«Los tiempos discurrirán en la dirección que decidamos imprimirles. Ninguna ley histórica condena a las sociedades a «progresar» indefinidamente hacia la anomia y la disolución de vínculos»
FRANCISCO JOSÉ CONTRERAS/ CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO
“ABC”, 28/04/2011 -
El Parlamento de Budapest aprobó el pasado 18 de abril la nueva Constitución de Hungría. El texto presenta una serie de rasgos del máximo interés, aunque insólitos en la Europa actual. La nueva Constitución es tan políticamente incorrecta que parece un milagro (no es de extrañar que la prensa «progresista» ande rasgándose las vestiduras).
La Constitución reconoce explícitamente la importancia del pasado cristiano en la forja de la identidad húngara. Es decir, adopta una postura diametralmente opuesta a la que caracterizó a la abortada Constitución europea (que omitió cualquier mención del Cristianismo, aunque sí citaba a Grecia, Roma y la Ilustración). Hungría no participa, pues, de la patológica actitud de autonegación histórico-cultural que caracteriza a muchos países occidentales.
Reconocer las raíces cristianas no es más que un acto de justicia histórica: una constatación fáctica (el país ha sido cristiano mucho tiempo, y eso ha dejado huellas en su identidad), no una profesión de fe (de hecho, Hungría es hoy día uno de los países más descristianizados).
La gran campanada, sin embargo, viene con los artículos que proclaman que el Estado protegerá «la institución del matrimonio como una comunidad de vida entre un hombre y una mujer» y que «la vida del feto deberá ser protegida desde el momento de la concepción». Hungría blinda el carácter heterosexual del matrimonio (adelantándose a posibles presiones de la UE en favor de su ampliación a las parejas del mismo sexo) y se incorpora al pequeño grupo de Estados europeos que reconocen el derecho a la vida de los seres humanos no nacidos. Lo primero es una muestra de sentido común (todas las culturas, en todos los tiempos, han sabido que las leyes debían promover la convivencia estable entre hombre y mujer… porque sólo de ahí surgen hijos; la protección especial dispensada a la asociación de hombre y mujer —la única fértil— no implica que otras formas de asociación sean prohibidas). Lo segundo, una inyección de esperanza para la causa pro-vida: la cultura de la muerte no es irreversible; en menos de 20 años, dos importantes países europeos (el primero fue Polonia en 1993) han pasado del aborto libre a una regulación restrictiva.
Los «progresistas», a falta de mejores argumentos, terminan a menudo diciendo que el matrimonio gay y el aborto libre son inevitables porque «la sociedad ha cambiado» y «lo exigen los tiempos». No, los tiempos no exigen nada. Los tiempos discurrirán en la dirección que decidamos imprimirles. Ninguna ley histórica condena a las sociedades a «progresar» indefinidamente hacia la anomia y la disolución de vínculos.
La Hungría que dibuja la nueva Constitución no es un Estado neofascista. Las libertades democráticas y la separación Iglesia-Estado quedan claramente consagradas. Hungría es, simplemente, un país que quiere sobrevivir, y por tanto promueve la vida, penalizando su destrucción en la fase prenatal y promoviendo el «ecosistema» natural de la vida incipiente (la convivencia estable entre hombre y mujer).
Quien lea «Hungría quiere sobrevivir» pensará… ¡qué exageración! No lo es en absoluto. Casi toda Europa tiene unas perspectivas demográficas sombrías, pero en los países eslavos éstas son especialmente aterradoras. Con tasas de fertilidad que oscilan entre los 1.2 y los 1.5 hijos/mujer (el índice de reemplazo generacional es 2.1) y privados de la inmigración que, en Europa occidental, atenúa (aunque insuficiente y transitoriamente) los efectos de la huelga de vientres, los países de Europa del Este parecen abocados al desastre en pocas décadas: colapso socio-económico por insostenibilidad del sistema de bienestar (¿quién pagará las pensiones y la sanidad cuando haya casi tantos jubilados como activos?).
Es el mismo futuro que le aguarda a España (1.3 hijos/mujer). La inmigración no lo solucionará (las tasas de natalidad están cayendo también en Hispanoamérica y el Magreb: pronto no tendrán ya excedentes de población que exportar; y ambos crecen económicamente más rápido que España: a medida que se acorte la diferencia de renta, disminuirá el incentivo para emigrar).
En ese contexto, resulta del máximo interés la posibilidad —necesitada de desarrollo legislativo— abierta por el art. XXI.2 de la Constitución húngara: un sistema de sufragio ponderado que atribuya a las madres tantos votos como hijos tengan a su cargo. La medida sería revolucionaria (rompe con el principio «un hombre, un voto»), pero la Europa post-familiar y post-natal necesita tratamientos de choque. Y, más allá de la aparente desigualdad que introduce, no deja de ser justa: atribuye mayor capacidad de incidencia en la determinación del futuro del país a aquellos que, teniendo hijos, hacen posible que ese futuro exista.
¿Por qué se ha hundido la natalidad en la Europa reciente (la sociedad más próspera de la Historia)? Creo que la causa principal es la generalización de una mentalidad hedonista que considera a los hijos una carga (si el sentido de la vida estriba en pasarlo bien, ¿para qué cargarse con niños?) y de una ética amorosa que excluye el compromiso definitivo y garantiza la perpetua renovabilidad de la pareja (casi nadie se decide a tener hijos con una pareja provisional).
La sociedad debería reverenciar y proteger lo más posible a «los últimos padres»: la fracción menguante de población que todavía hace la «anticuada» apuesta de casarse y tener hijos. Un hombre y una mujer que se dejan ahorros y juventud en cuidar de sus hijos prestan al país un servicio insustituible (que no presta, en cambio, el soltero de oro que prefiere pasar las vacaciones en el Caribe). Ese servicio debe ser reconocido fiscal, simbólica y hasta políticamente. A Europa le va, literalmente, la vida en ello.
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 22 abril 2011 (ZENIT.org).- Publicamos las respuestas que ofreció Benedicto XVI a siete preguntas formuladas por personas de distintos países y sobre distintos argumentos al programa de la televisión pública italiana RAI "A su imagen", emitido a las 14:10 de Roma con motivo del Viernes Santo.
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--Santo Padre, quiero agradecerle su presencia que nos llena de alegría y nos ayuda a recordar que hoy es el día en que Jesús demuestra su amor de la manera más radical, muriendo en la cruz como inocente. Precisamente sobre el tema del dolor inocente es la primera pregunta que viene de una niña japonesa de siete años, que le dice: "me llamo Elena, soy japonesa y tengo siete años. Tengo mucho miedo porque la casa en la que me sentía segura ha temblado mucho, y porque muchos niños de mi edad han muerto. No puedo ir a jugar al parque. Quiero preguntarle: ¿por qué tengo que pasar tanto miedo? ¿por qué los niños tienen que sufrir tanta tristeza? Le pido al Papa, que habla con Dios, que me lo explique".
--Benedicto XVI: Querida Elena, te saludo con todo el corazón. También yo me pregunto: ¿por qué es así? ¿Por qué tenéis que sufrir tanto, mientras otros viven cómodamente? Y no tenemos respuesta, pero sabemos que Jesús ha sufrido como vosotros, inocentes, que Dios verdadero se muestra en Jesús, está a vuestro lado. Esto me parece muy importante, aunque no tengamos respuestas, aunque permanezca la tristeza: Dios está a vuestro lado, y tenéis que estar seguros de que esto os ayudará. Y un día podremos comprender por qué ha sucedido esto. En este momento me parece importante que sepáis que "Dios me ama", aunque parezca que no me conoce. No, me ama, está a mi lado, y tenéis que estar seguros de que en el mundo, en el universo, hay muchas personas que están a vuestro lado, que piensan en vosotros, que hacen todo lo que pueden por vosotros, para ayudaros. Y ser conscientes de que, un día, yo comprenderé que este sufrimiento no era algo vacío, no era inútil, sino que detrás del sufrimiento hay un proyecto bueno, un proyecto de amor. No es una casualidad. Siéntete segura. Estamos a tu lado, al lado de todos los niños japoneses que sufren, queremos ayudaros con la oración, con nuestros actos, y debéis estar seguros de que Dios os ayuda. Y de este modo rezamos juntos para que os llegue la luz cuanto antes.
--La segunda pregunta nos pone delante de un calvario, porque se trata de una madre que está junto a la cruz de un hijo. Es italiana, se llama María Teresa y le pregunta: "Santidad, el alma de mi hijo, Francesco, en estado vegetativo desde el día de Pascua del 2009, ¿ha abandonado su cuerpo, dado que está totalmente inconsciente, o está todavía en él?
