domingo, 14 de marzo de 2010

Aborto libre y progresismo



Miguel DELIBES de la Real Academia Española, ABC,Domingo , 14-03-10

En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad, habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.

Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia.

En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podría atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podría recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: Esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.






miércoles, 10 de marzo de 2010

“Detrás del proyecto de modificación de la ley religiosa en España…”

ENTREVISTA A ANDRÉS OLLERO, CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD JUAN CARLOS I / WWW.ZENIT.ORG / MIÉRCOLES 10 DE MARZO DE 2010

En plena crisis económica, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero introduce el proyecto de modificación de la ley de libertad religiosa en España, constata Andrés Ollero Tassara. Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Juan Carlos de Madrid y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas española, publica en este nuevo contexto el libro “Un Estado laico. La libertad religiosa en perspectiva constitucional” (Aranzadi, Thomson-Reuters), que amplía la versión de hace cinco años (pasando de 211 a 332 páginas y de 363 a 656 notas). A su juicio, algo que se ha hecho necesario puesto que estudia la libertad religiosa en perspectiva constitucional. “La Constitución española no ha cambiado y la libertad religiosa no es un derecho novedoso -aclara-; sin embargo, he debido añadir cien páginas y más de trescientas notas, porque para el gobierno español la presencia de la religión católica en el ámbito público se ha convertido en una obsesión”.

¿Qué cuestiones han surgido en los cinco últimos años?
El Tribunal Constitucional español ha sentado doctrina sobre la libertad de los obispos para proponer profesores de religión. Se ha actualizado la libre asignación tributaria a la Iglesia Católica por parte de los ciudadanos. A la vez, el Gobierno ha provocado una grave polémica al convertir en obligatoria una asignatura de formación ciudadana, rebosante de opciones morales, que antes se venía proponiendo desde ámbitos socialistas como mera alternativa a la formación religiosa. Al surgir millares de objetores de conciencia, el Gobierno ha cuestionado ese derecho encontrando sorprendente apoyo en una Sala del Tribunal Supremo, aunque aún deberá pronunciarse el Constitucional. En plena crisis económica parece ahora empeñado en convocar un concilio por lo civil.

¿Qué puede explicar esta peculiar atención a lo religioso?
Su convencimiento de que ganar unas elecciones confiere el derecho a imponer un código moral a la sociedad, incluso sobre aspectos no incluidos en el programa electoral. Un cargo electo socialista acaba de dimitir como protesta. La obvia autoridad moral de la Iglesia Católica es gubernamentalmente percibida como poder e intenta neutralizarla por una doble vía: cuestionar y restringir la presencia de lo católico en la vida pública, a la vez que promociona la de otras confesiones minoritarias, de espaldas a su efectivo arraigo social.

¿Puede aportar algún ejemplo al respecto?
El mismo Gobierno cuyos mentores cuestionan los funerales de Estado y la presencia de autoridades en actos religiosos, o pretenden ampararse en la recurrida sentencia de Estrasburgo sobre los crucifijos para quitar de inmediato los pocos que puedan quedar, propicia en una Universidad pública un curso de formación para imanes musulmanes. No sólo ha confeccionado menús especiales para los matriculados sino que ha hecho acondicionar una sala orientada a la Meca para facilitarles los ratos de oración. Todo esto merece elogio; lo que no se entiende es la curiosa asimetría de trato.

¿Qué cabe esperar de la anunciada reforma de la ley de libertad religiosa?
Acaba de aprobarse una ley de plazos sobre aborto, considerada inconstitucional por el Consejo fiscal, sin el apoyo del Consejo general del Poder Judicial, que sólo ha encontrado el visto bueno del Consejo de Estado en un informe de contenido muy crítico y bastante contradictorio. Parece que ahora se pretende abrir otro frente de batalla en la sociedad, que para algunos no es sino una maniobra de distracción ante la incapacidad gubernamental para hacer frente a la crisis económica. Como no se trata de solucionar problemas concretos experimentados por los ciudadanos, puede proponerse cualquier cosa en la línea restrictiva ya comentada.






jueves, 4 de marzo de 2010

Lo que se nos viene encima


Francisco Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho
ABC 4.III.2010

El Senado aprobó hace días la nueva ley del aborto. Lo hemos conseguido: el embrión de buitre leonado (hay multas por la destrucción de huevos) tendrá mayor protección jurídica que el feto humano. Hemos superado finalmente nuestra arrogancia "especista": ¿quién nos había dicho que teníamos más dignidad que los demás animales? ¿Qué nos habíamos creído? Henos aquí por fin equiparados con el hermano Lince y el admirable quebrantahuesos.

Querría llamar la atención sobre un aspecto de la ley Aído que ha escapado en general al análisis. Es una ley de 23 artículos...y sólo los arts. 12 a 23 regulan el aborto. ¿De qué tratan los anteriores? La Exposición de Motivos asegura que la nueva ley busca "garantizar los derechos relativos a la salud sexual y reproductiva[SSR]". Los españoles padecemos, según parece, una “salud sexual” muy deficiente, pero la ley Aído va a curamos (para ir abriendo boca el Ministerio de Igualdad ha invertido 26.000 euros en un mapa de la inervación y excitación del clítoris"). Sobre todo, va a curar a nuestros hijos, que gozarían de una "salud sexual" rozagante gracias a la formación que la ley ha previsto para ellos. Los arts. 1 al 11 trasudan obsesión por la pedagogía sexual: el sistema sanitario deberá "proporcionar educación sanitaria integral y con perspectiva de género sobre (art, 5.2)”; "los poderes públicos desarrollarán acciones informativas y de formación sobre SSR [...] dirigidas, principalmente, a la juventud" (art. 6)”; "el sistema educativo contemplará la formación en SSR incluyendo un enfoque integral que contribuya a [...] b) el reconocimiento de la diversidad sexual; c) el desarrollo armónico de la sexualidad acorde con la personalidad de los jóvenes [...]" (art. 9).

Términos como “integral", "enfoque de género", etc. esconden una densa carga ideológica. Para saber de qué se trata, se puede consultar el Borrador de Estrategia Nacional de Salud Reproductiva [ENSR] de 11/11/2O09, elaborado por el Ministerio de Sanidad. Son 192 páginas, la mitad de ellas doctrinales. Su lectura es dura. . . pero muy reveladora: ahí está la esencia de la nueva izquierda. La ideología que será enseñada en las escuelas (art.9). Señalemos algunas claves:

-El sexo como centro de la existencia: "el derecho a tener prácticas sexuales no reproductivas, es un "derecho humano universal, basado en la libertad, dignidad e igualdad" [P. 7] (ya la ley Aído revelaba en su preámbulo que "el desarrollo de la sexualidad está directamente vinculado a la dignidad de la persona”). El derecho al disfrute no debe verse obstaculizado ni por el temor a la maternidad, ni por “tabúes" morales. La ENSR aboga por “un concepto positivo de la salud sexual que incluye el bienestar, la satisfacción y el placer, dejando de lado la concepción de la sexualidad ligada a la represión, el miedo y lo moralmente bueno o malo" [P. 14].

-El placer sexual debe ser buscado como un fin en sí mismo; su condicionamiento al vínculo matrimonial (o, siquiera, a la existencia de un sentimiento) es castrante y culpabilizador: "antes se dignificaba la sexualidad mediante el matrimonio, [...] mientras que en la actualidad se exige en cambio su dignificación mediante el amor romántico. Esto indica la vivencia del deseo sexual con culpabilidad y vergüenza por parte de las mujeres [...]" [P. 25] (la ENSR constata que un porcentaje preocupante de mujeres –incluso jóvenes- sigue vinculando el sexo con el amor: este dato es interpretado como el resultado de la persistencia de “estereotipos sexistas” nocivos: cf. p. 38).

-Una vida tan orgasmocéntrica tropezará antes o después con un embarazo indeseado (pues los anticonceptivos pueden fallar, o a veces uno olvida utilizarlos). El derecho al placer es, por tanto, inseparable del derecho al aborto: "uno de los derechos básicos de las mujeres en materia de salud reproductiva es el derecho a decidir libremente la continuación o no de su embarazo" [P. 15].

-Los rasgos masculinos y femeninos (por ejemplo, la maternidad) no se basan en la naturaleza, sino en la cultura; son “roles”, que es preciso deconstruir: “los estereotipos acerca de lo que es ser hombre o ser mujer en nuestra sociedad tienen graves repercusiones para la vivencia de la sexualidad de un modo placentero” [P. 24]. Especialmente nefando es el “estereotipo” de la complementariedad hombre-mujer: “a mujeres y hombres se nos educa en un rol de complementariedad [...]. [A causa de ello] los individuos están mediatizados en sus comportamientos sexuales por las normas y la moral establecida, viéndose auto-juzgados y juzgados socialmente cuando tratan de transgredir lo que se espera para unas y otros” [P. 24].

-La maternidad es otro "mito" perjudicial para la mujer: "el mito del instinto maternal, supuestamente natural e intrínseco, predestina a las mujeres a ser madres para que posteriormente se dediquen al cuidado de las criaturas"; "el rol maternal tiene efectos profundos [...] en la desigualdad sexual” [P .27]; "la maternidad no es un hecho natural" [P. 28].

