de Shalit tiene una sólida base antropológica. Pero aunque utiliza algunos argumentos filosóficos, la fuerza de su mensaje reside sobre todo en el sentido común que derrocha. Tampoco es una experta en moral ni apela a la religión. Y, por supuesto, habla fundamentalmente desde su experiencia, la de una mujer joven que no profesa el puritanismo. El libro de Shalit, con su descarada defensa del pudor, es también de los que hacen pensar y a ratos reír.