--Benedicto XVI: Ciertamente el alma está todavía presente en el cuerpo. La situación es algo así como la de una guitarra que tiene las cuerdas rotas y que no se puede tocar. Así también el instrumento del cuerpo es frágil, vulnerable, y el alma no puede "tocar", por decirlo en algún modo, pero sigue presente. Estoy también seguro de que esta alma escondida siente en profundidad vuestro amor, a pesar de que no comprende los detalles, las palabras, etc., pero siente la presencia del amor. Y por esto vuestra presencia, queridos padres, querida mamá, junto a él, horas y horas cada día, es un verdadero acto de amor muy valioso, porque esta presencia entra en la profundidad de esta alma escondida y vuestro acto es un testimonio de fe en Dios, de fe en el hombre, de fe, digamos de compromiso a favor de la vida, de respeto por la vida humana, incluso en las situaciones más trágicas. Por esto os animo a proseguir, sabiendo que hacéis un gran servicio a la humanidad con este signo de confianza, con este signo de respeto de la vida, con este amor por un cuerpo lacerado, un alma que sufre.
--La tercera pregunta nos lleva a Irak, entre los jóvenes de Bagdad, cristianos perseguidos que le envían esta pregunta: "Saludamos al Santo Padre desde Irak --dicen--. Nosotros, cristianos de Bagdad, somos perseguidos como Jesús. Santo Padre, ¿cómo podemos ayudar a los miembros de nuestra comunidad cristiana para que se replanteen el deseo de emigrar a otros países, convenciéndoles de que marcharse no es la única solución?
--Benedicto XVI: Quisiera en primer lugar saludar con todo el corazón a todos los cristianos de Irak, nuestros hermanos, y tengo que decir que rezo cada día por los cristianos de Irak. Son nuestros hermanos que sufren, como también en otras tierras del mundo, y por esto los siento especialmente cercanos a mi corazón y, en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que hacer todo lo posible para que puedan resistir a la tentación de emigrar, que --en las condiciones en las que viven-- resulta muy comprensible. Diría que es importante que estemos cerca de vosotros, queridos hermanos de Irak, que queramos ayudaros y cuando vengáis, recibiros realmente como hermanos. Y naturalmente, las instituciones, todos los que tienen una posibilidad de hacer algo por Irak, deben hacerlo. La Santa Sede está en permanente contacto con las distintas comunidades, no sólo con las comunidades católicas, sino también con las demás comunidades cristianas, con los hermanos musulmanes, sean chiíes o sunníes. Y queremos hacer un trabajo de reconciliación, de comprensión, también con el gobierno, ayudarle en este difícil camino de recomponer una sociedad desgarrada. Porque este es el problema, que la sociedad está profundamente dividida, lacerada, ya no tienen esta conciencia: "Nosotros somos en la diversidad, un pueblo con una historia común, en el que cada uno tiene su sitio". Y tienen que reconstruir esta conciencia que, en la diversidad, tienen una historia común, una común determinación. Y nosotros queremos, en diálogo precisamente con los distintos grupos, ayudar al proceso de reconstrucción y animaros a vosotros, queridos hermanos cristianos de Irak, a tener confianza, a tener paciencia, a tener confianza en Dios, a colaborar en este difícil proceso. Tened la seguridad de nuestra oración.
--La siguiente pregunta es de una mujer musulmana de Costa de Marfil, un país en guerra desde hace años. Esta señora se llama Bintú y envía un saludo en árabe que se puede traducir de este modo: "Que Dios esté en medio de todas las palabras que nos diremos y que Dios esté contigo". Es una frase que utilizan al empezar un diálogo. Y después prosigue en francés: "Querido Santo Padre, aquí en Costa de Marfil, hemos vivido siempre en armonía entre cristianos y musulmanes. A menudo las familias están formadas por miembros de ambas religiones; existe también una diversidad de etnias, pero nunca hemos tenido problemas. Ahora todo ha cambiado: la crisis que vivimos, causada por la política, está sembrando divisiones. ¡Cuántos inocentes han perdido la vida! ¡Cuántos refugiados, cuántas madres y cuántos niños traumatizados! Los mensajeros han exhortado a la paz, los profetas han exhortado a la paz. Jesús es un hombre de paz. Usted, en cuanto embajador de Jesús, ¿qué aconsejaría a nuestro país?"
--Benedicto XVI: Quiero contestar al saludo: que Dios esté también contigo, y siempre te ayude. Y tengo que decir que he recibido cartas desgarradoras de Costa de Marfil, donde veo toda la tristeza, la profundidad del sufrimiento, y me entristece porque podemos hacer tan poco. Siempre podemos hacer algo: orar con vosotros, y en la medida de lo posible, hacer obras de caridad, y sobre todo queremos colaborar, según nuestras posibilidades, en los contactos políticos, humanos. He encargado al cardenal Tuckson, que es presidente de nuestro Consejo de Justicia y Paz, que vaya a Costa de Marfil e intente mediar, hablar con los diversos grupos, con las distintas personas, para facilitar un nuevo comienzo. Y sobre todo queremos hacer oír la voz de Jesús, en el que usted también cree como profeta. Él era siempre el hombre de la paz. Se podía pensar que, cuando Dios vino a la tierra, lo haría como un hombre de gran fuerza, que destruiría las potencias adversarias, que sería un hombre de una fuerte violencia como instrumento de paz. Nada de esto: vino débil, vino solo con la fuerza del amor, sin ningún tipo de violencia hasta ir a la cruz. Y esto nos muestra el verdadero rostro de Dios, y que la violencia no viene nunca de Dios, nunca ayuda a producir cosas buenas, sino que es un medio destructivo y no es el camino para salir de las dificultades. Es una fuerte voz contra todo tipo de violencia. Invito apremiantemente a todas las partes a renunciar a la violencia, a buscar las vías de la paz. Para la recomposición de vuestro pueblo no podéis usar medios violentos, aunque penséis que tenéis razón. El único camino es la renuncia a la violencia, volver a entablar el diálogo, tratar de encontrar juntos la paz, una nueva atención de los unos a los otros, la nueva disponibilidad para abrirse el uno al otro. Y este, querida señora, es el verdadero mensaje de Jesús: buscad la paz con los medios de la paz y abandonad la violencia. Rezamos por vosotros para que todos los componentes de vuestra sociedad sientan esta voz de Jesús y así vuelva la paz y la comunión.
--Santo Padre, la próxima pregunta es sobre el tema de la muerte y la resurrección de Jesús y llega desde Italia. Se la leo: "Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el tiempo que separó a la muerte de la resurrección? Y, ya que en el Credo se dice que Jesús después de la muerte descendió a los infiernos: ¿Podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?
--Benedicto XVI: En primer lugar, este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, esta alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado. Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos. Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús mismo, siendo hombre, tomando de la mano al hombre, abre el acceso. ¿Qué acceso? La realidad que llamamos cielo. Así, este descenso a los infiernos, es decir, a las profundidades del ser humano, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión de Jesús, de su misión de Redentor y no se aplica a nosotros. Nuestra vida es diferente, el Señor ya nos ha redimido y nos presentamos al Juez, después de nuestra muerte, bajo la mirada de Jesús, y esta mirada en parte será purificadora: creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido.
--También la siguiente pregunta es sobre el tema de la resurrección y viene de Italia: "Santidad, cuando las mujeres llegan al sepulcro, el domingo después de la muerte de Jesús, no reconocen al Maestro, lo confunden con otro. Lo mismo les pasa a los apóstoles: Jesús tiene que enseñarles las heridas, partir el pan para que le reconozcan precisamente por sus gestos. El suyo es un cuerpo real de carne y hueso, pero también un cuerpo glorioso. El hecho de que su cuerpo resucitado no tenga las mismas características que antes, ¿qué significa? ¿Y qué significa, exactamente, "cuerpo glorioso? Y en nuestra resurrección, ¿nos sucederá lo mismo?".
--Benedicto XVI: Naturalmente, no podemos definir el cuerpo glorioso porque está más allá de nuestra experiencia. Sólo podemos interpretar algunos de los signos que Jesús nos dio para entender, al menos un poco, hacia donde apunta esta realidad. El primer signo: el sepulcro está vacío. Es decir, Jesús no abandonó su cuerpo a la corrupción, nos ha enseñado que también la materia está destinada a la eternidad, que resucitó realmente, que no ha quedado perdido. Jesús asumió también la materia, de manera que la materia está también destinada a la eternidad. Pero asumió esta materia en una nueva forma de vida, este es el segundo punto: Jesús ya no vuelve a morir, es decir: está más allá de las leyes de la biología, de la física, porque los sometidos a ellas mueren. Por lo tanto hay una condición nueva, diversa, que no conocemos, pero que se revela en lo sucedido a Jesús, y esa es la gran promesa para todos nosotros de que hay un mundo nuevo, una nueva vida, hacia la que estamos encaminados. Y, estando ya en esa condición, para Jesús es posible que los otros lo toquen, puede dar la mano a sus amigos y comer con ellos, pero, sin embargo está más allá de las condiciones de la vida biológica, como la que nosotros vivimos. Y sabemos que, por una parte, es un hombre real, no un fantasma, vive una vida real, pero es una vida nueva que ya no está sujeta a la muerte y esa es nuestra gran promesa. Es importante entender esto, al menos por lo que se pueda, con el ejemplo de la Eucaristía: en la Eucaristía, el Señor nos da su cuerpo glorioso, no nos da carne para comer en sentido biológico; se nos da Él mismo; lo nuevo que es Él, entra en nuestro ser hombres y mujeres, en el nuestro, en mi ser persona, como persona y llega a nosotros con su ser, de modo que podemos dejarnos penetrar por su presencia, transformarnos en su presencia. Es un punto importante, porque así ya estamos en contacto con esta nueva vida, este nuevo tipo de vida, ya que Él ha entrado en mí, y yo he salido de mí y me extiendo hacia una nueva dimensión de vida. Pienso que este aspecto de la promesa, de la realidad que Él se entrega a mí y me hace salir de mí mismo, me eleva, es la cuestión más importante: no se trata de descifrar cosas que no podemos entender sino de encaminarnos hacia la novedad que comienza, siempre, de nuevo, en la Eucaristía.
