viernes, 24 de agosto de 2012

El caso del magistrado español Andrés Ollero

MADRID, (ZENIT.org)  
Rafael Navarro-Valls

Ofrecemos a nuestros lectores, en la sección Observatorio Jurídico, un artículo de nuestro colaborador habitual Rafael Navarro-Valls, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Esta vez aborda el tema de la función de los jueces y la cuestión de su imparcialidad.  



El mes de agosto suele ser el de las "serpientes de verano". La escasez de noticias convierte en "première mondiale" sucesos curiosos o de poca entidad. Figúrense ustedes que la noticia estrella en este mes de agosto español --aparte de los lamentables incendios provocados- es la de una octogenaria que, llena de buena intención, pero nula técnica, ha intentado "reparar" por libre un cuadro de una Iglesia rural, transformándolo en un adefesio. La noticia lleva camino de convertirse en sainete mundial en el ciberespacio.

Algo de sainete -aunque con un trasfondo de drama judicial- tiene la noticia de que un magistrado del Tribunal Constitucional español acaba de ser encargado de elaborar la ponencia que conocerá del recurso de inconstitucionalidad presentado contra la ley de "Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo", conocida por ley de aborto de plazos. El tema no tendría mayor importancia -un simple proceso de mecánica judicial- si no fuera porque el ponente es un prestigioso jurista español, conocido, entre otras muchas cosas, por algunos trabajos técnico/jurídicos reticentes con la figura jurídico/médica del aborto provocado.

"Santidad, deshaga las maletas"

Tal vez por la escasez de noticias, alguna prensa española -jaleada por el partido que elaboró la ley objeto de examen de constitucionalidad- ha puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) exigiendo que el magistrado en cuestión renuncie al encargo recibido de sus compañeros de Tribunal. El motivo, aparte de sus escritos científicos sobre el tema del aborto, es su condición de miembro del Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que, como cualquier otra organización de esa Iglesia, defiende el derecho fundamental a la vida, también la del no nacido.





El alboroto de algún sector de la prensa me recuerda algunos sucesos históricos de la carrera a la presidencia de Estados Unidos, a la que estos días asistimos. No me refiero a Obama y Romney, sino a dos católicos que aspiraron -uno con éxito- a la Casa Blanca: Al Smith y John F. Kennendy. Permítanme que me refiera a ellos, por la relación con el tema del magistrado español.

Como es sabido, el primero -durante cuatro mandatos Gobernador de Nueva York y católico- fue elegido candidato demócrata a la Presidencia en las elecciones de 1928. Un sector de sus adversarios comenzó una campaña -a la que se unió el Ku Klux Klan- poniendo en duda que un presidente católico pudiera armonizar su fe con los principios de libertad religiosa y separación Iglesia/Estado establecida en la Constitución. Prácticamente acusaron al candidato demócrata de preparar el terreno para que el Papa se apoderara de América. Al Smith perdió las elecciones. La leyenda política narra jocosamente que el vencido envió al pontífice este escueto telegrama: "Santidad, deshaga las maletas".

Cuando empezó la campaña de Kennedy en 1960, el joven candidato no temía demasiado que su condición de católico se convirtiera en un problema intelectualmente relevante. Lo que temía -y en parte se confirmó- es que las manipulaciones de sus adversarios lo transformaran en lo que Schlesinger llamó "una ominosa corriente de rencor subterráneo", que lo asemejara a una especie de hooligan católico. Lo que podría llamarse la ofensiva del "macarthysmo religioso". Ganó las elecciones, a pesar de los recelos, y con su triunfo rompió una barrera que constituyó un enorme salto hacia adelante en materia de tolerancia religiosa.

La laicidad beata

Hoy, en la Cámara de Representantes de Estados Unidos hay más de 150 congresistas católicos; en el Senado, uno de cada cuatro. Y en el Tribunal Supremo (el equivalente al Constitucional español) de 9 magistrados, 6 son católicos. Ciertamente, en las sesiones (hearings) y los interrogatorios previos se pregunta de todo. Pero una vez confirmado por el Senado, jamás se le ha discutido a uno de los magistrados la atribución de una ponencia basándose en sus idea religiosas. Lo cual nos lleva de nuevo al caso del magistrado español.

