viernes, 12 de junio de 2009

10 tópicos abortistas

¿Por qué son injustos los tres supuestos de despenalización?
Despreciar la vida con el criterio de un mero plazo de tiempo es inhumano. Pero no es más humano suponer que otras circunstancias hacen indigna la vida.

Juan Cruz Cruz / Santiago Mata
Gaceta, publicado el8.01.2009

TÓPICO I
La mujer es dueña de su cuerpo

El feto se considera asimilable al organismo materno y eliminable como un trozo sobrante. Parece que tener un hijo concerniese exclusivamente a la mujer.

La realidad es que el óvulo fecundado o cigoto posee, reunidos en parejas, 23 cromosomas de la madre y 23 del padre. El ser fecundado es un individuo irrepetible, dotado de una estructura genética única, programada por el ADN, distinta a la de la madre.

Nadie se ha dado a sí mismo ni el cuerpo ni ningún componente de su ser. El padre y la madre son dueños del acto sexual, pero no del fruto de ese acto. Aunque jurídicamente la mujer sea dueña de su cuerpo, éste también es un núcleo de responsabilidades sociales, por ser el lugar en el que ha comenzado una nueva vida. Y esta vida nueva plantea derechos y responsabilidades. La responsabilidad que contraen la mujer y el hombre al engendrar no conlleva un derecho de condenar a muerte al hijo.

El nuevo ser depende de condiciones externas, ambientales y maternales; pero eso no añade nada a su ser sustancial, ni lo define como parte del organismo materno. Tampoco después de nacer puede un niño vivir independientemente de la madre o de los cuidados apropiados. No es independiente hasta la madurez. A este niño, ¿cabría negarle el derecho a seguir viviendo?

TÓPICO 2
El embrión es una masa sin actividad ni personalidad

Lo que crece en el vientre de la mujer no es un ser humano. A lo sumo el embrión es un proyecto, una posibilidad, un dibujo remoto de una persona. Carece de identidad orgánica y genética. No es viable.

a) Identidad genética. Los conocimientos biológicos confirman que en los 46 cromosomas del óvulo fecundado están ya inscritas todas las características del individuo: sexo, talla, color de los ojos y de los cabellos, forma del rostro y hasta temperamento.

El embrión muestra una enérgica individualidad en su funcionamiento. Al sexto día, con sólo milímetro y medio de longitud, comienza a estimular, con un mensaje químico, el cuerpo amarillo del ovario materno para suspender el ciclo menstrual y no ser expulsado. Es una primera afirmación de autonomía. Al decimoctavo día de vida (cuatro después de la falta de la regla) empieza a formarse el cerebro. Su minúsculo corazón late desde el día 21. A los 45 días después de la falta de la regla, el embrión mide 17 milímetros de largo. Tiene manos, pies, cabeza, órganos y cerebro, pudiéndose registrar ondulaciones en el electroencefalograma. A los 60 días de la falta, funciona ya su sistema nervioso. Después de la concepción, no hay un paso del no ser al ser humano. La vida humana está siempre en despliegue, y sólo relativamente pueden distinguirse fases en ella.

b) La viabilidad es también relativa: hace cuarenta años un niño era viable a las 30 semanas. Hoy puede serlo a las 20 semanas; y sobran indicios para pensar que en breve lo pueda ser a las 12 o 15 semanas.
¿El embrión es sólo humano si tiene actividad eléctrica cerebral?

Es cierto que el cerebro es el sustrato biológico necesario de toda actividad intelectual humana. Cuando la actividad cerebral falta, se obtiene un electroencefalograma plano. Puesto que el electroencefalograma de un embrión es plano hasta la octava semana del embarazo, ¿significa eso que no es vida humana?

Aparecen aquí dos nuevas cuestiones: en primer lugar, el problema decisivo de saber si lo que otorga carácter humano al embrión es primariamente el funcionamiento del cerebro. En segundo lugar, si pueden equipararse las dos situaciones aludidas de no funcionamiento del cerebro: la actividad que no ha aparecido todavía y la que ya ha desaparecido.

a) El embrión tiene carácter humano desde el momento de la fecundación. El dato básico de toda la Biología moderna es la célula, o sea, la más pequeña cantidad de materia que reúne todos los requisitos de un sistema viviente. El hombre es un ser pluricelular, cuya individualidad biológica se constituye en la célula originaria, que surge al fusionarse la célula reproductora masculina con la femenina.

A los 43 días de la fecundación se detecta ya una actividad eléctrica cerebral subcortical; a los 90 días aparece la actividad eléctrica cortical. Este desarrollo cortical del cerebro es a su vez muy lento. Ni siquiera el niño recién nacido posee la plenitud del despliegue cortical; es más, puede decirse que el recién nacido se comporta como un ser falto de corteza cerebral, ya que no ha culminado en su sistema nervioso ni la mielinización ni la formación neuronal. Sólo hacia los seis años queda acabado anatómicamente el cerebro.

Si el criterio diferenciador de la vida humana fuese la existencia y funcionamiento, más o menos perfectos, del cerebro, entonces ni el recién nacido estaría en situación de ser considerado como pleno ser humano. Negar al embrión sin actividad cerebral la condición de hombre es tan falaz como negar la condición humana al adolescente porque todavía no es adulto.

b) Por lo dicho se comprende que no pueden equipararse las dos situaciones de no funcionamiento del cerebro: la del que no funciona todavía y la del que no funciona ya. En el caso de la muerte de un individuo es síntoma de un proceso irreversible. En cambio, en el comienzo de la vida embrionaria, es síntoma de una plenitud de potencialidades, rebosantes de vida.
¿Puede decirse que el feto no tiene ni alma ni personalidad?