--Santo Padre, la última pregunta es sobre María. A los pies de la cruz, hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su madre y Juan, en el que Jesús dice a María: "He aquí a tu hijo" y a Juan: "He aquí a tu madre". En su último libro, "Jesús de Nazaret", lo define como "una disposición final de Jesús". ¿Cómo debemos entender estas palabras? ¿Qué significado tenían en aquel momento y que significado tienen hoy en día? Y ya que estamos hablando de confianza. ¿Piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?
--Benedicto XVI: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como un hombre verdadero que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre: un acto de amor por su Madre confiándola al joven Juan para que esté tranquila. En aquella época en Oriente una mujer sola se encontraba en una situación imposible. Confía su Madre a este joven y a él le confía su Madre. Jesús realmente actúa como un hombre con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso, muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús. Pero por supuesto este gesto tiene varias dimensiones, no atañe sólo a ese momento: concierne a toda la historia. En Juan, Jesús confía a todos nosotros, a toda la Iglesia, a todos los futuros discípulos a su Madre y su Madre a nosotros. Y esto se ha cumplido a lo largo de la historia: la humanidad y los cristianos han entendido cada vez más que la Madre de Jesús es su madre. Y cada vez más personas se han confiado a su Madre: basta pensar en los grandes santuarios, en esta devoción a María, donde cada vez más la gente siente: "Esta es la Madre." E incluso algunos que casi tienen dificultad para llegar a Jesús en su grandeza de Hijo de Dios, se encomiendan a su Madre sin dificultad. Algunos dicen: "Pero eso no tiene fundamento bíblico". Aquí me gustaría responder con San Gregorio Magno: "En la medida que se leen -dice--, crecen las palabras de la Escritura." Es decir, se desarrollan en la realidad, crecen, y cada vez más en la historia se difunde esta Palabra. Todos podemos estar agradecidos porque la Madre es una realidad, a todos nos han dado una madre. Y podemos dirigirnos con mucha confianza a esta Madre, que para cada cristiano es su Madre. Por otro lado la Madre es también expresión de la Iglesia. No podemos ser cristianos solos, con un cristianismo construido según mis ideas. La Madre es imagen de la Iglesia, de la madre Iglesia y confiándonos a María, también tenemos que encomendarnos a la Iglesia, vivir la Iglesia, ser Iglesia con María.
Toco ahora al tema de la consagración: los Papas --Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II-- hicieron un gran acto de consagración a la Virgen María y creo que, como gesto ante la humanidad, ante María misma, fue muy importante. Yo creo que ahora es importante interiorizar ese acto, dejar que nos penetre, para realizarlo en nosotros mismos. Por eso he visitado algunos de los grandes santuarios marianos del mundo: Lourdes, Fátima, Czestochowa, Altötting..., siempre con el fin de hacer concreto, de interiorizar ese acto de consagración, para que sea realmente un acto nuestro. Creo que el acto grande, público, ya se ha hecho. Tal vez algún día habrá que repetirlo, pero por el momento me parece más importante vivirlo, realizarlo, entrar en esta consagración para hacerla verdaderamente nuestra. Por ejemplo, en Fátima, me di cuenta de cómo los miles de personas presentes eran conscientes de esa consagración, se habían encomendado, encarnándola en sí mismos, para sí mismos. Así esa consagración se hace realidad en la Iglesia viva y así crece también la Iglesia. La entrega a María, el que todos nos dejemos penetrar y formar por esa presencia, el entrar en comunión con María, nos hace Iglesia, nos hace, junto con María, realmente esposa de Cristo. De modo que, por ahora, no tengo intención de una nueva consagración pública, pero sí quisiera invitar a todos a unirse a esa consagración que ya está hecha, para que la vivamos verdaderamente día tras día y crezca así una Iglesia realmente mariana que es madre, esposa e hija de Jesús.
Entrevista al catedrático de Derecho Rafael Navarro-Valls
MADRID, jueves 24 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La posibilidad de objetar por razones de conciencia ante una obligación impuesta legalmente que se considera injusta, constituye una de las batallas legales más importantes de los últimos años en los países occidentales, en campos tan dispares como la Medicina o la Educación.
España, precisamente, es uno de los países donde la lucha por que el Estado respete el derecho de las personas a negarse a hacer algo moralmente injusto es más evidente, gracias a casos como la asignatura Educación para la Ciudadanía, la nueva ley del aborto o la venta de la píldora abortiva, entre otros.
Sobre esta cuestión, el jurista español Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho y colaborador habitual de ZENIT, donde dirige la columna “Observatorio Jurídico”, acaba de publicar, junto con el catedrático Javier Martínez Torrón, el libro Conflictos entre conciencia y ley. Las objeciones de conciencia (Editorial IUSTEL).
En esta entrevista concedida a ZENIT explica la naturaleza y los límites de la objeción de conciencia.
- ¿No es un contrasentido que, precisamente en el siglo de los derechos humanos, haya sido necesario desarrollar el derecho a la objeción de conciencia?Rafael Navarro-Valls: La elaboración jurídica de un derecho humano es un proceso largo y, a veces, doloroso. Pasó con las libertades de expresión y religiosa, con el de no discriminación por cuestiones raciales y, ahora, está ocurriendo con el de objeción de conciencia. Respecto a él caben dos posiciones: entenderlo como una especie de “delirio religioso”, una simple excepción a la norma legal, que conviene restringir, o, al contrario, entenderlo como una derivación evidente del derecho fundamental de libertad de conciencia, un verdadero derecho humano.
En esta segunda perspectiva- la correcta- el derecho de objeción de conciencia debe perder su trasfondo de “ilegalidad más o menos consentida”. Solo desde una concepción totalizante del Estado puede mirarse la objeción de conciencia con sospecha, precisamente porque ocupa un lugar central, no marginal, en el ordenamiento jurídico, por la misma razón y de la misma manera que es central la persona humana.
Los poderes públicos están obligados a procurar una adaptación razonable a los deberes de conciencia de los ciudadanos en la medida en que no perjudique un interés público superior. El Tribunal Supremo estadounidense lo ha expresado muy bien: “ Si hay alguna estrella fija en nuestra constelación constitucional, es que ninguna autoridad, del rango que sea, puede prescribir lo que es ortodoxo en política, religión u otras materias opinables, ni puede forzar a los ciudadanos a confesar, de palabra o de hecho, su fe en ellas”.
-Existe el derecho a la objeción al servicio militar, a la objeción de conciencia de los médicos, etc. ¿Se puede objetar a todo o hay un límite?Rafael Navarro-Valls: Como ha señalado (1982) el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, para que una objeción de conciencia pueda estimarse digna de ser tomada en consideración, la convicción o creencia que la motiva debe proceder “de un sistema de pensamiento suficientemente estructurado coherente y sincero”. Por su parte, una sentencia de la Cámara de los Lores en el caso Williamson (2005), exige, para que una creencia (religiosa o no) pueda ser tomada en cuenta, que sea “coherente con unos estándares elementales de dignidad humana”, referirse a “problemas fundamentales y no a “cuestiones triviales” y revestir un “cierto grado de seriedad e importancia”. Estas características se encuentran más fácilmente en creencias de trasfondo religioso, ya que implican un sistema coherente de creencias. Tal vez por eso, la objeción de conciencia ha marchado históricamente en paralelo con la libertad religiosa, constituyendo una de sus dimensiones más destacadas. Naturalmente, la libertad de conciencia no se agota en el marco de las convicciones religiosas. Existen otras de carácter filosófico, deontológico etc. que también alimentan las objeciones de conciencia.
Aparte de este criterio, en materia de límites de la objeción de conciencia, podemos mencionar algún criterio adicional. Tal vez el más destacable sea el nivel potencial de peligro social de los comportamientos. En principio, la pura actitud omisiva (no realizar un aborto, no formar parte de un jurado, no asistir a unas clases etc.) ante una norma que obliga a hacer algo alcanza una cota de riesgo social menor que otras objeciones que llevan a una actitud activa frente a la norma legal, que prohíbe un determinado comportamiento. Un ejemplo, el TS americano en el caso Reynolds rechazó la pretensión de la Iglesia Mormona, basada en razones de conciencia, de que las leyes penales sobre la poligamia no se aplicaran a los fieles cuya religión se lo permitiera. La práctica de la poligamia, entendió el Tribunal, “contradice el orden público occidental que exige que el matrimonio sea monógamo”.