Andrés Ollero -que así se llama el jurista de marras- fue elegido magistrado del TC español por los votos de una coalición circunstancial de los dos grandes Partidos españoles. Una confortable mayoría de doscientos sesenta miembros del Congreso de los Diputados. Anteriormente, se sometió -como los otros nominados- a un interrogatorio en la correspondiente Comisión del Congreso. Se le preguntó de todo y salió "indemne" del debate.

Resucitar ahora el tema, es un inútil ejercicio de guerra fría religiosa, una especie de "laicidad beata" llena de nerviosismo ante posiciones en la vida pública, cuya gran herejía ideológica consiste en alinearse en categorías jurídicas insertas en el código genético de Occidente. Una suerte de policía mental, cuyos agentes se dedican a una nueva caza de brujas, en la que la primera baja suele ser la libertad. En definitiva, una discutible intromisión en los trabajos internos de una institución que si tiene necesidad de algo es de sosiego para emitir imparcialmente sus sentencias.
 
La función de los jueces

Desde luego, éstas últimas no son traídas de París por pacíficas cigüeñas. Son "paridas" por personas de carne y hueso: con pasiones, convicciones y prejuicios. Entre otras cosas, porque los jueces son humanos, sus sentencias beben de estados de opinión que subyacen en las corrientes políticas y económicas de cada época.. Es injusto e inútil intentar recluir en el Pantheon jurídico todas las convicciones conexas con el mundo de los valores, marcando con la sospecha a las personas (incluidas los jueces) que mantienen posiciones profundamente arraigadas. Con esta postura condenamos al exilio a todo un sector amplísimo de la clase judicial.

A un jurista no hay que pedirle que carezca de convicciones. Lo que se le pide es que, al desempeñar su cargo en un Tribunal, no anteponga sus ideas personales al respeto de las leyes, ni busque sus intereses por encima de los del bien común. Sería suicida poner en duda la cualificación de un creyente para el ejercicio de un puesto judicial. Si lo hacemos, tendríamos que recluir en el mismo apartheid a todos los otros magistrados de firmes convicciones ideológicas de signo contrario. Si un creyente fuese sospechoso de parcialidad, los restantes no creyentes o posicionados en posturas ideológicas opuestas serían sospechosos de quintacolumnistas. El desorden axiológico y jurídico sería descomunal.

Presunción de imparcialidad

El problema de un juez pertrechado de un bagage de convicciones, del signo que sean, es mantener jurídicamente operativas -en los casos que es llamado a juzgar- las que contribuyen al bien común y moderar las que no se ajustan al derecho aplicable. El dilema es que las interpretaciones posibles de un cuerpo legal son varias. Los juristas solemos decir que el Derecho sería muy aburrido si todos opináramos lo mismo. Lo cual no quiere decir, claro está, el posicionamiento en un limbo jurídico en que todo vale.

No hay que olvidar que los magistrados del Tribunal Constitucional nadan en aguas turbulentas y son requeridos por multitud de opiniones políticas, sociológicas, religiosas o ecológicas de tipos muy diversos. En medio de esa barahúnda no es raro que algunos traten de aislar al adversario con acusaciones que lo pongan en cuarentena; exiliarlo del campo de lo políticamente correcto, impidiéndole cualquier matización de las reglas del juego. Frente a estas muestras de intolerancia, la sociedad debe crear anticuerpos que garanticen el fair play. Especialmente en el marco jurídico de ese pequeño organismo con inmenso poder que es el Tribunal Constitucional.

