jueves, 10 de octubre de 2013

5 remordimientos de los ancianos...


por Bonnie Ware







Por muchos años trabaje en el área de cuidados paliativos. 
Mis pacientes eran aquellos que eran enviados a casa para morir allí. 
Compartimos algunos momentos increíblemente especiales. 
Yo estuve con ellos los últimos tres a doce semanas de sus vidas.


La gente crece un montón cuando se enfrentan con su propia mortalidad. 
Yo aprendí a no subestimar jamás la capacidad de crecimiento de los demás. 
Algunos cambios eran fenomenales. 
Cada uno de ellos experimentaban negación, temor, enojo, remordimientos, mas negación y finalmente aceptación. 
Sin embargo todos los paciente encontraban su paz antes de partir ¡todos! 
Cuando se les preguntaba si tenían algún remordimiento  o si hubieran hecho algo de manera diferente, surgían los mismos temas una y otra vez.



Aquí están los cinco remordimientos más comunes.

                                                                                                      

1. Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida verdadera conmigo mismo, no la vida que otros esperaban que yo viviera.

Este era el más común de los remordimientos.
Cuando la gente comprende que su vida está terminando y miran atrás con claridad, es fácil ver cuántos sueños no han sido cumplidos.
La mayor parte de la gente no había honrado ni siquiera la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que ello se había debido a las elecciones que ellos hicieron y a las que no tomaron.
Es muy importante intentar y honrar al menos algunos de los sueños que surgen en el camino.
Desde el momento en que pierdes tu salud, ya es demasiado tarde.
La salud trae una libertad que pocos comprenden hasta que ya no la tienen.

                      
2. Desearía no haber trabajado tanto.

  
Esto lo dicen todos los pacientes masculinos que cuide.
Se perdieron la juventud de sus hijos y la compañía de sus parejas.
Las mujeres también tienen este remordimiento.
Pero como la mayoría pertenecía a la generación más vieja, muchas de las pacientes no habían sido proveedoras del pan en sus hogares.
Todos los hombres que cuide lamentaban haber pasado tanto de sus vidas ganándose la vida.
Si hubieran simplificado su estilo de vida y hubieran hecho elecciones conscientes en la vida, podría haber sido posible no necesitar tanto ingreso como lo creían necesario.
Y al crear más espacio en sus vidas, hubieran sido más felices y hubieran estado más abiertos a nuevas oportunidades,  que hubieran sido mejores para su nuevo estilo de vida.



 3. Desearía haber tenido el coraje de expresar mis sentimientos



Muchas personas reprimieron sus sentimientos para mantener la paz con otros.
Muchas enfermedades surgieron como resultado de su amargura y resentimiento.
Como resultado, llevaron una existencia mediocre y nunca se convirtieron en aquello  que eran verdaderamente capaces de ser.
No podemos controlar las reacciones de los otros.
Sin embargo, aunque la gente puede inicialmente reaccionar cuando tu cambias la forma en que te comportas, si hablas honestamente, al final eso eleva la relación a un nivel totalmente nuevo y más saludable.
Ya sea que ocurra eso o que abandones una relación insalubre de tu vida, en cualquiera de los dos casos tu ganas.                             



4. Desearía haber estado más en contacto con mis amigos

  
A menudo ellos no habían comprendido verdaderamente todos los beneficios que proporcionan los viejos amigos hasta que están en sus últimas semanas de vida y ya no era posible dar marcha atrás
Muchos se habían recortado tanto en sus propias vidas que habían dejado de lado el oro de los viejos amigos.
Habían muchos remordimientos muy profundos sobre no haber dado a los viejos amigos el tiempo y esfuerzo que ellos merecían. 
Cuando estaban muriendo todos extrañaban a sus amigos.
Es muy común en todos los que llevan un estilo de vida muy ocupado, ir dejando de lado a los amigos.
Pero cuando te enfrentas a una muerte que se te acerca, los detalles de la vida física se van desvaneciendo.
La gente desea tener sus asuntos financieros en orden si es posible.
Pero no es el dinero o el status  lo que tiene verdadera importancia para ellos.
Ellos desean tener las cosas en orden más por beneficio de los que aman.
Pero generalmente ellos están demasiado enfermos y preocupados como para poder ocuparse de estas tareas.
Al final todo se resumen en el amor y las relaciones.
Es todo lo que queda en las últimas semanas, el amor y las relaciones.