En fin, por muy elevada que sea la sensibilidad de un determinado Derecho hacia el respeto a la libertad de conciencia, es claro que en algunos supuestos no podrán conciliarse del todo los bienes jurídicos en conflicto, es decir, que no se podrá adaptar la norma jurídica, en su totalidad, a las exigencias morales de conciencia de todos los ciudadanos. En tales situaciones, sin embargo, lo ideal es evitar respuestas simplistas de carácter negativo. El poder político debe hacer un esfuerzo flexibilizador para buscar aquellas soluciones menos lesivas para la conciencia del objetor.
-El caso reciente de la implantación en España de la objeción a la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, ¿entra en la definición de objeción de conciencia?Rafael Navarro-Valls: Desde luego. El derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derecho a elegir una concepción del bien y a ponerla en práctica, sin interferencia de los poderes públicos. El problema se plantea cuando entre el Estado y los padres se da un desacuerdo sobre cuál es la mejor manera de preparar a los alumnos para participar en la vida política o asegurar su progreso moral.
En estos casos, el Estado puede adoptar dos posiciones. La primera, decidir por sí mismo cuál es la mejor manera de asegurar el desarrollo de las competencias morales, cívicas y políticas de la nuevas generaciones. La segunda, decidir que no le corresponde a él dar una respuesta definitiva a la cuestión. Esta es la postura correcta, desde la vertiente de los derechos humanos y de una democracia madura. Por eso, la imposición legal de una asignatura de formación antropológica y moral con carácter general para todos los alumnos puede ser una clara infracción de los derechos constitucionales que corresponden a los padres, y que justifican que la lesión del derecho fundamental de libertad de conciencia sea amparado.
En esa línea se mueve la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (casos Folgero y Zengin, 2007) y la del TS de los Estados Unidos de América que, en el caso Yoder (1972), ya decidió hace años que la libertad de los padres para educar moralmente a sus hijos está por encima del poder coercitivo del Estado en materia de escolarización obligatoria. De ahí la severa crítica que ha recibido el TS español al decretar en febrero de 2009, el rechazo de la objeción de conciencia planteada por numerosos padres ante la asignatura de Educación a la Ciudadanía. La debilidad del planteamiento jurídico del TS es evidente, cuando se comprueba que las sentencias aludidas van acompañadas nada menos que de diez votos particulares contrarios de los propios magistrados de la Sala. Las sentencias del TS han sido recurridas ante el Constitucional y el Tribunal de Derechos Humanos. Existen fundadas esperanzas de que, al final, los padres objetores sean tutelados en sus derechos.
-¿Podría existir la objeción de conciencia fiscal, por ejemplo, ante el uso de fondos públicos para usos moralmente comprometidos, como el aborto?Rafael Navarro-Valls: Conviene advertir, ante todo, que la objeción de conciencia fiscal no suele ir dirigida contra el acto exigido por la ley – el abono de impuestos- si no más bien contra el destino que se hace de una parte de ellos. Por eso, los llamados objetores fiscales plantean como alternativa destinar a otros fines compatibles con su conciencia la cuota que inicialmente se niegan a pagar. No son, pues, evasores fiscales: su finalidad no es defraudar al fisco, sino evitar contribuir a gastos que entienden inmorales según su conciencia (gastos militares, financiación de abortos etc.). Que yo sepa, se han presentado proyectos de ley a favor de la objeción fiscal en Estados Unidos, Canadá, Holanda, Bélgica, Alemania, Reino Unido Italia y España (éste último en junio de 2005, por el grupo parlamentario ERC). Por ahora no han obtenido la aprobación mayoritaria de las Cámaras. Sin embargo, alguna jurisprudencia canadiense y norteamericana ha aceptado formas similares a la objeción fiscal. En concreto, han protegido a objetores que, por razón de conciencia, rehusaban abonar las cuotas debidas a los sindicatos, destinando su importe a instituciones de beneficencia o charities.
En mi opinión, la aplicación inflexible del principio de no afectación del impuesto –que es el gran obstáculo para admitir la objeción fiscal- está siendo cada vez más contestado por la doctrina jurídica tributaria, hoy más proclive a concepciones impositivas basadas parcialmente en el principio del beneficio en lugar del de capacidad de pago: el ciudadano paga en función del beneficio que recibe de la actuación pública, y no sólo de su capacidad económica. Este tipo de consideraciones facilitarán que, en un futuro no lejano, se tomen en cuenta las opciones de conciencia, incluida la contraria a pagar impuestos destinados a financiar abortos.
- La objeción de conciencia presupone una objeción de conciencia rectamente formada? Es decir, ¿presupone que la ley positiva puede ser injusta, lo cual equivale reconocer un fundamento legal por encima de la ley positiva, una "ley natural" que obliga a la conciencia?Rafael Navarro-Valls: En principio, la objeción de conciencia es un derecho fundamental que, incluso, ampara la llamada conciencia errónea. El Estado no es competente para valorar las motivaciones que mueven a las conciencias de sus ciudadanos.
Pero es evidente que, en muchos casos, el objetor actúa movido por una ley natural que está por encima de la ley positiva. Esto no es una anomalía. Cuando hace años se cumplió el medio siglo del inicio de ese drama judicial que fueron los juicios de Nurembreg se observó que, al rechazar la tesis de la “obediencia debida” a la ley nacional-socialista y a la cadena de mando cuando ordena atrocidades, se potenció la función ética que en la teoría clásica de la justicia corresponde a la conciencia personal. Nuremberg demostró que la cultura jurídica occidental se fundamenta en valores jurídicos radicales, por encima de decisiones de eventuales mayorías o imposiciones plebiscitarias.
-¿Qué opina de las directivas europeas en el caso concreto de la objeción del personal sanitario contra el aborto? ¿Y de la ley del aborto española? ¿Por qué tanta reticencia a reconocer este derecho?Rafael Navarro-Valls: Las reticencias detectables a reconocer este derecho en toda su plenitud, han sufrido un varapalo jurídico severo por la reciente resolución 1763(2010) de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. En ella se establece una clara prohibición de coaccionar o discriminar a personas o instituciones que rehúsen –por cualquier razón- participar o colaborar en un aborto voluntario, eutanasia o cualquier acto que cause la muerte de un feto o embrión humano. Al tiempo, invita a los Estados miembros a que desarrollen una normativa que tutele en su plenitud la objeción de conciencia al aborto, garantizando al personal sanitario el derecho a abstenerse en cualquier tipo de prácticas abortivas o eutanásicas.
Respecto a España, la regulación de la objeción de conciencia al aborto que hace la Ley Orgánica 2/2010, en la medida que intenta restringirla, choca frontalmente con la doctrina del Tribunal Constitucional que, ya en el fundamento jurídico 14 de la STC 53/1985, la tutela ampliamente, al declararla parte integrante del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida por el art. 16.1 de la Constitución española. Por otra parte, las cláusulas de la ley de 2010 que prevén la inserción de técnicas abortivas en los planes curriculares de ciertas carreras sanitarias justifican el que, varias Facultades de Medicina de Universidades españolas, hayan planteado objeción de conciencia institucional a dichas enseñanzas. Su argumentación: “No se puede solucionar la tragedia de un embarazo indeseado con la tragedia superior del aborto. Nuestro compromiso es formar profesionales para curar, investigar y ayudar”. Me recuerda la postura adoptada por dos anestesistas en una penitenciaría americana llamados a inyectar la inyección letal en un condenado a muerte. Su negativa se basó en este argumento: “Nosotros somos médicos, no verdugos”.
-En algunos casos se ha planteado la objeción al diagnóstico prenatal, pues puede suponer una “condena a muerte” del feto. De llevarse esto al extremo, no podrían hacerse siquiera ecografías, pues cualquier diagnóstico podría llevar a la madre a abortar. ¿En qué casos estaría justificado objetar? ¿Hay diferencia entre técnicas invasivas y no invasivas?
Rafael Navarro-Valls: Para entender este tipo de objeciones, que efectivamente ya se han planteado por algunos ginecólogos, conviene recordar que esta técnica médica suele utilizarse para detectar malformaciones genéticas. Por ejemplo, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia recomienda en sus protocolos que la amniocentesis se haga antes de la semana 22, para dar tiempo a abortar legalmente. De ahí que el examen prenatal habitual se relaciona con valores relacionados con la vida humana: afecta a las personas discapacitadas, como individuos y como grupo, así como al respeto a los derechos de autonomía de las mujeres embarazadas.