Comentando esta cuestión, un agudo colega ha escrito: "El que solo se inquieta por la parcialidad de una parte es parcial por definición, por mucho que enarbole la bandera de la imparcialidad y jure que vive al lado del auditorio universal o de la comunidad ideal de hablantes". Coincido con él. El punto de partida del juego jurídico en que está embarcada la sociedad española necesariamente ha de ser la presunción de imparcialidad de los investidos de la función de juzgar. Salvo que los hechos demuestren lo contrario, en cuyo caso habría que replantearse el sistema de selección de los mismos. Pero esta es otra cuestión que desborda el caso concreto que comento.







lunes, 20 de agosto de 2012

La Junta de Andalucía amenaza con blindar el aborto y restringir aun más el derecho a la objeción de conciencia sanitaria


13/06/2012

La Consejera de Salud y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, ha anunciado en la Comisión de Salud del parlamento andaluz un conjunto de seis nuevas disposiciones legales con las que, según ha informado ABC de Andalucía, pretende «blindar lo público» ante los «embates neoliberales» del Gobierno de Rajoy.

Entre dichas normas se incluye una ley de objeción de conciencia en el ámbito sanitario, que ha sido interpretada por la oposición como un intento de “complicar que los profesionales sanitarios puedan a acogerse a ese derecho en temas tan sensibles como el aborto o la ley de muerte digna”.

Asimismo y a través de una ley de “garantías del sistema sanitario público”, la Junta de Andalucía pretende “la mejora de la calidad y de la accesibilidad de los servicios públicos de atención a la interrupción voluntaria del embarazo” (por el aborto). La consejera, siempre según ABC de Andalucía, fue muy clara en ese sentido: «Se combatirá cualquier retroceso en este terreno».

Ante estos anuncios, la Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia (ANDOC) emitía ayer una nota de prensa en la que denunciaba que la Junta de Andalucía “amaga con dar el jaque mate definitivo al derecho a la objeción de conciencia sanitaria”.

Para ANDOC la iniciativa no pasaría de ser una escaramuza más del pulso que mantiene el Gobierno PSOE-IU contra el Gobierno central, con el fin de crear un clima de tensión en aquellos temas en los que ideológicamente trata de distinguirse, si no fuera por el largo historial de la Junta en su acoso contra la objeción de conciencia sanitaria.

A la espera de conocer más detalles sobre esa “ley”, según ANDOC habría que preguntarse:

1º Si la Junta es consciente de que legislar sobre derechos reconocidos constitucionalmente es una materia reservada al Estado.

2º Si no se trata de dar una “vuelta de tuerca” a la ya grave situación de los profesionales sanitarios que la Junta considera disidente, obligándoles a apuntarse a una “lista negra”.

Desde hace años, es patente la oposición y desconfianza de la Junta hacia la objeción de conciencia en general y los objetores, en particular. Tras más de 10 años de acoso a los farmacéuticos objetores, y de “borrar” el derecho a la objeción de conciencia de su ley de muerte digna, concentró sus “tics” ideológicos, a partir de la ley del aborto, en los profesionales sanitarios de Atención Primaria.

El gobierno andaluz puede presumir, entre sus colegas de otras Comunidades de ostentar el funesto record de profesionales sanitarios (más de 40 casos en poco más de un año), abocados a acudir para hacer valer su derecho a la objeción de conciencia, tras haber seguido éstos la vía que establece la Ley 2/2010: comunicación anticipada y por escrito de su objeción. Paralelamente a su política de imponer el aborto como derecho en sus centros de Salud, trata de amedrentar y discrimina de hecho a los médicos de familia objetores, mediante normas arbitrarias, que les marginan en los procesos de calificación y promoción profesional.

ANDOC presentó el verano pasado ante el Consejo de Europa un amplio Informe sobre las numerosas vulneraciones de este derecho entre los sanitarios andaluces. Ese informe se sustanció en una interpelación parlamentaria, firmada por más de 20 parlamentarios de distintos países.