                                  

5. Desearía haberme permitido a mi mismo ser más feliz



Esto es un remordimiento sorprendentemente común.
Muchos no comprenden hasta el final que la felicidad es una elección.
Ellos habían permanecido atrapados en los viejos patrones y hábitos.
El así llamado “confort” había inundado sus emociones así como la  psicología de sus vidas.
El miedo al cambio los hacía presumir ante los otros y ante sí mismos, de que estaban contentos.
Cuando en lo profundo dentro de ellos estaba el deseo de reír con ganas y poner un poco de zoncera en sus vidas nuevamente.
Cuando estás en tu lecho de muerte, lo que otros piensen de ti esta a una larga distancia de tu mente.
Cuan maravilloso seria dejarse ir y sonreír nuevamente, sin pretensiones ni exigencias,  antes de morir! 
                                          
¡La vida es una elección!.... Aún es tiempo. 




 

sábado, 5 de octubre de 2013

Profesores proponen los valores clásicos contra la crisis moral



Justicia, prudencia, fortaleza y templanza eran las virtudes que definían la excelencia en la antigua Grecia | "El capitalismo debe convivir con el cooperativismo", señala Norbert Bilbeny, catedrático de Ética

La Vanguardia-Vida | 16/07/2012
 
"Dicen que soy buena persona para desprestigiarme".
Victoria Camps, catedrática de Ética, citaba un chiste de El Roto durante la conferencia que impartió recientemente sobre los valores después de la crisis en la que retrató una sociedad atomizada, sin cohesión y sin visión del bien común. “Valores”. La palabra suena por todas partes en estos tiempos difíciles pero esto no quiere decir que esté llena de contenido. El desastre económico no es ajeno, según coinciden los expertos, a la crisis ética que arrancó en los años ochenta. La cuestión ahora es si empieza a haber respuestas al “vacío moral” que denunciaba Camps.

El punto de partida, según el análisis que realizan los profesores universitarios consultados, es que no hay que inventar nada nuevo sino desempolvar los viejos valores –entendidos en un abanico muy amplio– abandonados en los trasteros durante décadas. “Sí que observo una resensibilización, cuestiones como la solidaridad, la justicia y la democracia han vuelto a la palestra, son los viejos valores que regresan”, señala Norbert Bilbeny, catedrático de Ética (Universitat de Barcelona). Bilbeny considera que con el reaganismo y el thatcherismo se inició un proceso de individualización masiva, el paso de la economía a lo que califica como “egonomía”.

Esta mirada hacia atrás, hacia los clásicos, es la que propugna Victoria Camps (Universitat Autònoma de Barcelona), en un reivindicación de la esencia de la ética. “Lo que necesitamos son valores éticos prioritarios, hay valores sociales, económicos, deportivos... pero lo principal son los éticos”, señalaba en un acto de la Diputación de Barcelona. Desde los griegos, explicaba, está todo inventado, “es la ética de las virtudes”, que hacen referencia a la excelencia de la persona.

Pero antes de proseguir con la definición de las virtudes, Camps también relaciona crisis económica y crisis moral al entender que el pensamiento liberal y neoliberal ha ido acompañado de un dejar hacer que ha acentuado lo que “nunca” debe ser prioritario: egoísmo, consumismo, individualismo, corporativismo... La enfatización de estos “ismos” ha hecho que se diluya la idea del “bien común”, entendida como el interés general que beneficia a todos y especialmente a los más débiles.