En este contexto, las objeciones planteadas por ginecólogos se basan en los siguientes razonamientos: 1. No hay nada objetable en hacer controles obstréticos orientados a detectar situaciones que puedan ser prevenidas o puedan tratarse, incluso buscar enfermedades fetales para ser tratadas intraútero o tras el nacimiento; 2. Pero, a veces, el diagnóstico prenatal supone un riesgo potencial desproporcionado para el hijo en gestación o carece de utilidad terapéutica. En estos supuestos se convierte en un instrumento eugenésico. Los hijos pueden ser abortados (y de hecho a veces lo son) con diagnósticos leves: labio leporino, pie zambo, patologías curables, como cardiopatías etc.; 3. Es en estas situaciones cuando se han planteado las objeciones. En España, se han aceptado judicialmente la adopción de medidas cautelares para que el ginecólogo objetor pueda dejar de hacer esos diagnósticos, “pues los perjuicios que se le pueden causar serían de difícil reparación” (STSJ de Andalucía, 30 septiembre 2008).
-Por último, pongamos el caso de un médico que se ve obligado a objetar ante una práctica médica que considera contraria a su conciencia. ¿Qué pasos debe seguir para tomar esa decisión? La objeción ¿debe ser o no la última posibilidad?Rafael Navarro-Valls: Antes de objetar en conciencia, el médico (incluido el de atención primaria, que en algunos países es el primer obligado por ley a entregar a la mujer gestante la información sobre la práctica abortiva) debe comprobar que el aborto que se le propone es legal, es decir, incluido en los supuestos contemplado por la ley. Si no lo fuera, desde luego debe oponer lo que se llama la objeción de legalidad, es decir, la negativa a realizar una práctica abortiva, que puede ser delictuosa.
Comprobado que el aborto es legal, es cuando puede oponer objeción de conciencia. El modo dependerá de cada legislación. En España, la nueva legislación de 2010 establece que la objeción debe manifestarse “anticipadamente y por escrito”, sin especificar nada más. Lo normal será hacerla ante el hospital o centro asistencial en el que se trabaje. Existen colegios médicos donde existe un registro de objetores: es prudente también que conste en ese registro. Basta objetar una vez y no es necesario ningún tipo de autorización. En caso de negativa por parte de la autoridad superior, es cuando el médico puede iniciar la vía administrativa y luego la judicial hasta que se dicte resolución judicial, hasta agotar todos los recursos. En todo caso, durante la duración de ese proceso judicial el médico no está obligado a realizar el aborto en ningún caso. En España existe una Guía de objeción de conciencia sanitaria al aborto (editada por ANDOC, julio 2010) donde está muy bien explicado todos estos pasos que aquí resumo, al igual que la relación de personas (personal administrativo, médico, paramédico etc.) que gozan del derecho a la objeción. A esta excelente Guía me remito.
Por Inma Álvarez
ARTÍCULO DE ROLAND JOFFE, DIRECTOR DE ENCONTRARÁS DRAGONES (THERE BE DRAGONS) WWW.ELMUNDO.ES /SÁBADO 2 DE ABRIL DE 2011
El director de ‘La misión’ reflexiona sobre la Guerra Civil española y Escrivá de Balaguer, protagonista de su última película, ‘Encontrarás dragones’, recién estrenada: «Si estamos dispuestos a matar a nuestros hermanos por nuestras creencias, ¿qué dice esto de nosotros?» / «Podemos revertir el camino de destrucción y construir la paz practicando el perdón»
“La pregunta que más me han hecho en las últimas dos semanas es qué me motivó a hacer la película Encontrarás dragones, y cuál es mi visión de la Guerra Civil española. Escribí Encontrarás dragones porque no me resigno a vivir en un mundo como el que me ha tocado vivir. Diría que, a mi edad, es una señal de salud mental pensar como el Padre Gabriel –protagonista de mi película La misión–, que «si la fuerza es lo que vale no hay lugar para el amor en el mundo». Por eso he vuelto a España, a una historia que me fascina desde hace tiempo y que ejemplifica como pocas la espiral de violencia omnipresente en la Humanidad.
Una lucha fratricida, la Guerra Civil española, que cinco años antes de su inicio nadie podía adivinar y que se prolongó en el tiempo, como se ha podido ver por las reacciones de unos y de otros hacia la película, arrastrando sus ecos hasta el debate de la historia, ecos que siguen resonando fuerte, tanto que a veces parecen reproducir las voces de la aquella época, y desde fuera a veces producen miedo. La primera línea del guión de esta película es «Todas las guerras comienzan mucho antes de disparar la primera bala y continúan mucho después del efecto de la última».
Aunque lo más cómodo sería seguir viviendo en la tranquilidad intelectual de aposentarse entre el rumor y el mito, en una división entre buenos y malos que exonera de mayores esfuerzos, he querido profundizar en lo que sucedió en España durante la Guerra Civil, sin elegir un bando. Lo que sucedió en España fue una herida que realmente desgarró a familias de la manera más dolorosa y atroz. Hermanos lucharon contra hermanos, ¿pero significa esto que ya no fueran hermanos? Si estamos dispuestos a matar a nuestros hermanos a causa de aquello en lo que creemos, entonces ¿qué dice eso de nosotros, de nuestros valores o principios?
Y es aquí donde las historias de los hombres y mujeres que vivieron la Guerra Civil apelan a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo. Los procesos históricos no son más que el conjunto de opciones personales de cada uno, las decisiones que tomamos ante los retos y decisiones que la vida nos presenta, y que determinan las opciones personales de otros muchos. Esos retos se agrandan en tiempos de guerra. Cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Estos dilemas son, en cierto sentido, los dragones de mi nueva película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro y al de muchísimas personas. Encontrarás dragones habla de las diferentes opciones que asumimos las personas en esos momentos de inflexión ¿tentaciones, si usted quiere? y de lo difícil ¿y al mismo tiempo necesario? que es salir de los círculos viciosos del odio, el resentimiento y la violencia. Al final, todos nos encontramos ante estas opciones. Todos tenemos que elegir entre el amor y el odio. Optar entre dejarnos vencer por nuestros resentimientos o encontrar la manera de conquistarlos, de superarlos. Ver la vida como una serie de injusticias, de rechazos y heridas, o como una serie de oportunidades, para vencer a esos dragones a través del poderoso deseo de sustituir el odio por el amor.
En ese Madrid convertido en infierno en 1936, Josemaría Escrivá –como había hecho el ficticio Padre Gabriel en la selva amazónica de 1756– escogió «hablar sólo de amor y de Dios» y así lo recogen sus diarios íntimos a los que he tenido acceso. Elegir el amor, él diría el Amor (con mayúsculas) es comprender que el odio es una prisión, optar por la libertad, por ser libres, por el camino de la libertad. Nadie que odia puede ser libre.
Han pasado algunos años de todo eso y las cosas no han cambiado mucho, los conflictos violentos siguen estando presentes en todo el mundo: Israel-Palestina, Coreas, Libia, Uganda. Rene Girard lo expone de forma clara en su teoría mimética. Imitamos los deseos de otros –deseos de poder y riquezas– y eso convierte a los otros en nuestros rivales, en nuestros enemigos. Esa competitividad que reina en nuestra sociedad genera una espiral de violencia omnipresente en la que Ulrich Beck denomina la «sociedad del riesgo», donde el peligro viene sobre todo de los otros, que desean lo mismo que nosotros deseamos. Elegir el amor no es la opción más fácil, no puede serlo. A veces, incluso, puede parecer inhumano. Al final todo se reduce a una pregunta: ¿Este amor es más grande que mi amor propio? Esta es una pregunta importante, y de alguna forma determinó el destino de buena parte de la política de los inicios del siglo XX. A esta pregunta no se puede responder con una actitud de superioridad ni de superficialidad, sólo es posible darle respuesta desde la humildad y la humanidad.
Junto a ésta se plantea otra cuestión de una gran complejidad. Si este amor apasionado se basa en un ideal, o en una idealización, si consiste en la aceptación de un solo modelo de comportamiento humano, ¿cómo se puede evitar caer en el fanatismo o la demonización?
Desde tiempos de la Ilustración, ésta ha sido una cuestión fundamental. ¿Cuántos actos inhumanos, cuántos crímenes se han cometido en nombre del amor por un bien más grande, por un ideal? Me parece que sólo si se comprende la trágica falibilidad de todos los seres humanos y de todos los comportamientos humanos podemos encontrar la senda del entendimiento y de esa profunda empatía, un verdadero sentido de identificación con el otro, que puede liberarnos de la demonización del otro y de las espirales de violencia en las que se encuentran metidos tantos, sin esperanza de salir. Por eso, la escena crucial en Encontrarás dragones es la que sigue a un asesinato atroz. Al instar a sus seguidores a cambiar su ira y su dolor por el amor a cualquier ser humano, Josemaría les permite salir del ciclo de violencia y venganza al que el resto de España está encadenado.