-Los niños tienen también derechos sexuales: "las personas tienen y viven su sexualidad desde que nacen hasta que mueren; tendrán diferentes necesidades relacionadas con la salud sexual, y necesitarán de servicios que les faciliten educación, atención, etc.” [P. 30]. Es precisa, pues, una "formación sexual integral desde la infancia": “a través de ella, mujeres y hombres podrán decidir con autonomía sobre su vida sexual, desde la niñez hasta la vejez. La educación sobre la sexualidad permite vivirla libremente sin temores ni prejuicios" [P. 69].

Esto es lo que se nos viene encima.






lunes, 1 de marzo de 2010

miércoles, 24 de febrero de 2010

Joaquín Manuel Montero Navarro


A/A Secretario General del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero

A/A Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín Iraola

Tras la aprobación esta misma tarde de la futura ley del aborto, ley Aído, en el Pleno del Senado con una ajustada mayoría de voluntades compradas a golpe de concesiones, este partido, el Partido Socialista Obrero Español, da un paso adelante en la conquista de la sinrazón en la que tanto camino tiene recorrido. Esta ley ha sido posible gracias a los males anteriores que ya habían sido asumidos:

Por un lado, la falta de libertad dentro del partido es un signo característico e inconfundible para percibir hasta dónde se han traicionado los valores democráticos que siempre caracterizaron a la Izquierda. No sólo acudimos a las anteriores Elecciones Generales de 2008 sin llevar en el programa electoral mención alguna a la ley que hoy se aprueba, sino que meses más tarde, en la ponencia marco del XXXVI Congreso Federal tampoco se hacía mención expresa a promover una nueva ley del aborto donde se considerase este como un derecho.

Hemos engañado al electorado al que representamos y hemos obviado el diálogo interno dentro del partido sobre un tema que, no sólo es contrario al humanismo universal que históricamente caracterizó al socialismo, sino que además divide a la sociedad dramáticamente. Este es un hecho antidemocrático sumamente grave.

Pero además, hemos contemplado estupefactos como se ha consensuado con los sectores nacionalistas más reaccionarios que el aborto sea un derecho sin límites, manteniendo el supuesto coladero hasta la 22ª semana. Aprendí de viejos y verdaderos militantes socialistas, que dieron hasta el último aliento de sus vidas por los ideales en los que creían, que “No hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo”. La propiedad sobre las personas ya fue abolida en la historia de la humanidad.

Es evidente que el socialismo, dentro de este partido, no puede ya superar los 40 años de vacaciones disfrutados durante la dictadura franquista, no ha sido capaz de conectar con el espíritu socialista de la clase obrera pobre que lo creó, por lo que pido que desde este mismo día conste mi baja como militante del PSOE. Así mismo pongo a disposición del partido los cargos electos que ocupo en el Ayuntamiento de Paradas (Sevilla). Jamás permitiré que mi nombre aparezca junto al de una organización que legitima la muerte de inocentes mediante la aprobación de leyes injustas.

En Paradas, a 24 de febrero de 2010

Fdo.: Joaquín Manuel Montero Navarro






Es evidente que hay muchos socialistas que están en contra del aborto, como en la Alemania nazi había muchos alemanes en contra del exterminio de los judíos, pero no todos valoran su conciencia por encima de su cargo o modus vivendi. ¡Y pensar que están todo el día hablando de ética y de valores!

Levantarse y ser visto

Decir la verdad tal como uno la ve requiere mucho valor cuando uno pertenece a una institución.

Cuando Kruschev pronunció su famosa denuncia de la era estalinista, cuentan que uno de los presentes en el Comité Central dijo: — «¿Dónde estabas tú, camarada Kruschev, cuando fueron asesinadas todas esas personas inocentes?».

Kruschev se detuvo, miró en torno por toda la sala y dijo: — «Agradecería que quien lo ha dicho tuviera la bondad de ponerse en pie».

La tensión se podía mascar en la sala. Pero nadie se levantó.

Entonces dijo Kruschev: — «Muy bien, ya tienes la respuesta, seas quien seas. Yo me encontraba exactamente en el mismo lugar en que tú estás ahora».

Jesús se habría levantado.






sábado, 6 de febrero de 2010

CARTA ABIERTA A JOSE BONO


De monseñor José Gea Escolano, obispo emérito de Mondoñedo-Ferrol

Estimado señor Bono:

Hace ya algún tiempo tuve el gusto de responderle a unas alusiones sobre mí que hizo en una televisión. Por las declaraciones que acaba de hacer, veo que sigue en la misma línea de entonces. Por lo que vuelvo a insistir en mi línea con una carta medio abierta, medio artículo.

Dice Ud. que «la opinión de quienes prefieren verme fuera de la Iglesia, excomulgado, condenado por herejía o ateo militante, la verdad es que no me interesa». No creo que a nadie nos interese verle excluido de la Iglesia; al contrario, pero es Ud. mismo quien se excluye.

Da la sensación de que se vincula a una iglesia que no existe. Dice que «gracias a Dios, la Iglesia es muy amplia, muy universal y muy grande». Y lo es, señor Bono, pero recuerde también que es una. No olvide que en el credo de la misa decimos: «Creo en la Santa Iglesia que es una...». Y tampoco olvide que es el credo que se proclama en la Iglesia de Roma desde los primeros siglos y que seguimos proclamando sin interrupción hasta nuestros días, sin añadir ni quitar una coma. Y en algunos actos importantes decimos: «Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar...». Supongo que también usted se gloriará de profesarla si se siente católico. No olvide que la Iglesia, además de universal, es muy grande, tiene una fe única, no una fe a la carta, que es por donde me parece que va yendo usted.

También dice: «Yo aspiro a que me dejen vivir en una Iglesia en la que el mandamiento principal sea el del amor, el del perdón, el de la fraternidad, y no el del miedo». Anda, pues yo también. Pero ¿a qué miedo se refiere? ¿Miedo a que la Iglesia proclame su fe con toda claridad? Es eso lo que incomoda a mucha gente. No incomodan determinados cardenales u obispos ni el propio Papa cuando proclaman con toda claridad la fe y la moral de la Iglesia. Lo que pasa es que hay quienes, por ejemplo Ud. mismo, quieren compaginar la fe y la moral de la Iglesia con el aborto, la eutanasia, las relaciones prematrimoniales, el matrimonio homosexual...
¿Qué quieren? ¿Que la Iglesia cambie de opinión en cuestiones de fe y de moral? Por poca formación cristiana que Ud. tenga, comprenderá que la Iglesia no puede hacerlo. Y si le niega la comunión sacramental, no es que la Iglesia lo aparte, sino que es Ud. quien se ha apartado. Porque lo admita o no, Sr. Bono, Ud. se ha situado fuera de la comunión eclesial. No comulga con la doctrina de la Iglesia y ¿qué quiere? ¿recibir el sacramento de la Eucaristía, símbolo de la unión?

Sea serio. Porque ¿sabe bien lo que ha hecho, Sr. Bono? Contribuir con su voto a que se asesine a miles de seres humanos. La Iglesia califica el aborto como «crimen abominable». ¿Y quiere comulgar sin arrepentirse públicamente? Sea serio, Sr. Bono, sea serio. Y no olvide que en el pecado va la penitencia; ya lo verá.

Dice Ud. por último: «Me emociona más el ejemplo de cristianos solidarios que entregan su vida por los demás que el discurso mitinero y radical de quien sólo busca votos». Y a mí también. En cuanto a votos, a mí no me interesan. A Ud. es posible que sí. No juegue con la fe.
Y acabo con unas palabras de San Pablo: «Me maravillo de que, abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio - no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo -. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!» (Gál. 1,6-9).

Es el mismo apóstol que escribe las cálidas palabras del himno a la caridad en Corintios 13, que sé que le gustan mucho. Mire, Sr. Bono, una de dos, o Ud. admite que abortar voluntariamente es siempre inmoral, o si no lo admite, se sitúa frontalmente en contra de la enseñanza de la Iglesia. Esto no es cuestión de miedos ni de opresión de la jerarquía ni de afán de dominio sobre nadie. Es proclamar con claridad el mandamiento de «no matarás». Porque el aborto es un asesinato ¿no?

Con todo afecto,
José Gea






sábado, 30 de enero de 2010

¿Estaba Dios en Hatí?


por Mons. Sebastián

En estos días estamos todos conmovidos por la catástrofe de Haití. Una vez más la naturaleza parece que se ensaña contra la vida de los hombres. Nos hablan de más de 200.000 muertos y tres millones de afectados. Uno de cada cuatro habitantes del país. Las televisiones nos han mostrado imágenes terribles. Hemos visto personas semienterradas pidiendo auxilio, madres afligidas llorando sobre sus hijos muertos, cadáveres amontonados en las calles.