Pero no todo es mirar hacia los demás y buscar chivos expiatorios. Hay coincidencia a la hora de señalar que para salir del erial definido la sociedad, cada uno, debe saber que es responsable del futuro, de su futuro, aunque la gente esté harta, con razón, de las clases dirigentes. “Todos tenemos la sensación de que en muchos aspectos hemos hecho trampas. En el ámbito del sistema democrático, de las empresas y también de las personas individualmente, a las que nos ha faltado contención”, indica Ángel Castiñeira, director de la cátedra de Liderazgos y Gobernanza Democrática (Esade).

Más allá del diagnóstico, la cuestión es así desempolvar y redimensionar algunos conceptos, según señalan los profesores consultados, sin caer en moralismos y entendiendo que se trata de un retrato muy general de la sociedad, que tiene sus excepciones. Para empezar y desde una perspectiva ética general, Camps recuerda “la actualidad” de las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La justicia entendida como equidad; la fortaleza, como la capacidad de tomar decisiones; la templanza, como el control personal; la austeridad y la prudencia no como miedo sino como reflexión. Estas eran las virtudes que conformaban “la excelencia” ciudadana y política en la Grecia clásica y sobre las que Camps propone una reflexión. Una reflexión que, dice, debe de llevar a recuperar “la responsabilidad moral”, es decir, asumir unos valores y que cada uno se haga responsable de ellos.

Bilbeny considera que es necesario restablecer un orden de prioridades, tergiversado por la doctrina hedonista y el hiperconsumismo –que el impacto de la crisis ha frenado– pero sin caer en lo que considera la “versión merkeliana del capitalismo”: una idea del esfuerzo, la austeridad y la disciplina vinculadas a la culpa, a una “moral calvinista, de la predestinación”. En una visión general, este catedrático de Ética considera que hay que caminar hacia una sociedad y una política más pluralista, en los que convivan el cooperativismo y el colectivismo con el capitalismo.

Y señala los tres ámbitos sobre los que cree que debe asentarse la sociedad. En primer lugar, la revalorización de la familia –de cualquier modelo de familia– como factor socializador y con una mayor relación entre padres e hijos. Asimismo, subraya el papel de la educación, con una reconsideración de la figura del maestro. Las familias, dice, han perdido el respeto a los profesores y esto ha repercutido en el concepto de la disciplina. Por último, destaca el valor de la solidaridad al entender que se está demostrando en esta crisis que la gente quiere ayudar. “Hacer personas, hacer hogar, hacer sociedad. Este –explica– es el vademécum”.

En las reflexiones sobre el futuro buscando un escenario poscrisis, economía y ética van –sobre el papel– de la mano. El filósofo Daniel Innerarity
señalaba el pasado mayo en La Vanguardia la necesidad de regresar a una concepción como la que tuvieron los grandes economistas, “que fueron también grandes políticos y hombres de letras (Keynes, Marshall, Marx, Adam Smith..), en la cual la economía es concebida como un todo en el que intervienen también criterios políticos, éticos, medioambientales...”.
 
El profesor Castiñeira está poniendo negro sobre blanco una reflexión sobre los valores en el liderazgo empresarial y apuesta por la transformación de un modelo que, dice, ha llegado a su fin, pese a que muchos se resistirán al cambio. “No podemos continuar con la economía especulativa, ni las finanzas especulativas, ni el modelo constructivo, ni apostar por Eurovegas. La vía de la economía productiva es más lenta, pero dará más resultados”, señala.

Las reflexiones están sobre la mesa, algunos caminos se atisban, aunque haya mil motivos para pensar que los valores seguirán en el desván.
      



 

martes, 1 de octubre de 2013

Hoy el móvil ... lo es todo

En septiembre de 2012 publiqué, en este blog, "Abducidos por el móvil..."

 

Ahora te recomiendo que lo leas o lo releas. Aquí tienes la página:

http://noticiasdetodounpoco.blogspot.com.es/2012/09/abducidos-por-el-movil.html

Se puede decir que el mensaje que transmitia ese artículo esta resumido en este chiste que me ha llegado.



ALADINO 2013.....



 Una mujer se encuentra una Lámpara de Aladino.



 Inmediatamente la frota y, como es lo usual, sale un Genio.