La capacidad de perdonar de los demás perdona a uno mismo. Su belleza es poderosa. El perdón deshiela lo que ha quedado congelado. Toca lo humano en el interior de quien pide perdón y de quién perdona. La fortaleza de ser perdonado. El perdón tiene siempre dos caras y quien no ha aprendido a pedir perdón nunca sabrá perdonar. El que renuncia a pedir perdón se convierte en un hombre que huye, un cobarde. A ellos, a los que pensaron alguna vez como Diego Mendoza –en La misión– que «no hay redención posible», a los que piensan que no hay nada en el mundo capaz de perdonar sus atrocidades les diría, con el Padre Gabriel, que «hay vida, hay una salida». Existe siempre un momento clave donde el perdón es posible. Sí, existe espacio para la esperanza, incluso en las circunstancias más dolorosas, trágicas y terribles, en las que la esperanza parece imposible.
Con Encontrarás dragones no he querido dar lecciones de moral ni de historia, sólo recordar que frente a los que se escudan bajo el «no teníais elección…Tenemos que trabajar en el mundo y el mundo es así», sigo respondiendo que «no, nosotros lo hemos hecho así, yo lo he hecho así». Basta con no perder de vista que podemos ser protagonistas del mundo en el que nos toca vivir pero sólo cuando seamos conscientes de que también podemos ser responsables de su camino de destrucción. Y que podemos revertir ese ciclo de destrucción y construir la paz, practicando el poderoso y bello arte del perdón”.
Crucifijo en las escuelas de Italia: gran victoria para Europa
Por Grégor Puppinck, director del Centro Europeo para el Derecho y la Justicia
ESTRASBURGO, viernes 18 de marzo de 2011 (ZENIT.org).-
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha considerado por 15 votos a favor y 2 en contra que la presencia del crucifijo en las aulas de las escuelas públicas italianas está de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre. Esta sentencia pone freno a la tendencia laicista del Tribunal de Estrasburgo y constituye un cambio de paradigma. Altera radicalmente sin medias tintas una decisión adoptada precedentemente por unanimidad, que ahora se presenta como un "error" histórico de ese mismo Tribunal.
La Corte declara justamente que el hecho de que "la reglamentación italiana asigne a la religión mayoritaria del país una visibilidad preponderante en el ambiente escolar (...) no es suficiente para caer en el adoctrinamiento por parte de Italia y para establecer una falta de respeto de las prescripciones" de la Convención europea. En otras palabras, el Tribunal establece que "por lo que se refiere al lugar preponderante de una religión en la historia de un país, el hecho de que se le asigne un espacio más amplio que a las demás religiones en los programas escolares no es en sí un acto de adoctrinamiento" (Cf. Comunicado de prensa del Tribunal Europeo de Derechos Humanos).
Al mismo tiempo, el Tribunal ha subrayado la importancia de respetar la subsidiariedad y el margen de discernimiento del que se benefician los Estados en materia religiosa.
El Centro Europeo para el Derecho y la Justicia constata con satisfacción que la Gran Sala del Tribunal ha adoptado exactamente, con poquísimas variaciones, el razonamiento desarrollado por este Centro en sus observaciones escritas.
El Centro Europeo para el Derecho y la Justicia se alegra al constatar que el Tribunal europeo ha renunciado de este modo a promover una concepción radical de la laicidad. Esta decisión es una victoria para Europa, pues Europa no puede ser fiel a ella misma marginando el cristianismo. Esta decisión es más una victoria para Europa que para el "crucifijo"; Europa renuncia a renegar de su propia identidad, a suprimir el cristianismo en nombre de los derechos humanos.
De hecho, el Tribunal ha reconocido que en los países de tradición cristiana, el cristianismo posee una legitimidad social específica que le distingue de otras creencias filosóficas y religiosas, y justifica que una actitud diferenciada pueda ser adoptada, cuando es necesario. Dado que Italia es un país de tradición cristiana, el símbolo cristiano puede tener legítimamente una presencia visible específica en la sociedad.
Esta decisión es sumamente positiva para Europa, tiene un profundo "alcance unificador".
Al rechazar la oposición artificial de los derechos humanos con el cristianismo, el Tribunal preserva la unidad profunda y la interdependencia unificante de los valores espirituales y morales que fundamentan la sociedad europea. Esta decisión es fiel al Estatuto del Consejo de Europa, que afirma que los Estados europeos están "inseparablemente unidos a los valores espirituales y morales que forman parte del patrimonio común de sus pueblos y que constituyen el origen de los principios de libertad religiosa, de libertad política, y de preeminencia del derecho, sobre los que se basa toda auténtica democracia".
Marginar el cristianismo en nombre de los derechos del hombre resquebrajaría esta unidad entre valores morales y espirituales y enfrentaría la identidad de Europa contra ella misma.
La decisión del Tribunal tiene también un profundo alcance unificante entre los diferentes pueblos europeos, pues ante el riesgo de poner en causa el lugar del cristianismo, más de veinte países han tomado públicamente posición a favor de la presencia pública del símbolo de Cristo en la vida pública europea. Se trata de Armenia, Bulgaria, Chipre, Grecia, Lituania, Malta, Mónaco, Rumanía, Federación Rusa y San Marino, así como Albania, Austria, Croacia, Hungría, Moldavia, Noruega, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Ucrania. Estos países, en cuanto signatarios de la Convención, son ante el Tribunal sus primeros garantes. En cierto sentido, los Estados miembros poseen el poder "de interpretación auténtica" del texto, pues tienen el poder soberano de modificarlo o de desapegarse de él.
Este gesto colectivo inédito tiene una importancia decisiva y testimonia que el cristianismo --más allá de las divisiones políticas y confesionales-- sigue estando en el corazón de la unidad europea. De este modo, respetando la presencia visible del cristianismo en la sociedad, el Tribunal ha contribuido a reforzar la unidad de la cultura europea.
Este decidido gesto político tiene lugar ante el intento de corrientes laicistas radicales de utilizar los derechos del hombre contra el cristianismo. Las corrientes laicistas radicales, como rechazo del cristianismo, manipulan la cultura de los derechos humanos para descristianizar Europa en nombre del respeto y la tolerancia hacia los no creyentes. Tras un lenguaje de tolerancia, el pluralismo religioso creciente se sirve entonces como pretexto para marginar el cristianismo y, en ultima instancia, imponer a la civilización europea una secularización excluyente.
El objetivo del laicismo radical consiste en imponer una secularización de la sociedad para promover un cierto modelo cultural en el que la ausencia de valor (neutralidad) y el relativismo (pluralismo) se han convertido en valores en sí mismos, apoyando un proyecto político que se considera "post-religioso" y "post-identitario", en una palabra, "post-moderno". Este proyecto político tiene una pretensión de monopolio en cuanto sistema filosófico.
Un ejemplo típico de manipulación del "pluralismo religioso" contra la identidad cristiana de Europa es la agenda escolar publicada por la Comisión Europea. Esta agenda, de la que se han distribuido varios millones de ejemplares, ha omitido voluntariamente las fiestas cristianas para promover oficialmente un mejor conocimiento de otras religiones y creencias. Si hasta ahora se ha utilizado sobre todo el argumento del respeto por los no cristianos para marginar el cristianismo, ahora se manipula cada vez más el miedo al islam para marginar el cristianismo. El miedo del Islam es utilizado para luchar contra todas las religiones, incluido el cristianismo.
Ante estos intentos de marginación, el Tribunal ha recordado que el cristianismo, lo creamos o no, tiene en los países de tradición cristiana una legitimidad social superior a la de las demás creencias filosóficas y religiosas. Esta legitimidad innegable justifica que se adopte una actitud diferenciada, cuando es necesario. Esta actitud diferenciada puede justificar la presencia del crucifijo en las aulas de las escuelas italianas.
En este sentido, la sentencia Lautsi es una victoria para Europa. Esta sentencia ha dado la oportunidad de mostrar de nuevo que las raíces cristianas de la gran Europa alimentan la identidad profunda y la cohesión social del continente europeo.
[Traducción del original francés realizada por Jesús Colina]
por José Eizaguirre, Religioso marianista
Comencé a prescindir del desayuno de los viernes hace nueve años, durante un año sabático que disfruté en la India. En la comunidad marianista en la que yo vivía, uno de los religiosos era trabajador social. Todos los días recorría las calles y slums de la ciudad haciendo el seguimiento de personas y familias necesitadas, muchas de las cuales vivían a la intemperie. Este hermano tenía la costumbre de sustituir el desayuno de los viernes por un frugal café, en solidaridad con todas las personas que no podían desayunar ningún día. “Esta mañana voy a ver a mucha gente que no habrá probado bocado y quiero de esta manera, al menos un día a la semana, sentirme más cerca de ellos”.
Impresionado por la pobreza ambiental que no podía dejar de ver todos los días, no tardé mucho en imitar a mi hermano. Y es que cuando uno vive cerca de los hambrientos es más fácil ayunar.
Después he mantenido esta práctica semanal del ayuno de los viernes, con la intención de no olvidarme de las personas hambrientas con las que me encontré aquel año en la India. Un pequeño gesto que me recuerda, al menos una vez a la semana, lo afortunado que soy y lo desafortunadas que son tantas personas hoy en el mundo.