Con estos antecedentes, continua la nota de ANDOC, no tiene nada de extraño que el balance que presenta Andalucía respecto a la práctica del aborto sea demoledor: es la segunda Comunidad española (a corta distancia de Cataluña) en número de abortos de menores de 19 años (3152 en 2010; 15% sobre el total de 20543 abortos); y en número de clínicas abortistas acreditadas (18); que obtienen más del 90% del erario público.

Paradójicamente, concluye, mientras la Junta financia generosamente (en un momento de crisis económica) la industria del aborto, deniega cualquier tipo de ayuda pública a entidades que tratan de ayudar a mujeres embarazadas con riesgo de aborto, que quieren ser madres. En España son ya 10 Comunidades las que han aprobado iniciativas legislativas en defensa de la maternidad (en algunas con el voto favorable de parlamentarios socialistas). El Parlamento andaluz, sin embargo, rechazó en octubre de 2007 una iniciativa popular semejante (la primera que se presentaba en 25 años) a pesar de que se presentaron casi 100.000 firmas válidas.





viernes, 10 de agosto de 2012

No todo es dinero


Es engañosa la idea de que a más inversión, mejor enseñanza, pero también es desacertado considerar la educación como mera pieza auxiliar de la política económica.

 por CristinaLosada, 16-04-2012


El enésimo intento de reforma de nuestro sistema educativo se pone en marcha en circunstancias que abonan una visión economicista tanto de las necesidades como del papel de la enseñanza. Se dice así  que los recortes que han de hacerse por imperativo de la crisis ponen en peligro la calidad de la educación. Es la crítica fácil y populista del PSOE y los sindicatos, fundada en la muy extendida idea de que a más inversión, mejor enseñanza. Que el argumento es simplista, luego engañoso, lo demuestran los resultados. Han sido malos y han llegado a pésimos hasta en los más cercanos tiempos de bonanza, cuando un presidente prometía un ordenador por alumno como gran avance. Se puede invertir más dinero en educación sin que su calidad mejore. Quienes ahora culpan preventivamente a los ajustes de una merma de la calidad no dieron señal alguna de inquietud ante los síntomas de degradación preexistentes. Carecen de autoridad moral.

El marasmo económico ha alentado otra noción convencional que considera la enseñanza  como una suerte de industria auxiliar destinada a incrementar el crecimiento de un país. Ahí, la eficacia de la educación se mide en términos de PIB y su justificación reside en cuánto aportan sus productos, esto es, los titulados, a la prosperidad de la nación. Pero también esta idea de que existe una relación directa entre la educación y el crecimiento peca de simplismo. De ser cierta, resultaría inexplicable que países que contaban con tasas de alfabetización bajas crecieran más que otros con tasas altas, como ocurrió en Asia. O que Suiza haya podido mantener un nivel de riqueza y productividad envidiables con un índice de universitarios que fue, durante largos años, muy inferior al de otros países desarrollados.

En el extremo, esa posición economicista llevaría a suprimir, por inútiles para el objetivo del crecimiento, materias como literatura, historia, filosofía y, por qué no, la tanda de humanidades entera. Claro que los individuos aspiran legítimamente a disponer, gracias a sus estudios, de una vida más próspera. Pero no se podrá reducir la educación a mera pieza de la política económica sin menoscabar su papel de transmisora de una herencia cultural y una urdimbre civilizatoria. Hay razones no vinculadas a la productividad para que se aprenda, al menos, tanto latín como gimnasia. Aunque en nuestro caso, me temo, estamos todavía en la fase previa: conseguir que se aprenda algo.





miércoles, 8 de agosto de 2012

9 preguntas sobre el Año de la Fe





El próximo 11 de octubre iniciará el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI. Pero, ¿de qué se trata? ¿qué desea el Santo Padre? ¿qué se puede hacer?
 Respuestas a las preguntas que surgen a dos meses del inicio.