No puede decirse que la inteligencia racional aparezca en el niño una vez acaecido el nacimiento. Los psicólogos explican que las funciones específicas de la inteligencia, como intuir, razonar y abstraer, llegan a su plenitud en la adolescencia: ni siquiera están acabadas en la infancia.

El tópico confunde la posesión de inteligencia con su ejercicio actual. La inteligencia racional, como facultad espiritual cognoscitiva del hombre, se despliega en la medida en que el sustrato orgánico o cerebro lo permite. Pero puede permitirlo sólo porque está ya animado. El alma es el principio espiritual por el que el embrión humano desarrolla una corporalidad precisa y un cerebro complicadísimo que permite que se ejercite una de las funciones anímicas: el entender racional.

Incluso los autores que estuvieron a favor de que el alma racional no aparecía en el feto desde el principio, no por ello dejaban de considerar el aborto como un delito contra la vida humana que, según su opinión, era persona en potencia.

Porque aunque no tuviésemos certeza del momento exacto en que el alma humana entra en el cuerpo, no podemos matar un feto si solo es probablemente no humano, de la misma manera que no enterramos a un adulto que sólo está probablemente muerto.

TÓPICO 3
Una cosa es el 'aborto' y otra la 'interrupción voluntaria del embarazo'

Con la llamada ley del aborto sólo se presupone la interrupcion del embarazo; muchas personas que serían contrarias a un aborto avanzado, sin embargo son partidarias de la interrupción voluntaria del embarazo en sus comienzos.

El tópico supone que la falta de regla en la mujer por causa de embarazo puede considerarse como algo anormal que ha de atajarse en cualquier momento; por ejemplo, impidiendo enseguida la anidación del óvulo fecundado, mediante los llamados anticonceptivos orales, muchos de los cuales tienen efectos abortivos sobre el óvulo fecundado, efectos que son suavizados con expresiones como “control de la ovulación, reposo ovárico, regulador del ciclo”, etc.

De hecho estos anticonceptivos orales actúan primero sobre el hipotálamo, por cuyo mecanismo bloquean la ovulación; después sobre las trompas: bien con estrógenos que, al aumentar la movilidad, hacen que el óvulo fecundado llegue al útero antes de estar preparado para la anidación; bien con gestágenos que, al disminuir la movilidad, hacen que el óvulo llegue tarde al útero, cuando ya ha muerto por falta de nutrición. Asimismo el anticonceptivo actúa sobre la mucosa del útero, impidiendo que el endometrio quede dispuesto para recibir y anidar el óvulo fecundado.

La interrupción del embarazo, por contraceptivos orales en su primera fase, o por métodos más violentos en fases avanzadas, es siempre un aborto; o sea, un atentado que pone fin a una vida humana inocente. Al contrario de las cosas que se interrumpen, no hay modo de volverla a poner en marcha.

Tópico 4
Legalizar no es aprobar

La ley civil no coincide con la ley moral. Según este tópico, una ley del aborto no intenta promover abortos, sino regular su práctica sanitaria fiable. La ley ha de procurar el remedio para una situación, sin entrar en indicaciones éticas.

Los abortistas confunden realidad con situación de hecho. Esta última es la opresión de un hombre en un campo de concentración, en una explotación minera antihumana, en un aborto provocado. Realidad, en cambio, es el ser del hombre, cuyo desarrollo hay que favorecer. Y la ley no está para mantener situaciones de hecho, sino para lograr que el hombre alcance lo que potencialmente es, protegiéndolo y estimulándolo.

Si la función de la ley fuese consagrar las situaciones de hecho, tendría que ser así en todos los casos, y no sólo en el del aborto. Es cierto que la despenalización (y legalización) no convierte la acción criminal en buena. Pero las estadísticas muestran que, en la práctica, la despenalización del aborto ha implicado su aumento.
Este tópico se mezcla en los siguientes argumentos:
Bien está que la criatura nazca cuando es querida previamente por sus progenitores, pero si no la desean o no la han planificado, es una amenaza al equilibrio amoroso de la pareja. Este argumento responde a un enfoque individualista, propio de capitalistas y liberales. El mayor número de abortos se produce motivado por la afirmación de la libertad sin responsabilidades, o sea, por razones de conveniencia y bienestar.

Hay dos tesis capitales del invidualismo. Primera: que todos los hombres son buenos, libres e iguales por naturaleza, con derecho a esa forma de felicidad que se llama amor, buscado libremente. Segunda: que, por la bondad natural del hombre, las tendencias amorosas están en nosotros para que las sigamos, sin considerar sus consecuencias.

El individualismo ignora que el verdadero ámbito interpersonal es la unión moral de sujetos que realizan un fin conocido y querido por ellos: su bien común. En un ámbito interpersonal con unidad de fin y unidad de voluntades, las relaciones entre personas no están determinadas puramente por los individuos sino por el bien común. Aquí se cumple el adagio: el todo es más que la suma de sus partes. Y es así porque nosotros no nos hemos hecho sexualmente complementarios; ni físicamente aptos para procrear. Asumimos el proyecto de fecundidad en el hijo. Los esposos no son rivales, ni hace cada uno su negocio. Hay un consorcio de vida, una comunidad donde lo primario no es el acuerdo de voluntades, sino el fin por el que se unen libremente.