Con el tiempo he ido practicando, además, algunos días de ayuno (días en el que solo hago una comida, sobre todo en contextos de retiros), en los que he ido descubriendo las repercusiones saludables y espirituales de un estómago voluntariamente vacío. Ciertamente, el ayuno voluntario es una ayuda en nuestra búsqueda humana de Dios, en el reconocimiento de la propia fragilidad, en la aceptación de las debilidades ajenas y en el dominio de uno mismo. Pero seguramente si yo no hubiera comenzado a ayunar por motivos solidarios nunca hubiera llegado a descubrir esas otras dimensiones. Sí, seguramente hoy sea más fácil descubrir el ayuno empezando por la solidaridad y llegando a la espiritualidad que viceversa.
Hoy no es difícil comprender que alguien haga “huelga de hambre” por una causa justa (los 32 días de ayuno de Aminatu Haidar en noviembre pasado son un ejemplo reciente). Pero más allá del recurso al ayuno radical como medio de protesta o de presión política ante una injusticia, para mí el ayuno es una forma de recordar la mayor de las injusticias que hoy sufre nuestro mundo: el hambre. No los vemos, porque la gran mayoría de ellos están lejos de nosotros, pero según la FAO, en el mundo existen mil millones de personas hambrientas y cada día cuarenta mil –entre ellas quince mil niños– mueren literalmente de hambre. ¡Por el amor de Dios! ¿No se nos revuelven las entrañas ante esta catástrofe diaria?
Ante este drama humano, el ayuno supone un gesto de solidaridad. No voy a remediar el hambre en el mundo, pero sí quiero expresar que el hambre en el mundo me importa y me afecta. Es un gesto, ante todo, de com-pasión, de querer padecer junto con los que sufren, aun sabiendo que mi solidaridad no les va a quitar el hambre. ¿Qué sentido tiene entonces compartir la carencia de otros sabiendo que eso no va a disminuir la suya? La respuesta no está en el nivel de la lógica sino en el del corazón. ¿Acaso no lo hacemos con las personas a las que queremos? Me importáis tanto que hago mío vuestro sufrimiento, compartiendo vuestro drama, aunque ello no reduzca vuestro dolor.
El ayuno es para mí, en primer lugar, un medio que me ayuda a no olvidarme de los hambrientos. Pero hay algo más: en un mundo donde hay incomparablemente más riqueza que en cualquier otra época de la historia, el que existan mil millones de personas desnutridas y que cuarenta mil mueran ¡cada día! por el hambre es una injusticia clamorosa que merece ser denunciada. Porque sabemos que el hambre en el mundo es evitable. ¡Sabemos incluso cuánto dinero cuesta evitarlo! Y sabemos que las naciones ricas nos gastamos (con el dinero de los ciudadanos, también con el mío y con el tuyo) veinte veces más en armamento y en salvar a los bancos de la quiebra, que lo que costaría erradicar el hambre y la pobreza extrema. ¡Por el amor de Dios! ¿No nos indignamos ante esta perversa manera de establecer prioridades?
Ayunando una vez a la semana tal vez no cambiemos las políticas de nuestros Gobiernos, pero estamos haciendo un pequeño gesto: el gesto de denuncia de una situación que no nos gusta y el gesto de que nosotros sí estamos dispuestos a cambiar, aunque sea en “cosas chiquitas”. Nuestro ayuno es, también, un medio que puede servir para que otros no se olviden de los hambrientos.
Entrevista a Vicente Rodríguez García, Doctor en Historia, profesor y escritor: “A la enseñanza secundaria en España le faltan tres pilares: disciplina, valores cristianos y educación diferenciada”
Redacción - 11/02/2011
Según su experiencia en este campo, que no es corta -más de 35 años- a la enseñanza secundaria en España le falta tres grandes pilares: la disciplina, los valores católicos y la educación diferenciada. Así, se lo ha contado el profesor, escritor y Doctor en Historia, Vicente Rodríguez García a Análisis Digital
¿Podría desarrollar estas afirmaciones?
He dicho tres pilares sustentantes que faltan para dar unas sugerencias positivas y de mejoras. El primero es la disciplina, el orden, las normas de convivencia, etc.; el segundo son los valores, si no se incorpora la enseñanza de los valores cristianos a nuestros alumnos, su educación se desmorona. Y el tercero es la educación diferenciada; en estas edades está muy demostrado: enseñar y educar a niños y niñas juntos provoca el fracaso de unas y otros porque el nivel de maduración psíquica y de aprendizaje es diferente, con ritmos distintos.
Suelo decir que es un negocio en estos momentos promover colegios con estas tres ideas, de hecho todos los existentes tienen muchísimas más solicitudes que plazas, podría poner ejemplos de ocho colegios en Sevilla que con estas características no pueden admitir a todas las solicitudes.
¿Como concretaría los valores católicos?
Se le da muchas vueltas a este tema de los valores, se escriben libros de más o menos calidad pero los directivos y el profesorado deben tener como motivo conductor los valores que sencillamente se desprenden de los mandamientos amorosos de Dios. Ningún niño, ningún adolescente, sale perjudicado si se le educa en el amor y respeto a los padres, en el amor y respeto a los demás, en el uso responsable de la libertad, en el amor a la vida, en el amor a la verdad, en respetar los bienes de los demás, en vivir una sexualidad sana, etc., estos son en realidad, entre otros, los mandamientos del Amor de Dios para los hombres.
¿De qué manera pueden reaccionar los padres antes estas premisas?
Hablando siempre desde mi experiencia, los padres de cualquier ideología, o desde cualquier planteamiento vital, suelen querer para sus hijos un centro educativo en el que haya orden y se les eduque y se enseñe en calidad, un centro que impriman en los alumnos principios humanos, católicos y la enseñanza separada porque sus hijas o sus hijos salen beneficiados.
Esto ni es “políticamente correcto” ni lo aceptan muchas personas.
Ciertamente tiene usted razón. Pero el futuro, ya ha empezado, va por lo que afirmo. Ejemplos puedo poner muchos. No obstante seguirán los violentos ataques de los políticos que desean manipular a la juventud y construirlos de tal manera que les voten. Algunos políticos ven peligrar sus carreras si la juventud es sana, si los jóvenes son críticos, si poseen valores estables desde los que pueden construir su propia vida y no seguir el dictado de una ideología determinada. Saben que el citado tipo de educación los hará libres y por ello les cierran las puertas a una enseñanza en libertad, con leyes de educación manipuladoras ideológicamente. En la época de Franco había una asignatura obligatoria que se llamaba “Formación del Espíritu Nacional” en ella se pretendía inculcar a los alumnos los principios del llamado Movimiento Nacional, es semejante a algunas asignaturas actuales que buscan la aplicación del mismo método, ésta y otras son manifestaciones del ataque frontal a la enseñanza de la que vengo hablando.
¿Y como evolucionará la situación?
Resultará, desgraciadamente, que los ricos podrán pagar buenos colegios y los menos pudientes no podrán hacerlo. Pero el peligro también campea sobre esos colegios. Primero quieren suprimir los principios enunciados más arribas en los concertados, ya lo han hecho en los públicos, pero no se quedarán ahí, irán por los colegios privados con el objeto de desmontar los pilares de los que le he hablado, acabar con la disciplina, con los valores católicos y con la enseñanza diferenciada. Saben muy bien que esta educación perjudica determinados intereses políticos. Yo hago un llamamiento a los padres, que se enteren bien de lo que sucede en las aulas de sus hijos, de qué se les enseña a sus hijos, de qué saben sus hijos, y después actúen en consecuencia acudiendo a la dirección del colegio, al consejo escolar, al la asociación de madres y de padres e incluso a las autoridades educativas, muy sensibles ante la protesta de los padres.
¿Hay solución? ¿Está concienciada la sociedad?
La solución va por la acción concreta de los padres y le pondré algún ejemplo. ¿Qué padre o qué madre se quedaría tranquilo si su hija o su hijo de 6 años llega a casa diciendo que tiene que decidir si es hombre o mujer? ¿Qué padres se quedarían tranquilos si sus hijos llegan a casa diciendo que saben usar el preservativo porque lo han aprendido en la escuela y han hecho prácticas sexuales? ¿Qué padres se quedarían tranquilos si averiguan que los conocimientos de sus hijos son nulos, que en determinadas clases no se hace nada, que el profesor se lleva media hora hasta que logra sentar a los alumnos y la otra media intentando que algunos atiendan? Si los padres no hacen nada, todo se desmorona, si los padres hacer valer sus derechos más elementales que están recogidos en la Constitución, empezarían a resolverse los problemas.