Ante el sufrimiento de tanta gente inocente, no puede faltar quien plantea la pregunta de la audacia humana: ¿Cómo Dios puede permitir esto? Si es verdad que el mundo fue creado y está regido por un Dios bueno, ¿cómo es posible que ocurran estas calamidades? Algunos, con apariencia de una radical honestidad, dan un paso más: Ante estos hechos, vale más pensar que no hay ningún Dios en el Cielo. Si lo hubiera sería un ser muy cruel y muy injusto. El sufrimiento de los inocentes ha sido y está siendo argumento, aparentemente insuperable, para muchos ateos. Recordemos las novelas y el teatro de Albert Camus. Estos cuestionamientos parecen intelectualmente honestos y humanamente solidarios. En el fondo, por lo menos objetivamente, son bastante hipócritas, tirando a impíos, pues culpan a Dios de nuestros males sin preguntarnos por nuestra propia culpabilidad. ¿Podemos culpar a Dios de estas desgracias?”.

La reflexión y la revelación divina nos dicen que Dios creó todas las cosas existentes sabiamente y por amor. La Biblia nos dice hermosamente que Dios, después de haberlo creado, vio que el mundo, su mundo, era bueno y hermoso. Y luego nos creó a nosotros y puso el mundo en nuestras manos. Que el mundo es bueno y está creado para el hombre, a la vista está. En él encontramos con abundancia todo lo que necesitamos para vivir. A medida que lo conocemos mejor, encontramos más maravillas, más recursos, más posibilidades para una vida cada vez más amplia y más agradable. Otra cosa es cómo utilizamos nosotros las posibilidades que Dios ha puesto en el mundo para nuestra vida. El conocimiento y la utilización de los recursos del mundo responden a los deseos dominantes de los hombres y al estilo de vida imperante en las naciones más poderosas. Es curioso que los mayores adelantos técnicos aparezcan frecuentemente con ocasión de las guerras.

La verdad es que los hombres no utilizamos bien los abundantes recursos que Dios ha puesto en el mundo. La creación es limitada, vivir en el mundo tiene muchos riesgos. Pero los hombres tenemos capacidad para prevenirlos, para remediarlos, para defendernos de las agresiones de la naturaleza. Lo que ocurre es que somos egoístas, insensatos, queremos disfrutar del mundo sin compartirlo, investigamos y producimos lo que nos interesa para vivir bien unos pocos y dejamos a los demás abandonados a su suerte, abandonados a lo que pueda ocurrirles en su pobreza y en su indefensión. Luego tenemos la osadía de atribuir a Dios el sufrimiento de nuestros hermanos. Si los hombres fuéramos más justos y más sensatos buscaríamos siempre el bien de todos, no dejaríamos a nadie fuera de los bienes de Dios, no habría “primer mundo” y “tercer mundo”. Habría un mundo de hermanos, un mundo que progresaría junto y disfrutaría de manera parecida de los bienes y las ayudas de Dios. Somos nosotros, con nuestro egoísmo, hecho ciencia y hecho política, los responsables de la vulnerabilidad de nuestros hermanos.

Dios conoce nuestras limitaciones. Conoce incluso nuestros pecados. Y ha hecho todo lo que podía hacer para librarnos de su poder y de sus consecuencias. “A los suyos vino y los suyos no le recibieron”. Rechazamos, y muchos siguen rechazando, la ayuda de Dios. Estamos muy satisfechos de nosotros mismos. No queremos ayuda de nadie. Aun así El vino, sufrió el rechazo de sus hermanos, pagó su amor y su fidelidad con el sacrificio de su vida, entró él mismo en el catálogo de los rechazados, de las víctimas, de los abandonados. Nadie puede decir que Dios se haya mostrado insensible al dolor de los hombres. El mismo ha entrado en el mundo de la pobreza y del sufrimiento. El descendió hasta el fondo de la postración y del sufrimiento, en una muerte injusta, a manos de la injusticia y de las ambiciones de los hombres. Desde el abismo de su muerte nos sigue mostrando la verdad de su amor para que creamos en El, para que nos dejemos guiar por El, para lleguemos a construir, con su ayuda, un mundo de hermanos en donde el dolor sea vencido por el amor. Y nosotros seguimos satisfechos de nosotros mismos, orgullosos de nuestros pecados a pesar de los sufrimientos materiales y espirituales que oprimen a los hombres por todas partes. No debemos hablar de los castigos de Dios. Tenemos que hablar de la obstinación de nuestra soberbia, de las consecuencias de nuestros pecados.

En la providencia ordinaria Dios mantiene la estabilidad de las leyes de la naturaleza, pues de otra manera nosotros no podríamos vivir razonablemente, no podríamos proyectar ni construir nada. Necesitamos vivir en un mundo estable, de otro modo no podría haber ciencia ni construcciones técnicas de ninguna clase. La regularidad de las leyes del mundo tiene una ventaja, y es que nos permite calcular, prever, colaborar con la naturaleza. Pero tiene también un precio, quien las ignora o las vulnera lo paga. En nosotros está actuar con la prudencia necesaria para no desafiar las leyes de la naturaleza a las cuales también nosotros estamos sometidos. Si alguien por avaricia, o por cualquier otro motivo pecaminoso, hace una carretera mal, o no revisa adecuadamente los motores de un avión, o construye mal un puente, no podemos culpar a Dios de las consecuencias. En la mayoría de los casos, la causa de las desgracias naturales, son nuestro pecados, y en otros casos nuestras imprudencias, nuestras limitaciones.

El espíritu, la vida espiritual, tiene también sus leyes, que nosotros no valoramos en lo que se merecen, y quien va contra ellas, a la corta o a la larga, sufre también las consecuencias. Se cumple en nosotros el dicho popular “En el pecado lleva la penitencia”. La mayoría de los desastres que parecen naturales son consecuencia de nuestros pecados. Si, por avaricia, se monta un camping o se construye una barriada de casas en el lecho de un barranco, el día que llueva más de lo normal, el agua se llevará todo por delante. ¿Vamos a culpar a Dios? Si los hombres, con nuestras injusticias, dejamos a un pueblo aislado en la pobreza, con sus casas frágiles y sin las previsiones necesarias, el día que llega un terremoto ocurren calamidades como la que estamos lamentando. ¿Es Dios culpable o somos culpables quienes hemos dejado abandonados a su suerte a unos cuantos millones de hermanos? La causa, o la ocasión, de estas desgracias es la pobreza, y la pobreza no es obra de Dios sino de nuestros egoísmos. ¿Cuándo entenderemos que somos una familia de hermanos y que el mundo es de todos y para todos? Discutimos teorías sutiles sobre la autonomía de los gobiernos y la soberanía de los pueblos, hacemos leyes injustas, gastamos mucho dinero en cosas innecesarias, todo ello en vez de centrarnos en las cuestiones fundamentales de la justicia, la solidaridad y la fraternidad en el mundo. Si nuestro mundo fuera justo, si los hombres fuéramos justos y quisiéramos construir, entre todos y para todos, un mundo justo, sin bolsas de pobreza ni de analfabetismo, sin tantas diferencias y tantos abandonos, podríamos hacer frente a estas calamidades, no habría hambre, ni sida, ni tuberculosis, ni tantas otras cosas que afligen a nuestros hermanos más pobres y que nosotros podríamos evitar con el esfuerzo sostenido y compartido de todos.

Dios ha hecho todo lo que tenía que hacer. Nos toca a nosotros actuar según su sabiduría y sus mandatos. Se puede decir que ahora pagan justos por pecadores. Unos disfrutan de las riquezas del mundo y se protegen de sus amenazas. Otros quedan al margen de los bienes del mundo y tiene que vivir bajo la amenaza de las fuerzas de la naturaleza. Y es verdad. La respuesta definitiva, el argumento definitivo a favor de la justicia y la bondad de Dios es doble. Dios no desconoce el sufrimiento de sus hijos. Jesús, el Hijo de Dios, fue el primero que pagó, el justo por los pecadores. Es un riesgo de nuestro mundo y Dios quiso pasar por ese sufrimiento para poder comprender y consolar a todos los justos injustamente tratados en la vida. Jesús, el Hijo de Dios, también sufrió una muerte injusta, precoz, dolorosísima. Quiso compartir la suerte y la desgracia de los más pobres. Por encima de eso, Dios se ha comprometido a glorificar a todos los justos que sufren la injusticia del mundo, la injusticia del pecado. En Jesús, por la bondad de Dios, la muerte injusta quedó convertida en salto para la vida. Desde la muerte de Jesús nadie muere solo. Jesús nos espera en el momento justo de la muerte para darnos la victoria de la vida. El sufrimiento de los inocentes es el camino para llegar a la resurrección. Aquí vemos la fuerza cósmica de la resurrección de Jesús. Dios, Padre de todas sus criaturas, con su poder creador, con la fuerza de su Espíritu, levanta hasta la gloria de la vida eterna a los cuerpos inocentes destrozados por la fuerza ciega de la naturaleza y por la ceguera culpable de los muchos pecados de los hombres. El mal, la injusticia, el sufrimiento de los inocentes o de los pecadores arrepentidos, nunca tiene la última palabra. La muerte ha quedado vencida para siempre por la bondad del Dios de la vida. En la resurrección de Jesús, y en la promesa de la resurrección de los muertos se manifiesta para siempre la bondad y la justicia de Dios con todas sus criaturas.