Una señal de la especificidad racional del hombre es que puede prever las consecuencias de sus actos y responder de ellos. Su conducta sexual no es una excepción. Traer una nueva vida es justamente uno de los fines del amor conyugal.

¿Lo engendrado es humano sólo si los padres lo aceptan?

Este argumento supone que la vida humana carece de valor intrínseco, independiente de lo que hacen los otros para hacerla verdaderamente humana. Responde al enfoque colectivista, propio del socialismo marxista y del fascismo nazi.

El colectivismo subraya algo cierto: que el hombre vive en sociedad. Su inteligencia, su voluntad y sus sentimientos no podrían desplegarse adecuadamente sin la presencia de los demás. La sociedad no es una simple suma de individuos, sino la suma de esos individuos, más unas relaciones originales que tienen leyes propias. Pero esas relaciones no son el hombre, sino que son del hombre, cuyo ser es más original y profundo que las relaciones que lo ligan a los demás.

La persona posee anterioridad natural respecto de la sociedad, de tal manera que sus derechos no le vienen del medio social en que vive, sino de su condición sustantiva de ser persona.

Tópico 5
La ley que penaliza el aborto es represiva, en cambio la que lo liberaliza es democrática

Es de aplaudir la reforma de leyes represivas cuando éstas se dirigen a limitar o impedir la libertad debida del individuo; pero no cuando coartan las acciones de una libertad que atenta contra el derecho de otra persona, en nuestro caso el niño no nacido. La madre sabe que la ley del aborto ha sido represiva sólo para el hijo que ha llevado en sus entrañas.

¿Exigen la democracia y el pluralismo ideológico despenalizar el aborto?

De ningún modo es aceptable que la mayoría pueda decidir acerca de lo que es o no conforme con el bien natural del hombre. En tal caso desembocaríamos una vez más en la tiranía de la mayoría. En el aborto, nadie ha pedido su opinión al que está por nacer a propósito de si quiere o no nacer, ni se le podría pedir. Lo único que aquí cuenta es la naturaleza del embrión, cuya tendencia fundamental es a seguir siendo. No se trata de una materia opinable, sino del hecho cierto, atestiguado por la ciencia, de una vida humana, que no espera para ser real el acuerdo en las opiniones de los mayores.

Quien debe ser respetada es toda persona, no toda opinión, puesto que hay opiniones falsas como la que sostuviera la licitud del aborto. No se puede invocar la libertad de opinión y la democracia para atentar contra los derechos de los demás, especialmente contra el derecho a la vida de un inocente.

El tópico olvida que análogamente a como la libertad cuenta con condicionamientos naturales, también tiene en la conformidad con la ley moral su meta: se trata de un vínculo que no es establecido por la propia libertad. Y el verdadero progreso está en que la actividad del hombre y las leyes sociales se conformen cada vez más a esa meta moral.

Jean Toulat, autor de Le Droit de naitre, afirmaba en Le Monde: “la actitud de progreso consiste en promover una real libertad de no abortar. Hay que tomar medidas de orden familiar y social para favorecer la protección de la vida. Estas medidas ayudarían a que la mujer evitara esta prueba del aborto”.

Tópico 6
Es necesario impedirlos abortos clandestinos

Se empieza acudiendo a casos dramáticos, confesiones de mujeres que han sufrido un aborto clandestino en pésimas condiciones sanitarias; a embarazadas que han muerto tras un aborto clandestino, etc.

La verdad es que como, una vez aprobado, no todas las mujeres pueden ampararse en la ley, se siguen produciendo abortos clandestinos. Ello lleva a liberalizar en mayor grado la ley, para que no exista discriminación y así consagrar el aborto a petición.

Christopher Tietze, experto en estadísticas sanitarias, asegura que es dudoso que en los países que aceptan legalmente el aborto haya descendido el número de abortos clandestinos. A la misma conclusión llegan los doctores Hilgers y Shearin.

Y es que muchas personas, para evitar la publicidad y oficialidad, los papeleos, las certificaciones, la inspección pública, con el riesgo de divulgación que acarrean, se inclinan por la clandestinidad del aborto. Sólo cuando a la sociedad se le haya extirpado la conciencia que dicta la inmoralidad de un crimen acabarán las mujeres sometiéndose al aborto en una institución pública, oficial.

Tópico 7
No se debe nacer para el hambre y la miseria. Es injusto que sólo puedan abortar los ricos

Es el argumento más hipócrita que se conoce: Podrías vivir, pero como quizá te falte cariño, medios de vida, etc., te mato.

El aborto permitido no va a nivelar las diferencias económicas, sino que va a extender un mal; y va a gravar las conciencias de las madres con una acción que ellas reconocen como injusta. Lo que se debe buscar no es facilitar tal acción, sino asistir en los momentos difíciles a las madres, evitándoles que sean víctimas de su debilidad.
Los médicos que practican abortos salen siempre favorecidos económicamente. Un médico abortista neoyorkino declaró en la revista Medical Economics: “En lo económico, después de tantos años de lucha, no puedo dejar de sentirme un poco como el tejano que cavó buscando agua y dio con petróleo”.

Con la legalización del aborto, se pretende que esta matanza la pague el contribuyente español, incluido el que rechace el aborto por razones científicas o incluso morales.

Si la sociedad no debe pagar este precio de sangre, ha de proporcionar a las madres que pasan por situaciones difíciles otras soluciones que no sean la del aborto. Y por lo que hace a los pobres, el Estado debe elevar su nivel de vida y hacer que su existencia sea cada vez más digna. No se elimina la pobreza eliminando a los inocentes o matando a los pobres.