1. ¿Qué es el Año de la Fe?
 El Año de la Fe «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo» (Porta Fidei, 6).
2. ¿Cuándo inicia y termina?
 Inicia el 11 de octubre de 2012 y terminará el 24 de noviembre de 2013.
3. ¿Por qué esas fechas?
 El 11 de octubre coinciden dos aniversarios: el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y el 20 aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. La clausura, el 24 de noviembre, será la solemnidad de Cristo Rey
4. ¿Por qué el Papa ha convocado este año?
 «Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas». Por eso, el Papa invita a una «auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo». El objetivo principal de este año es que cada cristiano «pueda redescubrir el camino de la fe para poner a la luz siempre con mayor claridad la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo».
5. ¿Qué medios ha señalado el Santo Padre?
 Como expuso en el Motu Proprio Porta Fidei: Intensificar la celebración de la fe en la liturgia, especialmente en la Eucaristía; dar testimonio de la propia fe; y redescubrir los contenidos de la propia fe, expuestos principalmente en el Catecismo.
6. ¿Dónde tendrá lugar?
 Como dijo Benedicto XVI, el alcance será universal. «Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo».
7. ¿Dónde encontrar indicaciones más precisas?
 En una nota publicada por la Congregación para la doctrina de la fe. Ahí se propone, por ejemplo:
− Alentar las peregrinaciones de los fieles a la Sede de Pedro;
− Organizar peregrinaciones, celebraciones y reuniones en los principales Santuarios.
− Realizar simposios, congresos y reuniones que favorezcan el conocimiento de los contenidos de la doctrina de la Iglesia Católica, y mantengan abierto el diálogo entre fe y razón.
− Leer o releer los principales documentos del Concilio Vaticano II.
− Acoger con mayor atención las homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones del Santo Padre.
− Promover trasmisiones televisivas o radiofónicas, películas y publicaciones, incluso a nivel popular, accesibles a un público amplio, sobre el tema de la fe.
− Dar a conocer los santos de cada territorio, auténticos testigos de fe.
− Fomentar el aprecio por el patrimonio artístico religioso.
− Preparar y divulgar material de carácter apologético para ayudar a los fieles a resolver sus dudas.
− Eventos catequéticos para jóvenes que transmitan la belleza de la fe.
− Acercarse con mayor fe y frecuencia al sacramento de la Penitencia.
− Usar en los colegios el Compendio del Catecismode la Iglesia Católica.
− Organizar grupos de lectura del Catecismo y promover su difusión y venta.
8. ¿Qué documentos puedo leer por ahora?
 El motu proprio de Benedicto XVI Porta Fidei; 
9. ¿Dónde puedo obtener más información?
 El sitio web AnnusFidei.va






sábado, 4 de agosto de 2012

El objetivo del Año de la fe

Con motivo del próximo comienzo del Año de la Fe desde www.primeroscristianos.com hemos entrevistado al S.E.R. Mons. Arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.



1. ¿Qué objetivos se propone el ya próximo Año de la Fe convocado para toda la Iglesia por el Papa Benedicto XVI?
El año de la Fe fue convocado por el Santo Padre Benedicto XVI para celebrar el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y el 20º aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. El objetivo de este año es la renovación de la fe de cada creyente, a nivel personal y comunitario, y en definitiva de toda la Iglesia, que siempre debe mantenerse atenta al Evangelio y fiel a su Señor. Con el Año de la Fe se quiere renovar esta fidelidad.

2. En su opinión, ¿cuáles serían las aportaciones de la vida de los primeros cristianos que presentan más actualidad de cara a la Nueva Evangelización?
Los primeros cristianos –pero también los cristianos de todos los tiempos- han vivido tres dimensiones de la fe que son fundamentales para la nueva evangelización: el anuncio y la catequesis, la liturgia y la caridad. Siempre la comunidad cristiana se preocupó por transmitir y enseñar los contenidos de la fe, que a su vez se celebran en la liturgia, especialmente en la Eucaristía, y ésta a su vez impulsa a servir al prójimo más necesitado.