¿Estaba Dios en Haití? Por supuesto que sí. Estaba recogiendo las almas de sus hijos atropellados por las fuerzas ciegas de la naturaleza por culpa de un mundo egoísta e inhumano. Estaba saliendo a su encuentro desde el dolor de su propia muerte. Estaba abriendo las puestas de la vida eterna a todos los inocentes privados injustamente de la vida que El mismo les había dado y que nosotros no hemos protegido. Y está ahora consolando, fortaleciendo, sosteniendo la esperanza de los que han quedado con vida, moviendo nuestros corazones para que les ayudemos ahora, ya que no fuimos capaces de ayudarles antes de manera preventiva. Los haitianos supervivientes que se reúnen en grupos para rezar y pedir la ayuda de Dios son más sabios que nosotros. Saben mejor que nosotros que Dios es siempre fuente de vida y de amor, también en los momentos de tribulación y de muerte. Sólo podremos librarnos de nuestras culpas aprendiendo la lección y cambiando de conducta en el futuro: Vivamos la fraternidad universal como Dios la quiere, levantemos ahora entre todos un Haití nuevo sobre bases de justicia y de fraternidad, construyamos un mundo justo en el que todos vivamos de una forma semejante, y en el que nadie quede desamparado al alcance de los zarpazos de una muerte prematura e injusta. Este tiene que ser por lo menos el compromiso sincero de los cristianos.






viernes, 11 de diciembre de 2009

El Tribunal Supremo italiano defiende los crucifijos y la soberanía nacional


La sentencia del Tribunal de Estrasburgo que obliga a retirar los crucifijos de la escuela pública “carece de legitimidad”, según sentencia el Constitucional italiano.


Italia ha reivindicado su soberanía nacional y la lilbertad religiosa con la sentencia del Constitucional.

El Tribunal Constitucional de Italia ha emitido un fallo que coloca a la ley italiana por encima del alto del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos que sancionaba los crucifijos de las escuelas públicas transalpinas. El pasado mes de noviembre el tribunal europeo ordenó que se retiraran todos los crucifijos de las escuelas estatales tras la denuncia de una madre. Este dictamen del tribunal de Estrasburgo causó indignación en Italia y los expertos advirtieron que la decisión socavaba la libertad religiosa y la soberanía nacional de los estados miembros de la Unión.

Ahora, el máximo representante legal italiano, el Tribunal Constitucional, ha sentenciado que el auto de Estrasburgo entra en conflicto con la Constitución italiana y que por lo tanto “carece de legitimidad”. Piero A. Tozzi, de la Familia Católica y Derechos humanos ha dicho que la decisión es una advertencia en contra de las resoluciones motivadas ideológicamente por el Tribunal de Estrasburgo y en contra de sobrepasar sus límites jurisdiccionales. El senador italiano Stephen Ceccanti destacó la importancia “del valor de la cultura religiosa del patrimonio histórico del pueblo italiano y de la contribución de los valores del constitucionalismo, y como un signo de valor dentro de los límites de la Constitución”.

Una sentencia polémica. Diversos sectores italianos habían tildado la sentencia de Estrasburgo de intrusista.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró el pasado 3 de noviembre que la presencia de crucifijos en las aulas de los colegios constituyen “una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y de “la libertad de religión de los alumnos”. El proceso se inició tras el recurso presentado por Soile Lautsi, una italiana de origen finlandés que el año 2002 pidió que se retiraran los crucifijos del instituto estatal italiano Vittorino da Feltre en el que estudiaban sus dos hijos.

En aquella ocasión la escuela se negó por considerar que el crucifijo forma parte del patrimonio cultural italiano, argumento que fue consensuado posteriormente en tribunales italianos.

Posteriormente, el Tribunal de Estrasburgo le dio la razón y declaró la exposición de crucifijos en las aulas de las escuelas públicas “una violación de los derechos fundamentales”. Lautsi apeló a este Tribunal después de numerosos intentos fallidos ante los tribunales italianos. Ahora, el Gobierno italiano tuvo que pagarle 5.000 euros “por los daños morales sufridos”. La sentencia constituyó la primera que este tribunal dependiente del Consejo de Europa emite en materia de símbolos religiosos en las aulas. La ministra de Educación, Mariastella Gelmini, mostró entonces públicamente su rechazo a la decisión del Tribunal y señaló que “nadie, aún menos un tribunal europeo impregnado de ideología, logrará arrancarnos nuestra identidad”. La ministra que repudió el fallo consideró que “la presencia de crucifijos en las aulas no significa una adhesión al catolicismo, sino que representan nuestra tradición”.






martes, 3 de noviembre de 2009

Valiente posición del Alcalde SOCIALISTA de Baena

TRAYECTORIA DE LUIS MORENO:
DELEGADO DE LA JUNTA DE 1983 A 1987.
PRIMER TENIENTE DE ALCALDE DEL 83 AL 91
DIPUTADO PROVINCIAL EN 1983.
DELEGADO DE OBRAS PUBLICAS DE 1987 A 1995.
DESDE ENTONCES, ALCALDE DE BAENA Y SENADOR EN ESTA LEGISLATURA.








sábado, 3 de octubre de 2009

Leyes inexorables


1.-TODO CUERPO SUMERGIDO EN LA BAÑERA HARÁ SONAR EL TELÉFONO. (Ley de Mevi Amatar)

2.-TODO CUERPO SENTADO EN EL INODORO HARÁ SONAR EL TIMBRE DE LA PUERTA. (Ley de Nicagar Puedeuno)

3.-CUANDO NECESITES ABRIR UNA PUERTA CON LA ÚNICA MANO LIBRE, LA LLAVE ESTARÁ EN EL BOLSILLO OPUESTO (Ley de Mecago Enlamar)

4.-LA ÚNICA VEZ QUE LA PUERTA SE CIERRA SOLA ES CUANDO HAS DEJADO LAS LLAVES DENTRO. (Ley de Angustias Negro Destino)

5.-CUANDO TENGAS LAS MANOS LLENAS DE GRASA, TE COMENZARÁ A PICAR LA NARIZ. (Ley de Vayusté Pordiós)

6.-EL SEGURO LO CUBRE TODO. MENOS LO QUE TE SUCEDIÓ (Ley de Esoco Rede Sucuenta)

7.-CUANDO LAS COSAS PARECEN IR MEJOR, ES QUE HAS PASADO ALGO POR ALTO. (Axioma de Chungo Palos Pollos)

8.-SI MANTIENES LA CALMA CUANDO TODOS PIERDEN LA CABEZA, SIN DUDA ES QUE NO HAS CAPTADO LA GRAVEDAD DEL PROBLEMA. (Axioma de Noten Teras)

9.-LOS PROBLEMAS NI SE CREAN, NI SE RESUELVEN, SÓLO SE TRANSFORMAN. (Ley de Esto Noesvida)

10.-LLEGARÁS CORRIENDO AL TELÉFONO JUSTO A TIEMPO PARA OÍR COMO CUELGAN. (Principio de Rinrin)

11.-SIEMPRE QUE TE VAYAS A CONECTAR A INTERNET, SE PRODUCIRÁ LA LLAMADA QUE HABÍAS ESTADO ESPERANDO DURANTE TODO EL DÍA. (Principio de Justo Ahora Hombre)

12.-SI SOLO HAY DOS PROGRAMAS EN LA TELE QUE VALGAN LA PENA VER, SERÁN A LA MISMA HORA. (Ley de Quena Rices Tienen)

13.-LA PROBABILIDAD DE QUE TE MANCHES COMIENDO, ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A LA NECESIDAD QUE TENGAS DE ESTAR LIMPIO. (Ley de Menudo Lamparón)

14.-LA VELOCIDAD DEL VIENTO AUMENTA PROPORCIONALMENTE SEGUN HAYA SIDO EL PRECIO DEL PEINADO. (Principio de LLongueras)

15.-CUANDO TRAS AÑOS DE HABER GUARDADO UNA COSA SIN USARLA DECIDES TIRARLA, NO PASARÁ MÁS DE UNA SEMANA SIN QUE LA NECESITES DE VERDAD. (Ley de Lama Dreque Loparió)

16.-SIEMPRE QUE LLEGUES PUNTUAL A UNA CITA NO HABRÁ NADIE ALLÍ PARA COMPROBARLO, Y SI POR EL CONTRARIO LLEGAS TARDE, TODO EL MUNDO HABRÁ LLEGADO ANTES QUE TÚ Y QUEDARÁS FATAL (Principio de Longines)

17.-NO TE TOMES TAN EN SERIO LA VIDA, AL FIN Y AL CABO NO SALDRÁS VIVO DE ELLA. (Teorema de Muertoaloyo Vivoalbollo)



FÓRMULAS

FÓRMULAS PARA HACER QUE LLUEVA:
* Diga: 'qué día tan bonito, ojalá siga así...'
* Lave el coche.
* Riegue el jardín.
* Lave toda la ropa que tenga y póngala a secar.
* Organice una barbacoa para la noche.
* Salga de casa a pie y sin abrigo.

FÓRMULA PARA ECHAR LIMÓN AL PESCADO:
* Ponga el pescado sobre su ojo derecho. Tome un limón y exprímalo apuntando en cualquier dirección, nunca falla.

FÓRMULA PARA HACER APARECER UN AUTOBÚS:
* Llegue a la parada. Espere veinte minutos. Enciéndase un cigarrillo y, en la mitad de la primera calada, aparecerá.