Este milagroso remedio, aplicado a cualquier territorio tiene indiscutiblemente un efecto boomerang que acaba por golpear al país que lo aplica. Muchas naciones que practican el aborto (La peste blanca, según el título del conocido libro de Pierre Chaunu y Georges Suffert) están por debajo del crecimiento cero, demográfico y económico. Se encuentran en la vía del autogenocidio.

TÓPICO 8
Exigencias de la salud física y psíquica de la madre

Este tópico pretende justificar el llamado aborto terapéutico, destinado a eliminar al feto por razones médicas o terapéuticas: el peligro para la salud física o psíquica de la mujer.

a) Salud física de la madre. En los rarísimos casos en que se verifican las dos condiciones de peligro de muerte inminente y de seguro agravamiento del estado de la madre en el transcurso del embarazo —cardiopatías graves o formas nefropáticas crónicas—, la medicina está hoy en condiciones de salvar tanto la vida del niño como la de la madre. Hasta el punto de que es fácil hacer una intervención quirúrgica de corazón o recurrir al empleo del riñón artificial durante la gestación, sin perjuicio para nadie.

Cada vez son más imaginarios —o poco reales—, los casos en que hubiera que salvar una de las dos vidas a costa de la otra. Teóricamente sería lícito pretender la curación de la madre, aun cuando de modo indirecto y no pretendido se cause perjuicio al feto.

El aborto es indirecto cuando la muerte del feto se sigue como efecto, quizá necesario pero no principal, de un medicamento o de un acto médico (como la extirpación de un cáncer de útero) para curar una enfermedad de la madre. Aquí resultan dos efectos de una misma acción: uno bueno, directo y principal (salud de la madre), otro malo y secundario (muerte del feto). De estos dos efectos, uno es el buscado y otro el que puede seguirse de un modo incidental.

b) Salud psíquica. La alteración nerviosa puede estar causada o bien por la futura existencia del niño —no deseada o temida desde el comienzo del embarazo—, o bien por la gestación en sí misma, como fenómeno fisiológico.

En el caso del niño no deseado, la pérdida de la serenidad psicológica podría servir como argumento para quitar la existencia a todo hombre adulto que alterase a otro. En el caso de que la gravidez fisiológica provoque alteraciones nerviosas (esquizofrenia y psicosis maníacodepresivas), los neurólogos y psiquiatras más autorizados afirman que “no conocemos, directamente por nuestra experiencia ni a través de escritos, casos de este tipo que exijan como única solución el aborto”. Así se expresa el neurólogo holandés J. J. Patrick.

La dificultad estriba en admitir sencillamente que el feto es una vida humana, por la que de alguna manera merece la pena aceptar algún riesgo medido, algún sacrificio no mortal por parte de la madre. La mujer, después del aborto, lejos de conquistar la serenidad psíquica, se ve sometida normalmente a un sentimiento de culpa y a una desorganización psíquica comprensible. “Las probabilidades de trastornos psiquiátricos serios y permanentes (después de un aborto) son del 9% al 59 %”, dice un estudio recogido en el Congreso de la Real Academia de Obstetricia y Ginecología de Inglaterra en 1966.

TÓPICO 9
Hay que evitar el sufrimiento de los hijos con malformaciones genéticas

En el fondo de este argumento no hay un sentimiento de piedad, sino un concepto equivocado del hombre, cuyo valor existencial es absoluto, intocable.

El hecho de que, como indica Rosalie Craig, nunca una organización de padres de niños retrasados haya favorecido el aborto, indica a las claras que el contacto directo y vivo con estos disminuidos ofrece la experiencia de que se trata de seres humanos, cuyo apego y disfrute de la vida tiene para ellos un valor absoluto.

Incide aquí un tópico ya expuesto: el feto no sería ser humano hasta que los padres lo aceptaran; sólo a través de las relaciones que estableciera con la comunidad podría hacerse hombre. Si una mujer, a través de exámenes médicos, sabe que su concebido tiene síndrome de Down, estaría en su derecho para rechazarlo. Un ser inútil —le dirán— es una carga social y nunca llegará a ser hombre. No se le puede imponer a la sociedad el peso de tal ser.

Ahora bien, ya vimos que la respuesta a dicho tópico es que el hombre no se reduce a la suma de relaciones que puede guardar con los demás; su esencia profunda reside en su índole espiritual, por la cual podrá ejercer, aunque sea tenuemente, la libertad. Nadie ha podido demostrar que un discapacitado carezca de pensamiento y de libertad, por disminuido que esté su ejercicio.

¿Nos hemos preguntado qué es un discapacitado para sí mismo? ¿Hemos considerado que para él su existencia, su vida, es lo único que tiene? ¿Qué pensarán los discapacitados físicos—tetrapléjicos, etc.— cuando oyen que lo mejor para ellos es no haber nacido? ¿Dirán que han tenido suerte de nacer porque al ser concebidos no existía todavía una ley que permitiera matarlos?

En una carta publicada por el desaparecido diario Ya el 10 de febrero de 1983, se leía:

“Soy una chica de 28 años que en el vientre materno sufrió una malformación, por lo que nacería sordomuda... Quisiera hacer patente la gran labor que hicieron mis padres por sacarme adelante y ofrecerme los medios posibles para desarrollarme tanto física como intelectualmente... Puedo decir que he conocido, aprendido y experimentado como la mayoría de las personas, excepto en una cosa, que es el sentido de la audición y del habla normal. Algo que, efectivamente, eché de menos con frecuencia, pero que jamás me quitó la alegría de vivir. También tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que tienen otra deficiencia (ceguera, parálisis, retraso mental...) y viéndolas y hablando con ellas jamás tuve la imbecilidad de pensar que sería mejor para ellos renunciar a su primer derecho fundamental”.

