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martes, 27 de agosto de 2013

10 virtudes para ser una persona completa




  Tras publicar “Religión para ateos“ el año pasado, Alain de Botton recibió ataques de todos los lados.



Los creyentes le acusaban de despreciar las tradiciones religiosas. A los ateos no les gustó que defendiese que las religiones también encierran valores que merece la pena conservar.



El escritor suizo respondió a sus críticos planteando una pregunta: ¿cómo serían los 10 mandamientos si pudiésemos reescribirlos? ¿Cualés son las 10 virtudes más importantes para un ser humano?



Aquí está su lista:



1.- Resiliencia: Seguir adelante cuando sólo vemos oscuridad en nuestro futuro. Aceptar que las decepciones y los reveses forman

parte de cualquier vida humana. No asustar a otras personas con nuestros miedos.



2.- Empatía: La capacidad de conectar con las experiencias de otra persona. Y también el coraje de ponerse en el lugar del otro y mirarse a sí mismo con honestidad.

 

3.- Paciencia: Con frecuencia perdemos los nervios porque creemos que las cosas tendrían que ser perfectas. Los humanos hemos avanzado mucho en algunos aspectos (por ejemplo en la tecnología) pero muy poco en otros: por ejemplo, en la capacidad para aceptar que las cosas no siempre son como queremos.



4.- Sacrificio: De forma natural, todos buscamos nuestro propio beneficio. Pero también tenemos una capacidad milagrosa para, en algunas ocasiones, olvidar nuestros intereses personales y sacrificarnos por otra persona o por una causa.



5.- Buenos modales: Los buenos modales tienen mala fama. Normalmente asumimos que “ser
educado” es sinónimo de “ser falso” y lo contrario de “ser nosotros mismos”. Pero los modales son una regla necesaria para cualquier civilización y están íntimamente asociados a la tolerancia: la capacidad de vivir junto a personas con las que nunca estaremos de acuerdo.



6.- Sentido del humor.



7.- Consciencia de uno mismo: No hacer responsables a los demás de todos nuestros problemas o cambios de humor.

 

8.- Perdón.


9.- Esperanza: El pesimismo no es necesariamente un signo de “inteligencia y profundidad intelectual”, ni el optimismo un reflejo de necedad.



10.- Confianza: A veces no alcanzamos nuestros sueños por el simple hecho de que no nos atrevemos a intentarlos. La confianza no es arrogancia, sino la consciencia de que nuestras vidas son cortas y de que, en realidad, tenemos muy poco que perder cuando nos arriesgamos a luchar por lo que queremos.



 Con esta lista, De Bottom se ganó un nuevo grupo de detractores: algunos de sus colegas filósofos le acusan de “olvidar el rigor intelectual” y centrar su trabajo en un tema propio de “vulgares libros de autoayuda”. Pero, como explica el autor suizo:



Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo entiende que vayas al gimnasio para entrenar tus músculos. Pero si dices que estás trabajando “para transformarte en una persona más completa”, muchos te miran como si fueses “un rarito”. Yo no lo entiendo. ¿Acaso hay algo más importante?





lunes, 7 de enero de 2013

Quejas



El tiempo perdido en quejarse es eso: tiempo perdido. Ya sé que el refrán dice que «quen non chora non mama», pero solo es cierto cuando se llora sin exagerar y ante quien puede resolver las cosas



artículo de Paco Sánchez / www.lavozdegalicia.es





El tiempo perdido en quejarse es eso: tiempo perdido. Ya sé que el refrán dice que «quen non chora non mama», pero solo es cierto cuando se llora sin exagerar y ante quien puede resolver las cosas. En cualquier caso, no me refiero a esto ni a la protesta ante lo injusto, necesaria incluso sin posibilidad de éxito. Me refiero a la queja más personal, destinada a justificarse, y que sirve apenas para darse lástima a uno mismo.



Ese tipo de queja termina por aburrir a la familia y a los amigos y por alegrar a los enemigos. Un tipo de lamento que no debería calificarse de inútil, porque en realidad resulta perjudicial, contraproducente. En nuestros días, responder con un simple «bien» al «¿cómo estás?» puede parecer una presunción casi provocadora, una desfachatez insolidaria, propia de almas débiles. Y la sonrisa a punto está de alcanzar una condición parecida.



Sin embargo, me parece que sonreír y no quejarse caracteriza, precisamente, a los fuertes. Cuando un fuerte se queja, tiembla el mundo. Cuando se queja el quejica, su interlocutor sestea y mira a todas partes en busca de un aliviadero, una vía de escape cualquiera. El quejica desangra sus energías buscando culpables, repartiendo responsabilidades a diestro y siniestro, exculpándose, en vez de emplear esos recursos en esfuerzos que le puedan sacar de su mala situación, que a veces ni siquiera es tal, pero permite ese ejercicio de vertiginosa autocompasión retroalimentada, muy próxima a la lujuria, como decía Greene, y que tantas depresiones ha producido. Aquellos versos, «Facilidad, mala novia. ¡Pero me quería tanto!» se aplican también hoy, cuando lo fácil es quejarse.