FÓRMULA PARA NO PODER APARCAR CERCA DE CASA:
* Pegue tres vueltas en la manzana de su casa buscando aparcamiento. Péguese 30 minutos más dando vueltas en las 10 manzanas más próximas. Termine aparcando finalmente en otro barrio a 30 minutos a pie de su casa. Cuando llegue a casa a pie, verá dos o tres sitios vacíos delante de ella.






domingo, 13 de septiembre de 2009

Quitaré el Crucifijo, Señorías

Ilustrísimos Sre/as Diputados/as:

Soy profesor en centro público y me dirijo a sus ilustrísimas para comunicar que procederé inmediatamente a la retirada del crucifijo tanto en el aula como en mi despacho, no esperaré a que me obligue la futura Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno.

¡Cómo hemos podido tardar tanto en darnos cuenta de que estamos en un Estado aconfesional y ninguna religión tiene carácter oficial! ¡Debemos avergonzarnos del daño que hemos podido causar por mantener ese símbolo tan insultante en nuestros espacios públicos! ¡Y cuánta falta de respeto y de sensibilidad democrática hacia los ciudadanos que no profesan tal religión!

Es imperdonable haber mantenido públicamente el símbolo de ese personaje judío que mereció tal muerte por denunciar la corrupción de los poderes políticos y religiosos de su época, por oponerse a la opresión y abusos que los gobernantes imponían al pueblo, por andar con prostitutas, ladrones e ilegales, que entregó su vida hasta el sacrificio en cruz por andar defendiendo la libertad, la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos.

No tardaré ni un minuto más en retirar el crucifijo por el que muchos millones de personas han entregado su vida. Retiraré el crucifijo porque no quiero seguir siendo responsable de que los alumnos y ciudadanos que lo vean descubran los valores de entrega, radicalidad, esfuerzo, amor y solidaridad que expresa ese judío colgado de la cruz, con los brazos abiertos en señal de acogida y perdón. Quitaré el crucifijo, no sea que quien lo vea caiga en la cuenta que hoy sigue habiendo muchos crucificados por las mismas causas y a los que sí habría que retirarlos también de sus cruces. Quitaré el crucifijo pues no quiero que mis alumnos piensen que entregar la propia vida por los demás es el valor más sublime.

En su lugar, ilustrísimas señorías, he pensando poner un preservativo, o un blister de píldoras del día después o una cureta cruzada con un fórceps con el que se provoca la interrupción del embarazo, cualquiera de ellos representaría perfectamente el valor supremo de la libertad. Pero pensándolo mejor, no sería buena idea, porque no todos lo entenderían y además no queda nada estético colocar junto a la foto del Borbón un condón.

Por ello he decidido sustituir el crucifijo por una Obra de Arte, de esas que nuestros artistas universales han producido y que están expuestas en los Museos de todo el mundo para que sean apreciadas por millones de ciudadanos. Una obra de arte no debe escandalizar ni provocar ningún perjuicio en las convicciones íntimas de quien la admira. He pensado en artistas como el genial Salvador Dalí, paisano de los de ERC, o en Mariano Benlliure, paisano de la Sra. Pajín, aunque me tienta poner a mis dos artistas favoritos, uno extremeño, Zurbarán; y otro como yo, andaluz, el universal Velázquez.


Y sería de gran ayuda que me ayudasen a decidirme: les muestro mis preferencias más abajo.

Santiago Vela






ALTERNATIVA AL CRUCIFIJO












sábado, 1 de agosto de 2009

Permitidme tutearos, imbéciles

Contraportada 21/09/2009
Arturo Pérez-Reverte (XL-Semanal)

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos»

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.






miércoles, 1 de julio de 2009

Test del hijo consentido

Algunos padres se indignan y con razón, ya que es bastante llamativa la despreocupación con que van por la vida algunos chicos de esta edad. A uno no le importa perder las zapatillas de deporte en el vestuario. Casi lo prefiere, porque entonces, le comprarán otras. A otro le da igual llegar a casa y dejar todo tirado por donde pasa, porque sabe que su madre con mayor o menor queja irá detrás de él recogiéndolo todo.

Otro quizá llegue a clase y diga que le falta un determinado libro, o el compás, “porque mi madre no me lo ha puesto en la cartera”. Y si un día sale de excursión, será igualmente su madre quien le prepare la mochila, y papá quien se encargue de ir a comprar, cual fiel vasallo, todo lo que el niño precise, mientras él reposa cómodamente.

Son ejemplos de casos de chicos consentidos. Tal vez esos mismos padres ni sepan que tienen en casa uno. De lo que sí son conscientes es que los ejemplos anteriores cuadran con sus hijos. No hay que asustarse, ni tirar la toalla, ni pensar “que fácil es decirlo”. Es preciso saber que es una batalla difícil, como todo en la educación.

Lo primero que hay que hacer para no criar un hijo consentido, es saber si tengo un hijo consentido en casa.

Te ponemos a continuación 10 preguntas que te pueden ayudar a detectarlo:

1/ Siempre se hace él mismo la cama;
2/ Se ocupa él mismo de mantener ordenada y limpia la propia habitación;
3/ Ayuda a poner la mesa o hacer algunas compras o trabajos en la casa;
4/ Se cepilla sus zapatos;
5/ Come de (casi) todo;
6/ No suele comer entre comidas;
7/ Prepara las cosas para ir al colegio, o la mochila cuando va de excursión;
8/ Pone cada cosa en su sitio después de usarla;
9/ Deja la ropa doblada por la noche;
10/ Recoge algo que se ha caído si pasa por delante y lo ve;

Si el test da positivo (muchos “noes” y pocos “sies”) lo que tienes que hacer es lo contrario de la pregunta. Es así de sencillo, no vale pensar que esto es para padres con más tiempo o padres de película de cine (de las antiguas claro). Hay que ponerse a trabajar llenos de entusiasmo…. Y de paciencia.




martes, 30 de junio de 2009

Conduccción sin exclusiones


Había una vez, en un país muy lejano, unos expertos en seguridad vial a quienes se les ocurrió la idea de que las multas eran clasistas. Y ciertamente lo son, porque una misma multa para una misma infracción es un castigo menos grave para quien tiene mucho dinero que para quien tiene poco. También consideraron que era clasista la retirada del carné, porque retirar el carné es un castigo más leve para el que conduce por gusto que para quien lo hace por necesidades de su trabajo. Además, un policía de tráfico, por muy honesto que sea, es un ser humano, y puede equivocarse. En esto tampoco estaban equivocados, un cierto porcentaje de multas y retiradas de carné son, inevitablemente, injustas. Para eliminar estas desigualdades e injusticias elaboraron una ley que despojaba a los policías de tráfico de toda autoridad, y suprimía las multas y las retiradas de carné. Esta nueva ley, que pretendía no excluir a nadie del derecho a la libre circulación, se denominó “Ley Orgánica de Conducción Sin Exclusiones”, aunque abreviadamente se la llamaba por sus siglas, la LOCSE.

Lo que sucedió después es lo que cualquiera, sin ser experto en seguridad vial, podía haber previsto: aumentaron los accidentes y la circulación se convirtió en un caos. En apariencia no se excluía a nadie, porque a nadie se le imponían multas ni se le quitaba el carné. En la práctica, se excluyó a los buenos conductores, que no se atrevían a utilizar el coche. Pero esta evidencia no hizo ninguna mella en el ánimo de quienes elaboraron la susodicha ley.

Después de constatar este empeoramiento de la situación, los expertos y especialistas en la materia se pusieron a estudiar las causas del fenómeno.

Unos dijeron que lo que hacía falta era más educación ciudadana, otros que el aumento de accidentes no era más que un síntoma de una sociedad cada vez más violenta y competitiva, y los de más allá echaron la culpa, ¡como no!, a la televisión, que constantemente da ejemplo de conductas antisociales y violentas.

También hubo quien dijo que parte del problema era debido al aumento de la emigración, como si un emigrante tuviera que ser a priori peor conductor que un aborigen. Ni por asomo se les ocurrió que la LOCSE pudiera ser una mala ley, esta posibilidad ni se consideró.

La oposición planteó preguntas en el parlamento y el gobierno creó comisiones de estudio, las cuales elaboraron unos informes plagados de números, gráficos y estadísticas. También gastó ingentes sumas de dinero en pagar a expertos en seguridad vial, que asesoraran y dieran cursillos a los conductores. Algunos de esos expertos no habían conducido en su vida, pero no por ello eran menos sabios. Los títulos de algunos de esos cursillos eran “Cómo resolver conflictos en la carretera”, “Seguridad vial y feminismo” y “Creatividad al volante”.

Pero todo era inútil. Siguió aumentando el número de siniestros, hasta que por fin un día, a algunos ciudadanos de ese país, a quienes les daba exactamente igual parecer políticamente incorrectos, se les ocurrió decir que todos los informes elaborados por los expertos eran pura charlatanería, y que la única solución estaba en reinstaurar las multas y las sanciones, por muy represivo y frustrante que esto pudiera ser, y por mucho que, irremediablemente, diera dar lugar a algunas injusticias y desigualdades.