¿Quieren las personas con discapacidades que las maten? La experiencia dice que no.

Quienes no dejan vivir a un ser humano al que consideran subnormal estiman que los contenidos de una calidad de vida son superiores a la vida misma. Una vida de escasa calidad no merecería ser vivida. El metro de esa calidad de vida es, para estos salvadores, meramente utilitario, a saber: hay calidad de vida cuando se está en el confort prefabricado (tener coche y electrodomésticos), en el bienestar sobreentendido, en el lujo ofrecido (viajar y gozar ilimitadamente del ocio), en el nivel intelectual de una sociedad consumista. Este es el único patrón por el que se mide y decide qué existencias son dignas o indignas de ser vividas.

El sufrimiento que posiblemente padezca un discapacitado en el curso de su desarrollo no lo podemos medir con la vara del sufrimiento de una persona con su total capacidad psíquica desarrollada. Jamás sabremos qué destino puede hacer un disminuido de sus escasas dotaciones. Pero lo cierto es que lo único que para él vale la pena es vivir. Los hijos deficientes y subnormales son, con frecuencia, los más queridos por sus padres, aun cuando antes de nacer hubieran sido no deseados.

Si el aborto es un sistema de prevención de la subnormalidad, prevenir los accidentes en carretera exigiría matar a todos los conductores. Si no se justifica la muerte del malformado ya nacido, ¿por qué se va a justificar la muerte del no nacido?

Es un racismo intolerable conceder la existencia sólo a los bien dotados. Ello llevaría análogamente a quitar la vida a los ancianos improductivos y a los enfermos incurables, etc. Eso hizo Hitler, ejecutando primero a los discapacitados, después a los asociales de las prisiones y finalmente a los judíos, considerados racialmente defectuosos. ¿Qué línea racional separa el matar a un no nacido del eliminar a un ser con alguna falta?

TÓPICO 10
Solución en casos de violación

Según este tópico, el aborto habría que permitirlo cuando el embarazo haya sido consecuencia de una violación, para evitar que una muchacha indefensa quede marcada por el horror y la vergüenza ante la sociedad.

Una vez más, hay que respetar los derechos del viviente humano, sin que ello pueda ser modificado por las circunstancias anormales en que se produjo el embarazo. Tales circunstancias atenúan la gravedad de la acción, pero no la modifican sustancialmente. Con el aborto sólo añade una nueva culpa a la anterior. El niño concebido es aquí inocente; no ha tenido parte ni culpa en la violación.

El injusto agresor de la mujer no es el niño, sino el violador. ¿Por qué no matar al violador? ¿Por qué el delito cometido por el padre ha de ser pagado con la vida por el hijo inocente? ¿Dónde hay en el mundo una legislación que sentencie a muerte al hijo de un criminal?

Conviene aclarar que el embarazo por violación es raro. Los Willke indican que un estudio llevado a cabo en St. Paul de Minneapolis sobre 3.500 casos de violación, durante un período de diez años, no pudo registrar un solo caso de embarazo. La circunstancia anormal en que una violación se produce impide la concepción. En España, los casos declarados en que se ha abortado bajo este supuesto han pasado de uno por cada 5.000 en 1996 a uno por cada 11.214 en 2007.

La angustia de la mujer violada (angustia que la sociedad y la familia tienen la obligación de comprender y dulcificar) no se elimina, sino que se incrementa con el trauma de muerte inhumana del hijo.


miércoles, 10 de junio de 2009

Yo acuso (España 2009)


LOS MUERTOS DE ATOCHA CLAMAN VENGANZA

Pedro J. Ramírez ( Director del Diario El Mundo ).
Actualizado martes 02/06/2009 10:01 horas

El 10 de enero de 1898, el prestigioso biólogo Émile Duclaux, director del Instituto Pasteur, publicó una carta en el diario parisino Le Siècle con la que abría lo que podríamos llamar el frente científico del caso Dreyfus. Sostenía que se había condenado a un inocente, denunciando la falta de rigor de la instrucción sumarial, la ligereza de la sentencia y la actitud de las autoridades, a las que presentaba encerradas en una cueva para no recibir la luz que podían aportar las pruebas caligráficas, el análisis químico de los documentos o el cálculo matemático de probabilidades.

Aunque sea imposible determinar cuál fue el impulso decisivo, es
evidente que este gesto estuvo entre los detonantes de la mucho más
extensa y célebre misiva que tres días después Émile Zola publicó en
L' Aurore con el título de J'Accuse. Si la ciencia entraba en liza en
pos de la verdad, ¿cómo no iban a hacerlo la literatura y el pensamiento crítico?

Ni Antonio Iglesias está al frente de una gran institución pública
-aunque méritos no le faltarían para ello- ni yo soy el Pedro Zola que
para bien o para mal pintan algunos. Pero, a cambio, su aportación
científica a la causa del esclarecimiento de lo ocurrido en Madrid el
11 de marzo de 2004 es mucho más concreta que la de monsieur Duclaux,
y yo supliré con constancia y empeño mis menores dones literarios.
En todo caso, desde el momento en que conocí el minucioso trabajo de
este químico perfeccionista y abnegado, me pareció que era nuestro
deber moral contribuir a divulgarlo para que el mayor número posible
de ciudadanos tengan elementos de juicio tan decisivos como los que
constituyen sus conclusiones.