3. Con el Año de la Fe, se espera revitalizar la tradición cristiana, en particular de Europa. ¿Cómo puede la juventud cristiana contribuir a la Nueva Evangelización y mostrar la luz de Cristo y la belleza de su mensaje entre la JMJ de Madrid y la JMJ de Río de Janeiro?
La JMJ de Madrid ha sido un regalo de Dios para la Iglesia; Benedicto XVI lo definió como “una medicina contra el cansancio de creer”. A los jóvenes ahora toca continuar este entusiasmo en la vida de todos los días. Recomendaría no descuidar un sacramento muy importante para nuestra vida cristiana, que es la confesión. En ella tomamos no sólo conciencia de nuestra fragilidad, sino sobre todo de la misericordia y el amor de Jesucristo. Y también tomamos conciencia de que no estamos solos: ¡pertenecemos a una comunidad que aún con mis errores me considera parte suya!

4. En concreto, ¿qué espera la Iglesia de los nuevos jóvenes de la vieja Europa?
La Iglesia confía mucho en los jóvenes, y espera que sean capaces de transmitir la belleza del cristianismo. Que sean testigos humildes, valientes y alegres del Evangelio de Jesús. Que no sean como el joven rico, que se quedó triste, encerrado en sí mismo. Les diría a los jóvenes lo que san Pedro decía a la primera comunidad cristiana: que estén dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en ellos. Y que lo hagan con respeto, dulzura y con una conciencia pura (1 Pe 3, 15).






miércoles, 1 de agosto de 2012

«Las dos caras del 15-M»


19/05/2012
 
Con ocasión del primer aniversario del “movimiento de los indignados” del 15-M y la vuelta de miles de personas a la Puerta del Sol de Madrid, el semanario Alfa y Omega ha pedido a Monseñor José Ignacio Munilla, responsable de Juventud de la CEE, y al profesor Alejandro Llano, catedrático de Metafísica, un análisis de los pros y contras de este fenómeno social, un año después.
 
Por el indudable interés de los juicios de ambas personalidades, reproducimos seguidamente el contenido íntegro de sus respuestas a la petición de la mencionada revista.

Monseñor José Ignacio Munilla: “la dictadura de lo políticamente correcto ha terminado por engullir el 15-M”
¿Por dónde empiezo? ¿Por lo positivo o por lo negativo? Creo que las luces y las sombras están entremezcladas en el Movimiento 15-M. ¿Estamos ante un claroscuro del alba, o ante el claroscuro del ocaso? Mirando a cierta distancia, pienso que el 15-M ha sido una gran oportunidad desperdiciada. Me refiero a que podría haber sido una gran iniciativa para impulsar el principio de subsidiariedad, tan necesario: ¡Más sociedad y menos Estado! Desgraciadamente, uno tiene la impresión de que la dictadura de lo políticamente correcto ha terminado por engullir al 15-M.

Entre los aspectos positivos, está el servicio prestado como aldabonazo para despertar a una sociedad aletargada. Nuestra cultura dominante había derivado hacia el individualismo, hacia una visión hedonista y placentera de la vida, al tiempo que a una notoria desinhibición social. Recuerdo una frase del fallecido cardenal de París, monseñor Lustiger, quien caracterizaba así la cultura postmoderna: Los jóvenes acampan fuera de la polis. Se refería a la tendencia de la juventud a aislarse en burbujas virtuales. Es un hecho el que millones de jóvenes viven inmersos en las redes sociales y en sus emisoras musicales, y que caminan por la calle con los cascos puestos, sin asomarse a los noticieros…

Ciertamente, el 15-M rompe con la imagen de una juventud aislada y desinhibida. Es una llamada a tomarnos en serio el compromiso social y a fomentar el sentido crítico en nuestra vida. Frente a la tendencia a convertir las redes sociales en una especie de escaparate de vanidades, una especie de Gran hermano en red, el 15-M nos ha recordado que las nuevas comunicaciones tienen sentido solamente en la medida en que se ponen al servicio de contenidos y metas objetivas…

Sin embargo, pienso que las sombras principales del movimiento 15-M están en la incapacidad de superar el rodillo del pensamiento único. Por poner un ejemplo, basta recordar algunos slogans utilizados: Menos crucifijos y más trabajo fijo; Esta plaza no es del Papa; Esta mochila la he pagado yo, etc. Fue muy decepcionante comprobar cómo las consignas laicistas de los medios anticlericales era seguidas a pie juntillas por las asambleas del 15-M. La crítica se convertía en una consigna y es notorio que faltó capacidad crítica ante las consignas críticas.