Los expertos encargados de estudiar el tema se apresuraron a decir que esos ciudadanos eran unos nostálgicos, que añoraban tiempos pretéritos, y que no habían entendido el espíritu de la LOCSE, y que lo de volver a poner multas era una solución demasiado simple para un problema que en realidad era muy complejo.

También los policías de tráfico se quejaron, argumentando que, desprovistos de toda autoridad, su tarea se había hecho imposible. Los expertos respondieron que era muy cómodo cargar toda la culpa de una situación disparatada sobre la ley que había creado el disparate, y que en el problema todos tenían su parte de culpa, de modo que lo que necesitaban los policías de tráfico era hacer una autocrítica. Y también que debían cambiar su mentalidad, a fin de adecuarla a los nuevos tiempos.

Pero los accidentes siguieron en aumento, y entretanto los expertos siguieron ganando sus buenos dineros asesorando, redactando informes e impartiendo cursillos. Incluso uno de los máximos responsables de la LOCSE fue nombrado para un importante cargo cuya misión, entre otras, consistía en asesorar a los países latinoamericanos sobre seguridad vial.

Y así termina mi cuento.

Ricardo Moreno Castillo




sábado, 20 de junio de 2009

Apostasía sindical


Dicen los que se declaran ateos y anticlericales que el Estado no tiene por qué financiar a la Iglesia Católica y que ésta debe autofinanciarse. Y muchos, apuntándose a esta moda, hacen incluso apostasía de la religión católica.

Están en su derecho, ¡faltaría más!; pero con esos planteamiento, cabe preguntarse: ¿por qué los que nos declaramos políticamente “ateos” tenemos que financiar con nuestro dinero a los sindicatos afines al Gobierno? ¿Por qué no se autofinancian ellos con sus “feligreses”?. Este año, recibirán del estado 18 millones de euros más, que servirán para que ¡300.000 liberados! (liberados de todo trabajo, se entiende) sigan viviendo sin dar ni golpe.

¿Por qué en la declaración de la Renta no se pone una casilla para recaudar voluntariamente ese dinero?

Hay una diferencia: mientras el dinero que recauda la Iglesia se emplea en ayudas al necesitado, el que reciben los sindicatos que se llaman “obreros” (yo los llamaría “zánganos”) es para que sigan mamando de la ubre. Invito a los verdaderos trabajadores a declararse “apóstatas sindicales”, y que la cuota que paguen la empleen en ayudas humanitarias.

Antonio Bravo
Madrid





viernes, 12 de junio de 2009

10 tópicos abortistas

¿Por qué son injustos los tres supuestos de despenalización?
Despreciar la vida con el criterio de un mero plazo de tiempo es inhumano. Pero no es más humano suponer que otras circunstancias hacen indigna la vida.

Juan Cruz Cruz / Santiago Mata
Gaceta, publicado el8.01.2009

TÓPICO I
La mujer es dueña de su cuerpo

El feto se considera asimilable al organismo materno y eliminable como un trozo sobrante. Parece que tener un hijo concerniese exclusivamente a la mujer.

La realidad es que el óvulo fecundado o cigoto posee, reunidos en parejas, 23 cromosomas de la madre y 23 del padre. El ser fecundado es un individuo irrepetible, dotado de una estructura genética única, programada por el ADN, distinta a la de la madre.

Nadie se ha dado a sí mismo ni el cuerpo ni ningún componente de su ser. El padre y la madre son dueños del acto sexual, pero no del fruto de ese acto. Aunque jurídicamente la mujer sea dueña de su cuerpo, éste también es un núcleo de responsabilidades sociales, por ser el lugar en el que ha comenzado una nueva vida. Y esta vida nueva plantea derechos y responsabilidades. La responsabilidad que contraen la mujer y el hombre al engendrar no conlleva un derecho de condenar a muerte al hijo.

El nuevo ser depende de condiciones externas, ambientales y maternales; pero eso no añade nada a su ser sustancial, ni lo define como parte del organismo materno. Tampoco después de nacer puede un niño vivir independientemente de la madre o de los cuidados apropiados. No es independiente hasta la madurez. A este niño, ¿cabría negarle el derecho a seguir viviendo?

TÓPICO 2
El embrión es una masa sin actividad ni personalidad

Lo que crece en el vientre de la mujer no es un ser humano. A lo sumo el embrión es un proyecto, una posibilidad, un dibujo remoto de una persona. Carece de identidad orgánica y genética. No es viable.

a) Identidad genética. Los conocimientos biológicos confirman que en los 46 cromosomas del óvulo fecundado están ya inscritas todas las características del individuo: sexo, talla, color de los ojos y de los cabellos, forma del rostro y hasta temperamento.

El embrión muestra una enérgica individualidad en su funcionamiento. Al sexto día, con sólo milímetro y medio de longitud, comienza a estimular, con un mensaje químico, el cuerpo amarillo del ovario materno para suspender el ciclo menstrual y no ser expulsado. Es una primera afirmación de autonomía. Al decimoctavo día de vida (cuatro después de la falta de la regla) empieza a formarse el cerebro. Su minúsculo corazón late desde el día 21. A los 45 días después de la falta de la regla, el embrión mide 17 milímetros de largo. Tiene manos, pies, cabeza, órganos y cerebro, pudiéndose registrar ondulaciones en el electroencefalograma. A los 60 días de la falta, funciona ya su sistema nervioso. Después de la concepción, no hay un paso del no ser al ser humano. La vida humana está siempre en despliegue, y sólo relativamente pueden distinguirse fases en ella.

b) La viabilidad es también relativa: hace cuarenta años un niño era viable a las 30 semanas. Hoy puede serlo a las 20 semanas; y sobran indicios para pensar que en breve lo pueda ser a las 12 o 15 semanas.
¿El embrión es sólo humano si tiene actividad eléctrica cerebral?

Es cierto que el cerebro es el sustrato biológico necesario de toda actividad intelectual humana. Cuando la actividad cerebral falta, se obtiene un electroencefalograma plano. Puesto que el electroencefalograma de un embrión es plano hasta la octava semana del embarazo, ¿significa eso que no es vida humana?

Aparecen aquí dos nuevas cuestiones: en primer lugar, el problema decisivo de saber si lo que otorga carácter humano al embrión es primariamente el funcionamiento del cerebro. En segundo lugar, si pueden equipararse las dos situaciones aludidas de no funcionamiento del cerebro: la actividad que no ha aparecido todavía y la que ya ha desaparecido.

a) El embrión tiene carácter humano desde el momento de la fecundación. El dato básico de toda la Biología moderna es la célula, o sea, la más pequeña cantidad de materia que reúne todos los requisitos de un sistema viviente. El hombre es un ser pluricelular, cuya individualidad biológica se constituye en la célula originaria, que surge al fusionarse la célula reproductora masculina con la femenina.

A los 43 días de la fecundación se detecta ya una actividad eléctrica cerebral subcortical; a los 90 días aparece la actividad eléctrica cortical. Este desarrollo cortical del cerebro es a su vez muy lento. Ni siquiera el niño recién nacido posee la plenitud del despliegue cortical; es más, puede decirse que el recién nacido se comporta como un ser falto de corteza cerebral, ya que no ha culminado en su sistema nervioso ni la mielinización ni la formación neuronal. Sólo hacia los seis años queda acabado anatómicamente el cerebro.

Si el criterio diferenciador de la vida humana fuese la existencia y funcionamiento, más o menos perfectos, del cerebro, entonces ni el recién nacido estaría en situación de ser considerado como pleno ser humano. Negar al embrión sin actividad cerebral la condición de hombre es tan falaz como negar la condición humana al adolescente porque todavía no es adulto.

b) Por lo dicho se comprende que no pueden equipararse las dos situaciones de no funcionamiento del cerebro: la del que no funciona todavía y la del que no funciona ya. En el caso de la muerte de un individuo es síntoma de un proceso irreversible. En cambio, en el comienzo de la vida embrionaria, es síntoma de una plenitud de potencialidades, rebosantes de vida.
¿Puede decirse que el feto no tiene ni alma ni personalidad?

No puede decirse que la inteligencia racional aparezca en el niño una vez acaecido el nacimiento. Los psicólogos explican que las funciones específicas de la inteligencia, como intuir, razonar y abstraer, llegan a su plenitud en la adolescencia: ni siquiera están acabadas en la infancia.

El tópico confunde la posesión de inteligencia con su ejercicio actual. La inteligencia racional, como facultad espiritual cognoscitiva del hombre, se despliega en la medida en que el sustrato orgánico o cerebro lo permite. Pero puede permitirlo sólo porque está ya animado. El alma es el principio espiritual por el que el embrión humano desarrolla una corporalidad precisa y un cerebro complicadísimo que permite que se ejercite una de las funciones anímicas: el entender racional.

Incluso los autores que estuvieron a favor de que el alma racional no aparecía en el feto desde el principio, no por ello dejaban de considerar el aborto como un delito contra la vida humana que, según su opinión, era persona en potencia.

Porque aunque no tuviésemos certeza del momento exacto en que el alma humana entra en el cuerpo, no podemos matar un feto si solo es probablemente no humano, de la misma manera que no enterramos a un adulto que sólo está probablemente muerto.