Yo no sé lo que ocurrió el 11-M y el trabajo de Antonio Iglesias
tampoco lo desvela. Pero sí demuestra que lo que no ocurrió es lo que
dice la sentencia, porque en todos los restos de los focos se halló
dinitrotolueno y en el único que no había sido lavado con agua y
acetona se halló nitroglicerina, dos componentes que están en el
Titadyn y no en la Goma 2 ECO. Por lo tanto, es científicamente
imposible, químicamente imposible, molecularmente imposible por mucho
que lo afirmen la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo que "toda o
gran parte de la dinamita [que estalló en los trenes] procedía de Mina
Conchita", porque en Mina Conchita había Goma 2 ECO, pero no Titadyn.
La otra gran aportación de este trabajo son los sólidos indicios de la
manipulación policial de la investigación, brillantemente realzados
por el texto de Casimiro García-Abadillo, que más que un prólogo es
una auténtica hoja de ruta del estado de la cuestión. Puede decirse,
pues, que gracias a este libro ya sabemos por culpa de quiénes no
sabemos lo que ocurrió en el 11-M o, al menos, por culpa de quiénes
las posibilidades que un Estado democrático tiene de averiguar la
verdad sobre un atentado político de esa magnitud quedaron infamemente disminuidas.

Poner ahora a esas personas en la picota pública no sólo es un acto de
justicia compensatoria, sino que constituye posiblemente la última
esperanza de reactivar la maquinaria de las instituciones e intentar
limpiar -como escribió Zola- "la mancha de cieno" que ensucia nuestra
dignidad nacional.

Por eso, igual que hizo él hace 111 años -ojalá nos traiga suerte tan
perfecto capicúa-, yo acuso.

YO ACUSO al entonces comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez
Manzano, de mantener una línea de conducta supuestamente orientada a
la ocultación y manipulación de pruebas con flagrante incumplimiento
de sus deberes profesionales, al transgredir los protocolos sobre
recogida y almacenamiento de restos, al asumir unos análisis que no le
habría correspondido realizar, al no poner a disposición de la Policía
Científica los fragmentos obtenidos en los focos de los trenes, al
predeterminar la investigación con la muestra patrón de la Goma 2 ECO
de la que presuntamente salió también el explosivo colocado en la
Kangoo y al proporcionar al juez Del Olmo, a la Comisión de
Investigación parlamentaria y al propio tribunal del 11-M información
falsa o gravemente errónea, perjudicando una y otra vez la búsqueda de
la verdad de lo ocurrido.

YO ACUSO a la perito química de los Tedax con carné profesional 17.682
de mantener una línea de conducta supuestamente orientada a la
ocultación y manipulación de pruebas con flagrante incumplimiento de
sus deberes profesionales, al no redactar y entregar a sus superiores
un informe por escrito especificando los componentes de la dinamita
que identificó en los análisis realizados en el laboratorio de los
Tedax durante el mediodía del 11 de marzo de 2004 y al destruir la
disolución en agua y acetona de los restos empleados, impidiendo así
toda posterior verificación.

YO ACUSO al entonces comisario jefe de la Policía Científica, Carlos
Corrales, de incumplimiento de sus deberes profesionales al no
reclamar de forma fehaciente la entrega de los restos de los focos de
los trenes para su análisis en su laboratorio tal y como era
preceptivo.

YO ACUSO al entonces subdirector general de la Policía, Pedro Díaz
Pintado, y al entonces comisario general de Información, Jesús de la
Morena, de incumplimiento de sus deberes profesionales al consentir
expresa o tácitamente que el jefe de los Tedax no entregara a la
Policía Científica los restos de los focos de los trenes.

YO ACUSO al general Félix Hernando, responsable de la UCO de la
Guardia Civil, de mantener una línea de conducta supuestamente
orientada a la ocultación y manipulación de pruebas con incumplimiento
de sus deberes profesionales, al transmitir a la Comisión de
Investigación parlamentaria, al juez instructor y al propio tribunal
del 11-M información falsa o gravemente errónea sobre la investigación
de la trama de explosivos en Asturias y el papel de sus confidentes en
la misma, y al dar presuntamente instrucciones a su subordinado el
alférez Jaime Trigo para que tratara de destruir la nota informativa
que demostraba esa falsedad.

YO ACUSO al alférez de la UCO Jaime Trigo de mantener una línea de
conducta supuestamente orientada a la ocultación y manipulación de
pruebas al dirigirse al entonces segundo jefe de la Comandancia de
Oviedo, Francisco Javier Jambrina, y pedirle, según su testimonio
judicial, la destrucción de la nota que dejaba en evidencia a su
superior Félix Hernando.

YO ACUSO al actual comisario jefe de la Policía Científica, Miguel
Ángel Santano, y a sus subordinados Pedro Mélida, José Andradas y
Francisco Ramírez de mantener una línea de conducta supuestamente
orientada a la manipulación y ocultación de pruebas al "alterar" de
"forma inveraz" -tal y como ha establecido la Justicia- un informe
pericial que podía contradecir la versión oficial de lo ocurrido,
dejando patente que -al margen de la propia trascendencia de dicho
informe- existía una consigna política para orientar la investigación
en una única dirección.

YO ACUSO al mando de la Policía Científica Alfonso Vega, jefe de la
pericia ordenada por el tribunal del 11-M, de entorpecer la acción de
la Justicia al poner trabas al trabajo de sus compañeros y al alentar
en su propio informe al tribunal las más extravagantes teorías para
tratar de justificar la aparición en los análisis de componentes
químicos que echaban por tierra la versión oficial de los hechos.