A la segunda pregunta le contesto con tres afirmaciones leídas recientemente en la prensa de tres autores de distinta manera de pensar pero coincidentes en lo que sostengo: “El proceso degenerativo de nuestra enseñanza es el mayor de nuestros problemas y el de los peores pronósticos” (Manuel Martín Ferrand). “La calle está que da pena en nivel de educación, por los suelos. Hallar a un niño educado es creer en una aparición” (Antonio García Barbeitio). Y la última, con palabra malsonante incluida, de J. Félix Machuca: “Han instaurado una ley no escrita pero sí de obligado cumplimiento: el que estudia es una maricona”.
La sociedad está concienciándose y soluciones existen, queda ponerlas en práctica.
Alto tribunal francés ratifica el matrimonio tradicional
By Lauren Funk
PARÍS, 4 de febrero (C-FAM) Un fallo pronunciado la semana pasada en la tierra de la égalité determinó que la prohibición francesa del matrimonio entre personas del mismo sexo está en consonancia con la Constitución del país, y resolvió de manera efectiva que no existe inequidad si se sostiene la definición del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.
El reclamo por la «igualdad» es el sello distintivo de la mayoría de las campañas nacionales e internacionales por los derechos de los homosexuales, particularmente el que concierne al matrimonio entre personas del mismo sexo. Las discusiones en la ONU sobre la orientación sexual abundan en referencias a la igualdad y a la no discriminación.
El Consejo Constitucional es la mayor autoridad de Francia en asuntos constitucionales, y si bien normalmente asesora al gobierno sobre la constitucionalidad de las elecciones y de las leyes, también posee autoridad para pronunciarse en esta materia acerca de casos particulares presentados ante él por ciudadanos franceses. El pasado otoño boreal, el Consejo recibió el caso de una pareja de lesbianas que cuestionaba la constitucionalidad del Código Civil francés (el cual reconoce que el matrimonio es entre un hombre y una mujer), y que aducía que la exclusión del matrimonio entre personas del mismo sexo violaba el derecho de los ciudadanos a llevar una «vida familiar normal», así como también el principio de igualdad ante la ley.
El Consejo determinó el pasado viernes que debido a la disparidad de situaciones entre las parejas hetero y homosexuales, la diferencia de tratamiento de las leyes de familia se justifica y no viola el principio de igualdad. Respecto a la vida familiar, la Corte determinó que el "pacte civil de solidarité", forma de unión civil que otorga una plétora de beneficios legales, fiscales y oficiales, es suficiente para llevar una «vida familiar normal».
El Consejo se abstuvo de comentarios sobre el matrimonio del mismo sexo en sí mismo manifestando que es una cuestión de política, y no, de derecho, determinar tal asunto. La principal oposición, el Partido Socialista Francés, ya ha prometido que solicitará que se someta a votación el matrimonio entre personas del mismo sexo el próximo verano nórdico en el Parlamento.
Independientemente de la votación parlamentaria, hay una clara posibilidad de que agrupaciones de activistas presenten el caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con la esperanza de que dicha corte rebata la decisión de Francia. El pasado martes, un grupo de militantes con sede en el Reino Unido lanzó una campaña para intentar que este tribunal revoque la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo vigente en el Reino Unido. Quizás no esté lejos de Francia una campaña similar, ya que el caso está «maduro para ser revisado por el tribunal de Estrasburgo», según Roger Kiska, consejero jurídico del Alliance Defense Fund. Sin embargo, prevé que no hay posibilidades de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos pueda impugnar con éxito la decisión del Consejo.
Según Kiska, ya se ha presentado un caso de matrimonio del mismo sexo ante la corte europea, el cual resultó en un dictamen que establece que está «dentro de los márgenes de apreciación de cada Estado decidir sobre sus propias leyes de familia». La decisión del Consejo Constitucional francés, según la cual la diferencia en el tratamiento de las leyes que componen el derecho familiar está justificada, entra dentro de los «márgenes de apreciación» descritos en el dictamen del tribunal europeo, y, por ello, este último no debería poder desafiar el fallo francés. Teniendo esto en mente, y con la esperanza de que el Parlamento de Francia respalde el matrimonio tradicional cuando inevitablemente sea sometido a votación, Kiska parece optimista acerca del futuro de la legislación sobre el matrimonio en esta poderosa nación europea.
Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano
Anónimo
El pasado viernes estuve en la boda de mi primo Pedro. Me gustó la homilía del sacerdote, de la que saqué algunas ideas, que podría llamar "":
1- No le digas que le quieres, ya lo sabe
2- Guarda rencor hacia sus errores y no se te ocurra perdonarle
3- No le/a quieras como es, sino como te gustaría que fuera: fíjate sólo en sus defectos y no en sus virtudes
4- Acostúmbrate a su compañía, que te parezca algo normal, algo que te mereces
5- Juega con su amor; hay cosas más importantes: haz frecuentes salidas sin él/ella e intima con otras personas
6- Automatiza la relación de amor, no pongas esmero en los detalles
7- ¿Más hijos? ¿Estás loco/a? Sólo dan problemas.
Aunque prefiero leerlos en positivo: "7 mandamientos para un matrimonio feliz":
1- Dile que le/a quieres todos los días: le gusta oírlo, aunque ya lo sepa
2- Acostúmbrate a perdonar y olvidar sus errores
3- Quiérele/a como es: fíjate en las virtudes y no en los defectos. Piensa que tú también tienes defectos
4- Asómbrate cada día de la posibilidad de tenerle/a cerca: no te acostumbres a su compañía
5- Protege lo más importante que tienes: su amor. No lo arriesgues y cuídalo con todas tus fuerzas
6- Disfruta con cada detalle que tenga contigo y esfuérzate por tener nuevos detalles de amor cada día
7- Cuida de los hijos y permanece abierto a la vida: el trabajo y la diversión no son lo 1º
por LUIS MARIA ANSON, miembro de la Real Academia Española (2-04-2009).
ALLI donde hay un hospital dedicado al sida, lo mismo en Africa que en Asia o Iberoamérica, también en Europa, son monjas y curas católicos los que están a pie de cama para atender a los enfermos.
He recorrido en trabajo profesional más de cien países. En las leproserías de todo el mundo, en los asilos de ancianos terminales, en los hospitales para
enfermos infecciosos, sólo se encuentra uno con misioneras y misioneros católicos. Esa es la escueta verdad. Nunca me he tropezado en esos lugares con un comunista militante, con uno de esos manifestantes que vociferan contra la Iglesia. Los misioneros y misioneras permanecen al margen de las pancartas y los sermones políticos. Derraman su amor sobre los leprosos, los sidosos, los enfermos terminales, los ancianos sin techo, los desfavorecidos y desamparados.
Aún más, todos los profesionales del periodismo sabemos que cuando estalla una tragedia del tipo que sea en el tercer mundo, encontraremos información certera en la misionera o el misionero españoles, que ejercen su ministerio en los lugares más
miserables. Nunca fallan, esa es la realidad.
José Luis Rodríguez Zapatero, para dar una lección a la Iglesia Católica, ha decidido obsequiar a Africa con un millón de preservativos pagados a través de los impuestos con los que sangra a los ciudadanos españoles. ¿A cuántos militantes del PSOE, encabezados por Bibiana Aído, va a enviar para que se instalen durante diez años en los hospitales especializados en sida, para que convivan con los
enfermos, les atiendan, les den de comer, les limpien, les acompañen?.
El Papa ha instalado en el Africa enferma a muchos millares de monjas y curas, de misioneros y misioneras. Obras son amores. Esa es la diferencia entre los que vociferan y los que derraman cariño y
atenciones.
Conocí en enero de 1967, cuando carecía de la celebridad que adquirió posteriormente, a Teresa de Calcuta. Pasé un día con ella visitando sus hangares para enfermos terminales. Escuché con atención lo que me decía. Fue una lección de quién sabía mejor que nadie en qué consisten las tierras duras del hambre, el mundo de los desfavorecidos profundos. Supe que estaba hablando con una santa. Y así lo escribí.
Pues bien, en el cuerno africano, en las ciudades estercoleros de Africa, en los pueblos escombreras de Asia, en las favelas brasileñas o en las villamiserias peruanas, trabajan para los más pobres, para los más desfavorecidos, millares y millares de teresitas de Calcuta.
El Papa cree que la mejor forma de combatir el sida en Africa es la monogamia y la fidelidad. No ha tenido en cuenta lo estupendas que están las negritas y lo difícil que tiene que ser, ante el espectáculo de tanta belleza y atractivo, que los negros politeístas y polígamos practiquen la virtud de la monogamia. Pero ironías aparte, quienes combaten el sida en Africa, quienes atienden a los enfermos son las misioneras, los misioneros católicos.
Escuché en una tertulia de radio a un simpático homosexual cebarse con el Papa y despotricar contra la Iglesia. Se me ocurrió aclararle: «Dicen que el sida está especialmente extendido entre los homosexuales aunque afecte ya a los heterosexuales. Seguro que tú nunca te pondrás enfermo. Pero ten por seguro que, si así fuera, quien te atenderá con amor y dedicación en el hospital será una monja católica». Se quedó callado como una puta el simpático gay y los tertulianos se apresuraron a cambiar de tema.