TÓPICO 3
Una cosa es el 'aborto' y otra la 'interrupción voluntaria del embarazo'

Con la llamada ley del aborto sólo se presupone la interrupcion del embarazo; muchas personas que serían contrarias a un aborto avanzado, sin embargo son partidarias de la interrupción voluntaria del embarazo en sus comienzos.

El tópico supone que la falta de regla en la mujer por causa de embarazo puede considerarse como algo anormal que ha de atajarse en cualquier momento; por ejemplo, impidiendo enseguida la anidación del óvulo fecundado, mediante los llamados anticonceptivos orales, muchos de los cuales tienen efectos abortivos sobre el óvulo fecundado, efectos que son suavizados con expresiones como “control de la ovulación, reposo ovárico, regulador del ciclo”, etc.

De hecho estos anticonceptivos orales actúan primero sobre el hipotálamo, por cuyo mecanismo bloquean la ovulación; después sobre las trompas: bien con estrógenos que, al aumentar la movilidad, hacen que el óvulo fecundado llegue al útero antes de estar preparado para la anidación; bien con gestágenos que, al disminuir la movilidad, hacen que el óvulo llegue tarde al útero, cuando ya ha muerto por falta de nutrición. Asimismo el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio quede dispuesto para recibir y anidar el óvulo fecundado.

La interrupción del embarazo, por contraceptivos orales en su primera fase, o por métodos más violentos en fases avanzadas, es siempre un aborto; o sea, un atentado que pone fin a una vida humana inocente. Al contrario de las cosas que se interrumpen, no hay modo de volverla a poner en marcha.

Tópico 4
Legalizar no es aprobar

La ley civil no coincide con la ley moral. Según este tópico, una ley del aborto no intenta promover abortos, sino regular su práctica sanitaria fiable. La ley ha de procurar el remedio para una situación, sin entrar en indicaciones éticas.

Los abortistas confunden realidad con situación de hecho. Esta última es la opresión de un hombre en un campo de concentración, en una explotación minera antihumana, en un aborto provocado. Realidad, en cambio, es el ser del hombre, cuyo desarrollo hay que favorecer. Y la ley no está para mantener situaciones de hecho, sino para lograr que el hombre alcance lo que potencialmente es, protegiéndolo y estimulándolo.

Si la función de la ley fuese consagrar las situaciones de hecho, tendría que ser así en todos los casos, y no sólo en el del aborto. Es cierto que la despenalización (y legalización) no convierte la acción criminal en buena. Pero las estadísticas muestran que, en la práctica, la despenalización del aborto ha implicado su aumento.
Este tópico se mezcla en los siguientes argumentos:
Bien está que la criatura nazca cuando es querida previamente por sus progenitores, pero si no la desean o no la han planificado, es una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja. Este argumento responde a un enfoque individualista, propio de capitalistas y liberales. El mayor número de abortos se produce motivado por la afirmación de la libertad sin responsabilidades, o sea, por razones de conveniencia y bienestar.

Hay dos tesis capitales del invidualismo. Primera: que todos los hombres son buenos, libres e iguales por naturaleza, con derecho a esa forma de felicidad que se llama amor, buscado libremente. Segunda: que, por la bondad natural del hombre, las tendencias amorosas están en nosotros para que las sigamos, sin considerar sus consecuencias.

El individualismo ignora que el verdadero ámbito interpersonal es la unión moral de sujetos que realizan un fin conocido y querido por ellos: su bien común. En un ámbito interpersonal con unidad de fin y unidad de voluntades, las relaciones entre personas no están determinadas puramente por los individuos sino por el bien común. Aquí se cumple el adagio: el todo es más que la suma de sus partes. Y es así porque nosotros no nos hemos hecho sexualmente complementarios; ni físicamente aptos para procrear. Asumimos el proyecto de fecundidad en el hijo. Los esposos no son rivales, ni hace cada uno su negocio. Hay un consorcio de vida, una comunidad donde lo primario no es el acuerdo de voluntades, sino el fin por el que se unen libremente.

Una señal de la especificidad racional del hombre es que puede prever las consecuencias de sus actos y responder de ellos. Su conducta sexual no es una excepción. Traer una nueva vida es justamente uno de los fines del amor conyugal.

¿Lo engendrado es humano sólo si los padres lo aceptan?

Este argumento supone que la vida humana carece de valor intrínseco, independiente de lo que hacen los otros para hacerla verdaderamente humana. Responde al enfoque colectivista, propio del socialismo marxista y del fascismo nazi.

El colectivismo subraya algo cierto: que el hombre vive en sociedad. Su inteligencia, su voluntad y sus sentimientos no podrían desplegarse adecuadamente sin la presencia de los demás. La sociedad no es una simple suma de individuos, sino la suma de esos individuos, más unas relaciones originales que tienen leyes propias. Pero esas relaciones no son el hombre, sino que son del hombre, cuyo ser es más original y profundo que las relaciones que lo ligan a los demás.

La persona posee anterioridad natural respecto de la sociedad, de tal manera que sus derechos no le vienen del medio social en que vive, sino de su condición sustantiva de ser persona.

Tópico 5
La ley que penaliza el aborto es represiva, en cambio la que lo liberaliza es democrática

Es de aplaudir la reforma de leyes represivas cuando éstas se dirigen a limitar o impedir la libertad debida del individuo; pero no cuando coartan las acciones de una libertad que atenta contra el derecho de otra persona, en nuestro caso el niño no nacido. La madre sabe que la ley del aborto ha sido represiva sólo para el hijo que ha llevado en sus entrañas.

¿Exigen la democracia y el pluralismo ideológico despenalizar el aborto?

De ningún modo es aceptable que la mayoría pueda decidir acerca de lo que es o no conforme con el bien natural del hombre. En tal caso desembocaríamos una vez más en la tiranía de la mayoría. En el aborto, nadie ha pedido su opinión al que está por nacer a propósito de si quiere o no nacer, ni se le podría pedir. Lo único que aquí cuenta es la naturaleza del embrión, cuya tendencia fundamental es a seguir siendo. No se trata de una materia opinable, sino del hecho cierto, atestiguado por la ciencia, de una vida humana, que no espera para ser real el acuerdo en las opiniones de los mayores.

Quien debe ser respetada es toda persona, no toda opinión, puesto que hay opiniones falsas como la que sostuviera la licitud del aborto. No se puede invocar la libertad de opinión y la democracia para atentar contra los derechos de los demás, especialmente contra el derecho a la vida de un inocente.

El tópico olvida que análogamente a como la libertad cuenta con condicionamientos naturales, también tiene en la conformidad con la ley moral su meta: se trata de un vínculo que no es establecido por la propia libertad. Y el verdadero progreso está en que la actividad del hombre y las leyes sociales se conformen cada vez más a esa meta moral.

Jean Toulat, autor de Le Droit de naitre, afirmaba en Le Monde: “la actitud de progreso consiste en promover una real libertad de no abortar. Hay que tomar medidas de orden familiar y social para favorecer la protección de la vida. Estas medidas ayudarían a que la mujer evitara esta prueba del aborto”.

Tópico 6
Es necesario impedirlos abortos clandestinos

Se empieza acudiendo a casos dramáticos, confesiones de mujeres que han sufrido un aborto clandestino en pésimas condiciones sanitarias; a embarazadas que han muerto tras un aborto clandestino, etc.

La verdad es que como, una vez aprobado, no todas las mujeres pueden ampararse en la ley, se siguen produciendo abortos clandestinos. Ello lleva a liberalizar en mayor grado la ley, para que no exista discriminación y así consagrar el aborto a petición.

Christopher Tietze, experto en estadísticas sanitarias, asegura que es dudoso que en los países que aceptan legalmente el aborto haya descendido el número de abortos clandestinos. A la misma conclusión llegan los doctores Hilgers y Shearin.

Y es que muchas personas, para evitar la publicidad y oficialidad, los papeleos, las certificaciones, la inspección pública, con el riesgo de divulgación que acarrean, se inclinan por la clandestinidad del aborto. Sólo cuando a la sociedad se le haya extirpado la conciencia que dicta la inmoralidad de un crimen acabarán las mujeres sometiéndose al aborto en una institución pública, oficial.

Tópico 7
No se debe nacer para el hambre y la miseria. Es injusto que sólo puedan abortar los ricos

Es el argumento más hipócrita que se conoce: Podrías vivir, pero como quizá te falte cariño, medios de vida, etc., te mato.

El aborto permitido no va a nivelar las diferencias económicas, sino que va a extender un mal; y va a gravar las conciencias de las madres con una acción que ellas reconocen como injusta. Lo que se debe buscar no es facilitar tal acción, sino asistir en los momentos difíciles a las madres, evitándoles que sean víctimas de su debilidad.
Los médicos que practican abortos salen siempre favorecidos económicamente. Un médico abortista neoyorkino declaró en la revista Medical Economics: “En lo económico, después de tantos años de lucha, no puedo dejar de sentirme un poco como el tejano que cavó buscando agua y dio con petróleo”.

Con la legalización del aborto, se pretende que esta matanza la pague el contribuyente español, incluido el que rechace el aborto por razones científicas o incluso morales.

Si la sociedad no debe pagar este precio de sangre, ha de proporcionar a las madres que pasan por situaciones difíciles otras soluciones que no sean la del aborto. Y por lo que hace a los pobres, el Estado debe elevar su nivel de vida y hacer que su existencia sea cada vez más digna. No se elimina la pobreza eliminando a los inocentes o matando a los pobres.