YO ACUSO al juez Juan del Olmo de grave negligencia e incompetencia
profesional al permitir la destrucción de pruebas esenciales como los
propios trenes, al no asegurarse de que la Policía hubiera cumplido
los protocolos establecidos para el análisis de explosivos, al
concluir la instrucción sin tan siquiera contar con una prueba
pericial de lo que estalló en los trenes, al permitir el
incumplimiento de las normas de custodia de las pruebas, al orientar
unidireccionalmente las investigaciones y al perseguir con saña sin
"ponderación, mesura ni equilibrio" a los dos policías que podían
poner en evidencia algunos aspectos irregulares de las mismas, tal y
como acaba de establecerlo la Justicia.

YO ACUSO al juez Javier Gómez Bermúdez de negligencia profesional, al
incluir en la sentencia graves errores materiales de carácter fáctico
en relación al resultado de la pericia de explosivos; de
inconsistencia intelectual, al no reflejar en la sentencia las
consecuencias lógicas del resultado de la prueba pericial por él mismo
encargada; de incoherencia personal, al defraudar las expectativas por
él mismo alentadas cuando comunicó a las víctimas que algunos policías
irían "caminito de Jerez"; de frivolidad, imprudencia y posible
revelación de secretos, al colaborar en el libro de su esposa sobre el
juicio, y de manipulación política, al hacer una presentación sesgada,
tendenciosa y distorsionada de la sentencia. Vergüenza sobre
vergüenza.

YO ACUSO a los jueces Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás de
negligencia profesional, al suscribir los graves errores materiales de
carácter fáctico incluidos en la sentencia, al respaldar las
inconsecuencias del ponente en relación al resultado de la pericia de
explosivos y al respaldar pasivamente su presentación sesgada,
tendenciosa y distorsionada de la sentencia.

YO ACUSO a la fiscal del caso, Olga Sánchez, y a su superior directo,
el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, de
negligencia profesional e incumplimiento de las obligaciones que se
derivan del Estatuto del Ministerio Público al impulsar una
investigación unidireccional, ceñida a la conveniencia del Gobierno, y
desdeñar el valor probatorio de la evidencia científica mediante
expresiones como: "En los trenes estalló Goma 2 ECO y vale ya" o "Da
igual el explosivo que se utilizara".

No, no da igual el explosivo que se utilizara porque si, tal y como se
deduce del riguroso trabajo del químico Antonio Iglesias, lo que
estalló fue Titadyn, es muy probable que algunos inocentes hayan sido
condenados y no cabe duda de que hay grandes culpables en libertad,
pues nadie ha sido juzgado y condenado por suministrar este explosivo.

No, no vale ya. Por seguir ciñéndome a la estructura e incluso a las
palabras literales de aquel artículo de Zola, en cuanto a estos 18
funcionarios públicos a los que acuso, "debo decir que ni les conozco,
ni les he visto nunca, ni siento particularmente por ellos rencor ni
odio. Les considero como entidades, como espíritus de maleficencia
social. Y el acto que realizo aquí no es más que un medio
revolucionario [yo elegiría un adjetivo más modesto, pues, no en vano,
la democracia ha progresado en los 111 años transcurridos] de activar
la explosión de la verdad y de la justicia".

Zola concluía de forma impactante y melodramática: "Sólo un
sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en
nombre de la humanidad que ha sufrido tanto y tiene derecho a ser
feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se
atrevan a llevarme a los tribunales y que me juzguen públicamente".
Yo suscribo ese mismo espíritu de lucha por la verdad y, por supuesto,
como siempre, asumo las consecuencias de la libre expresión de estas
opiniones. Pero, dicho sea con toda franqueza, aspiro a que los
juzgados sean ellos.

Yo sólo puedo acusarles ante el tribunal de la opinión pública pero
confío en que todos estos indicios, pruebas y argumentos estimulen a
quienes están legitimados para ello a iniciar las acciones pertinentes
para que todas o al menos algunas de estas 18 personas deban rendir
cuentas de sus actos en el plano profesional, administrativo o
eventualmente penal. Sólo procediendo contra ellos podremos ahora
recorrer el camino inverso de las piedras de Pulgarcito hacia el
origen de los hechos y las fuentes de la verdad.

"Así lo espero".






lunes, 1 de junio de 2009

LAS ANAS DEL SIGLO XXI

Había pensado poner como lema de este testimonio "Lee y disfruta", pero me ha parecido que se quedaba corto. Que no expresaba el contenido de este suceso, que no dejaba claro la magnitud del problema al que se enfrentaba esta mujer, que no valoraba en toda su dimensión la generosidad y sacrificio de su respuesta, que no tenía en cuenta la fuerza de su fe, ..., y tantos valores más que tu podrás añadir a este encabezado. ¡Ahora, sí! ... "LEE Y DISFRUTA"

Hago un recuerdo especial en el nacimiento de Ana, nuestra pequeña, que hoy cumple tres años.

Celebro este día en mi corazón con gozo y agradecimiento porque está con nosotros y no entró en el número alarmante de abortos autorizados por la ley basados en la prevención de riesgos y supuesta salud mental de la madre.