 La mujer mira al Genio y le pide un deseo:


- Quiero que mi marido me mire solo a mí,


- Que yo sea la única,


- Que desayune, coma y duerma siempre a mi lado,


- Que cuando se levante sea lo primero que agarre,


- Que no me deje ni para ir al baño,


- Que viaje siempre conmigo,


- Que me cuide, me contemple,


- Que si me pierdo un segundo, se desespere, y me diga la falta que le hago,


- Que nunca me deje sola y me lleve a todas partes con él....








 Y    ¡¡¡ZAAASSSSS !!!..... 

La convirtió en un teléfono móvil....


A Dios gracias, las personas se van mentalizando y se van encontrando soluciones a esa adicción.









lunes, 30 de septiembre de 2013

Sobre el aborto: todo en una sola foto



JaimeUrcelay, Profesionales por la Ética

11/12/2012



No hay trampa ni cartón. La imagen a la que se refieren estas líneas es relativamente reciente y puede encontrarse, por ejemplo, en la potente web de la plataforma pro-aborto Nosotras decidimos.

Los carteles que portan las activistas del Movimiento Feminista Marea Violeta en Málaga no pueden resumir mejor el actual estado del debate sobre el aborto en España y la quiebra producida en los argumentos de sus defensores. Caben ya en una sola foto.

Empezando por la izquierda de la imagen, la primera de las «razones» exhibidas es la más sincera y creo que también la más dramática: «Sí a la vida pero cuando ¡yo decida!». Se admite ya, por el incontestable peso de las pruebas científicas, que la cuestión es vida sí o vida no. Es un salto cualitativo importantísimo en el debate. Pero seguimos atascados porque hay quien todavía pretende dejar esa decisión tan trascendental en manos del «YO», es decir de la subjetividad del individuo. O sea, un exacerbado relativismo individualista se adueña del derecho a vivir del otro… La verdad es que el argumento «no tiene un pase» en términos de racionalidad o simplemente de humanidad.


«Donde hay derechos no hay «supuestos». Aquí, en cambio, coincidimos. La cuestión es de quién es el derecho y a qué tiene derecho. Ya parece aceptado que hay vida, así que por de pronto parece que hay un sujeto que tiene derecho a vivirla, o, dicho de otro modo, a que no se la quiten. Ante algo tan básico no caben, desde luego, «supuestos». Estamos de acuerdo. Porque el invento de los autodenominados «derechos a la salud sexual y reproductiva» de las mujeres es tan sólo eso, un invento o constructo ideológico fácilmente desmontable. Y, desde luego, nunca algo que pueda superponerse al derecho fundamental e incontestable de todos a la vida.

Pero sigamos con la tercera y última de las razones de los abortistas: «Si yo no te obligo a abortar…tú no me obligues a parir».  Pelín rancio, ¿no? Porque si de vidas humanas estamos hablando  –y eso parece que a estas alturas de la ciencia ya no es fácil discutirlo–  la traducción del trasnochado argumento abortista sería «Si yo no te obligo a quitar la vida a otros tú no me obligues a que yo tampoco se la quite». Tremendo…

Sin obviar la compasión hacia las mujeres concretas que se ven empujadas al drama del aborto, la verdad es que el panorama argumental en que se han instalado sus defensores intelectuales y “políticos” del aborto no puede ser más pobre y patético. Con lo cual uno inmediatamente se pregunta: ¿puede saberse qué frena al Partido Popular y al Gobierno de Rajoy para acometer de una vez la reforma de la ley del aborto para «reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores», como prometieron en su Programa del 2011? Porque no lo olvidemos: cada día que pasa, cada día en el que se pospone la decisión, en España se eliminan 310 vidas humanas al amparo de la Ley del Aborto.

Los inconsistentes argumentos de las feministas radicales a favor del aborto caben hoy en una sola foto. Hace tiempo que no se presentan si quiera razones de fondo para un verdadero debate. Todos hablamos ya de la vida, esa es la feliz novedad. Quizá por eso lo que necesita el Gobierno de Rajoy para acometer la reforma de la ley cabe también en una sola palabra: CORAJE.