Este milagroso remedio, aplicado a cualquier territorio tiene indiscutiblemente un efecto boomerang que acaba por golpear al país que lo aplica. Muchas naciones que practican el aborto (La peste blanca, según el título del conocido libro de Pierre Chaunu y Georges Suffert) están por debajo del crecimiento cero, demográfico y económico. Se encuentran en la vía del autogenocidio.

TÓPICO 8
Exigencias de la salud física y psíquica de la madre

Este tópico pretende justificar el llamado aborto terapéutico, destinado a eliminar al feto por razones médicas o terapéuticas: el peligro para la salud física o psíquica de la mujer.

a) Salud física de la madre. En los rarísimos casos en que se verifican las dos condiciones de peligro de muerte inminente y de seguro agravamiento del estado de la madre en el transcurso del embarazo —cardiopatías graves o formas nefropáticas crónicas—, la medicina está hoy en condiciones de salvar tanto la vida del niño como la de la madre. Hasta el punto de que es fácil hacer una intervención quirúrgica de corazón o recurrir al empleo del riñón artificial durante la gestación, sin perjuicio para nadie.

Cada vez son más imaginarios —o poco reales—, los casos en que hubiera que salvar una de las dos vidas a costa de la otra. Teóricamente sería lícito pretender la curación de la madre, aun cuando de modo indirecto y no pretendido se cause perjuicio al feto.

El aborto es indirecto cuando la muerte del feto se sigue como efecto, quizá necesario pero no principal, de un medicamento o de un acto médico (como la extirpación de un cáncer de útero) para curar una enfermedad de la madre. Aquí resultan dos efectos de una misma acción: uno bueno, directo y principal (salud de la madre), otro malo y secundario (muerte del feto). De estos dos efectos, uno es el buscado y otro el que puede seguirse de un modo incidental.

b) Salud psíquica. La alteración nerviosa puede estar causada o bien por la futura existencia del niño —no deseada o temida desde el comienzo del embarazo—, o bien por la gestación en sí misma, como fenómeno fisiológico.

En el caso del niño no deseado, la pérdida de la serenidad psicológica podría servir como argumento para quitar la existencia a todo hombre adulto que alterase a otro. En el caso de que la gravidez fisiológica provoque alteraciones nerviosas (esquizofrenia y psicosis maníacodepresivas), los neurólogos y psiquiatras más autorizados afirman que “no conocemos, directamente por nuestra experiencia ni a través de escritos, casos de este tipo que exijan como única solución el aborto”. Así se expresa el neurólogo holandés J. J. Patrick.

La dificultad estriba en admitir sencillamente que el feto es una vida humana, por la que de alguna manera merece la pena aceptar algún riesgo medido, algún sacrificio no mortal por parte de la madre. La mujer, después del aborto, lejos de conquistar la serenidad psíquica, se ve sometida normalmente a un sentimiento de culpa y a una desorganización psíquica comprensible. “Las probabilidades de trastornos psiquiátricos serios y permanentes (después de un aborto) son del 9% al 59 %”, dice un estudio recogido en el Congreso de la Real Academia de Obstetricia y Ginecología de Inglaterra en 1966.

TÓPICO 9
Hay que evitar el sufrimiento de los hijos con malformaciones genéticas

En el fondo de este argumento no hay un sentimiento de piedad, sino un concepto equivocado del hombre, cuyo valor existencial es absoluto, intocable.

El hecho de que, como indica Rosalie Craig, nunca una organización de padres de niños retrasados haya favorecido el aborto, indica a las claras que el contacto directo y vivo con estos disminuidos ofrece la experiencia de que se trata de seres humanos, cuyo apego y disfrute de la vida tiene para ellos un valor absoluto.

Incide aquí un tópico ya expuesto: el feto no sería ser humano hasta que los padres lo aceptaran; sólo a través de las relaciones que estableciera con la comunidad podría hacerse hombre. Si una mujer, a través de exámenes médicos, sabe que su concebido tiene síndrome de Down, estaría en su derecho para rechazarlo. Un ser inútil —le dirán— es una carga social y nunca llegará a ser hombre. No se le puede imponer a la sociedad el peso de tal ser.

Ahora bien, ya vimos que la respuesta a dicho tópico es que el hombre no se reduce a la suma de relaciones que puede guardar con los demás; su esencia profunda reside en su índole espiritual, por la cual podrá ejercer, aunque sea tenuemente, la libertad. Nadie ha podido demostrar que un discapacitado carezca de pensamiento y de libertad, por disminuido que esté su ejercicio.

¿Nos hemos preguntado qué es un discapacitado para sí mismo? ¿Hemos considerado que para él su existencia, su vida, es lo único que tiene? ¿Qué pensarán los discapacitados físicos—tetrapléjicos, etc.— cuando oyen que lo mejor para ellos es no haber nacido? ¿Dirán que han tenido suerte de nacer porque al ser concebidos no existía todavía una ley que permitiera matarlos?

En una carta publicada por el desaparecido diario Ya el 10 de febrero de 1983, se leía:

“Soy una chica de 28 años que en el vientre materno sufrió una malformación, por lo que nacería sordomuda... Quisiera hacer patente la gran labor que hicieron mis padres por sacarme adelante y ofrecerme los medios posibles para desarrollarme tanto física como intelectualmente... Puedo decir que he conocido, aprendido y experimentado como la mayoría de las personas, excepto en una cosa, que es el sentido de la audición y del habla normal. Algo que, efectivamente, eché de menos con frecuencia, pero que jamás me quitó la alegría de vivir. También tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que tienen otra deficiencia (ceguera, parálisis, retraso mental...) y viéndolas y hablando con ellas jamás tuve la imbecilidad de pensar que sería mejor para ellos renunciar a su primer derecho fundamental”.

¿Quieren las personas con discapacidades que las maten? La experiencia dice que no.

Quienes no dejan vivir a un ser humano al que consideran subnormal estiman que los contenidos de una calidad de vida son superiores a la vida misma. Una vida de escasa calidad no merecería ser vivida. El metro de esa calidad de vida es, para estos salvadores, meramente utilitario, a saber: hay calidad de vida cuando se está en el confort prefabricado (tener coche y electrodomésticos), en el bienestar sobreentendido, en el lujo ofrecido (viajar y gozar ilimitadamente del ocio), en el nivel intelectual de una sociedad consumista. Este es el único patrón por el que se mide y decide qué existencias son dignas o indignas de ser vividas.

El sufrimiento que posiblemente padezca un discapacitado en el curso de su desarrollo no lo podemos medir con la vara del sufrimiento de una persona con su total capacidad psíquica desarrollada. Jamás sabremos qué destino puede hacer un disminuido de sus escasas dotaciones. Pero lo cierto es que lo único que para él vale la pena es vivir. Los hijos deficientes y subnormales son, con frecuencia, los más queridos por sus padres, aun cuando antes de nacer hubieran sido no deseados.

Si el aborto es un sistema de prevención de la subnormalidad, prevenir los accidentes en carretera exigiría matar a todos los conductores. Si no se justifica la muerte del malformado ya nacido, ¿por qué se va a justificar la muerte del no nacido?

Es un racismo intolerable conceder la existencia sólo a los bien dotados. Ello llevaría análogamente a quitar la vida a los ancianos improductivos y a los enfermos incurables, etc. Eso hizo Hitler, ejecutando primero a los discapacitados, después a los asociales de las prisiones y finalmente a los judíos, considerados racialmente defectuosos. ¿Qué línea racional separa el matar a un no nacido del eliminar a un ser con alguna falta?

TÓPICO 10
Solución en casos de violación

Según este tópico, el aborto habría que permitirlo cuando el embarazo haya sido consecuencia de una violación, para evitar que una muchacha indefensa quede marcada por el horror y la vergüenza ante la sociedad.

Una vez más, hay que respetar los derechos del viviente humano, sin que ello pueda ser modificado por las circunstancias anormales en que se produjo el embarazo. Tales circunstancias atenúan la gravedad de la acción, pero no la modifican sustancialmente. Con el aborto sólo añade una nueva culpa a la anterior. El niño concebido es aquí inocente; no ha tenido parte ni culpa en la violación.

El injusto agresor de la mujer no es el niño, sino el violador. ¿Por qué no matar al violador? ¿Por qué el delito cometido por el padre ha de ser pagado con la vida por el hijo inocente? ¿Dónde hay en el mundo una legislación que sentencie a muerte al hijo de un criminal?

Conviene aclarar que el embarazo por violación es raro. Los Willke indican que un estudio llevado a cabo en St. Paul de Minneapolis sobre 3.500 casos de violación, durante un período de diez años, no pudo registrar un solo caso de embarazo. La circunstancia anormal en que una violación se produce impide la concepción. En España, los casos declarados en que se ha abortado bajo este supuesto han pasado de uno por cada 5.000 en 1996 a uno por cada 11.214 en 2007.

La angustia de la mujer violada (angustia que la sociedad y la familia tienen la obligación de comprender y dulcificar) no se elimina, sino que se incrementa con el trauma de muerte inhumana del hijo.