Uno de los problemas del 15-M es que ha nacido más como movimiento de protesta que de construcción. Por ejemplo, tiene muy poco valor hacer ahora una denuncia global de los recortes sociales, obviando que estamos al borde de la quiebra económica por los despilfarros anteriores. Ahora bien, hubiese sido distinto un movimiento capaz de integrar la indignación con el compromiso personal y social. Por ejemplo: Reivindicamos el respeto de los derechos sanitarios de los inmigrantes, independientemente de su situación legal; pero a cambio estamos dispuestos a un aumento del copago en Sanidad. El problema está en que es más fácil gritar, que aportar soluciones. Aunque algún tipo de grito es necesario para despertarnos de nuestro letargo…

Alejandro Llano: “el dinamismo del 15-M contrasta con la pasividad pública de parte de los sectores españoles conservadores”

Lo positivo del 15-M…

* El 15-M ha mostrado que no es un capricho esporádico, sino que responde a convicciones hondamente sentidas por un considerable número de jóvenes.
 
* Muestra que existe una responsabilidad cívica, cuya manifestación no es habitual, porque las estructuras políticas, económicas y culturales están muy cerradas sobre sí mismas y no alientan la participación.

* Es un movimiento pacífico, diferenciado de las manifestaciones violentas que se han multiplicado en España en los últimos años. Las dos manifestaciones celebradas en Madrid, durante 2011, fueron, en este sentido, ejemplares.

* El dinamismo del 15-M contrasta con la pasividad pública de parte de los sectores españoles conservadores, que con frecuencia no superan la actitud de queja y tienden a recelar de quienes disienten públicamente. El catolicismo no es conservador, pero no faltan quienes no distinguen el inmovilismo de la fidelidad.

* El 15-M ha sido pluralista. No se ha limitado la participación a personas de pensamiento único. En contra de reiteradas sospechas, no estaba al servicio de una oculta conjuración, ni se trataba de una maniobra electoral, como demostró la consulta autonómica que se celebró en un momento álgido de los indignados.

… y lo negativo del 15-M:

* Su discurso es inconcreto y poco realista. Especialmente ingenuas son las reivindicaciones económicas, en las que se enfrentan, de manera simplista, las carencias de los parados y desposeídos con las intervenciones necesarias en puntos críticos del sistema financiero. No se han escuchado críticas serias al neocapitalismo liberal, ni al socialismo totalitario.

* La desorganización que, en aras del pluralismo y la espontaneidad, caracterizó al 15-M, permitió la infiltración de individuos muy politizados, generalmente de extrema izquierda.

* Esta manipulación dio lugar a los incidentes más negativos: la acusación de dispendio por la visita de Benedicto XVI a Madrid, y las agresiones que sufrieron participantes en la JMJ.

* Los indignados han sido escasamente sensibles para detectar las raíces espirituales, culturales y cívicas que están en la base de la crisis económica y la insolidaridad social. Lo cual es revelador del problema de fondo: la escasa formación intelectual de la juventud española actual y de buena parte de sectores adultos. Nadie ha puesto el dedo en esta llaga, que es la causa más profunda de la difícil situación de nuestro país.

* Más notoria es la ausencia de menciones al cristianismo. Sin una apertura a la trascendencia, con una visión humanista y solidaria de la persona y la sociedad, nuestros problemas continuarán irresolubles. Pero esta necesidad han de sentirla, no sólo quienes acuden a la Puerta del Sol y a otras plazas, sino también quienes observamos el fenómeno.