Muchos de vosotros, quizás no entendáis de qué estoy hablando, por eso os contaré la historia de Ana:

Sin aparente justificación, hace unos años, empecé a adelgazar y a sentirme mal con mucha frecuencia, hasta el punto de pesar menos de 48 kilos, habiendo estado mi peso entre 64 y 68 kilos generalmente. Acudía al medico con frecuencia, pero no podía explicarle qué me pasaba: comía muchísimo, tenía frecuentes y bruscos cambios de humor sin motivo y pasaba el día del sofá a la cama, sin casi poderme mover.

Mi medico ante estos síntomas, escribía en mi historia clínica:
- "diagnostico: depresión.
- tratamiento: antidepresivo".

Me perdonaras no te diga el nombre, porque yo tiraba las recetas sin sacar los fármacos de la farmacia. Cosa que a mi me valió, pero que no lo aconsejo pues era una imprudencia temeraria por mi parte.

El mal ánimo me duraba varias estaciones seguidas, con intervalos de algún día de sol, en el que con muy buena fe, me sostenía erguida varias horas y me auto convencía de que iba ha hacer muchas cosas, de que el malestar pasaría. Pero cada recaída era peor, hasta que viendo que mi deterioro se agudizaba nos pusimos en manos de especialistas.

Os lo podéis imaginar... Me toco un doctor joven, pero muy cualificado, con muchas ganas de estudiarme, porque me hizo todas las pruebas que había estudiado. Algunas yo creo que por simple curiosidad y otras que surgían por protocolo al ir hallando patologías diversas, que no te cuento, porque dieron negativo al final (a Dios gracias), por que si no, hoy no lo cuento. Aunque me mantuvieron amenazada de un futuro incierto y muy cercano y mi apariencia era la típica de los que ya han sacado el billete y preparan la maleta para el viaje sin retorno.

En todo ese proceso de estudio, yo contabilizaba dos faltas: mi menstruación se había asustado de tantas pruebas o, como me temía, me había vuelto a quedar embarazada.

Mi joven doctor tenía la obligación de prevenirme contra la altísima probabilidad de que el hijo que esperaba, trajese algún problema añadido a causa de la frecuencia radiológica a la que había sido sometida y al estado de desnutrición en el que yo a estas alturas me encontraba.

Con la angustia normal de padres de un ser que puede llegar a este mundo con un grado de enfermedad o minusvalía avisada, seguimos pidiendo consejo a otros especialistas. Uno y otro, hasta seis médicos (todos ellos con gran prestigio profesional) me aconsejaron abortar. Incluso después de las semanas permitidas por ley y con el consuelo, de que no era un caso aislado.

En ese mismo año se practicaron más de ocho mil abortos, amparados en los supuestos permitidos por la ley. De los que, sobre seis mil, la causa de autorización para abortar se basaba en el riesgo de que la madre padeciera depresiones después del parto.

Todo este tema, además, lo sacamos en conversaciones con los amigos y personas allegadas. Fueron tertulias interesantes, en los que en más de una ocasión tuve que oír cosas como:
- “No te das cuenta de que estáis muy bien y que vas a traer una ruina a tu casa, pudiendo quitarte el problema ahora”.
- “Eres una egoísta y por sacar éste hijo adelante, vas a arruinar la vida de los otros cuatro ".

Mi marido y yo no pensábamos lo mismo. Éramos personas que creíamos en un Dios, que además era Padre. Y confiábamos en que si nuestra hija venia y tenia la desgracia de enfermar, Él nos daría los medios y las gracias que necesitáramos para soportarlo y sacarla adelante.

Yo creo que a quien más le afecto todo este tema fue a mi hijo mayor, pues ante lo que oía, el adolescente, se cuestionaba realmente si debía o no abortar. Yo lo veía preocupado pues no terminaba de definirse si estaba a favor o en contra del aborto. A mí me hubiese gustado encontrar otros ejemplos para hacerle entender nuestra postura, pero solo se me ocurrió este:
–“Un día tu vas al parque con un amigo en su moto y tienes un accidente. Te puedes imaginar, que los efectos de ese accidente son leves o también puedes imaginar que te quedas en coma, o parapléjico.

Dime: ¿Que debería hacer contigo?, ¿debería matarte yo para no sufrir viéndote o para que no sufrieras tú?".
Quedó en silencio mucho rato dándole vueltas, y por fin dijo:
- "¡No!, no me gustaría. Creo que no debes abortar. ¡Ya lo sacaremos entre todos!".

Meses más tarde teniendo en casa, a una niña preciosa, completamente sana, inteligente alegre y feliz le volví a preguntar:
- "¿Te das cuenta del crimen tan horrible que hubiésemos cometido, si no le damos la oportunidad a Ana de nacer?".
Asintió con una sonrisa y miro con agradecimiento a su hermana pequeña por haber nacido.


Esta es la historia de Ana. Contada así, parece un cuento, pero esa es la realidad de hoy día. Miles de madres, sin una formación adecuada, y sin unos convencimientos de fe, sin el apoyo de su familia, y con los problemas añadidos que conlleva cada existencia, cada familia están prohibiendo a sus Anas que nazcan. Y lo que es más grave, muchas veces, engañadas, o con una verdad a medias... , ocultando seguramente otras opciones para salvar la vida de un ser humano.

De este tema lo que menos entiendo es que seguramente pronto, las leyes de nuestro país condenaran o castigaran de alguna forma a quienes abandonen un perrillo o maltraten a un animal..... ¡los hombres somos así de sensibles!

Nuestra lengua, al ser tan rica en matices, según que sinónimo escojas para definir un termino puede parecer más suave, escandalizar menos y podemos darle la vuelta a las palabras que por lo visto es lo que saben hacer los políticos que promueven o defienden las leyes anti-personas. Pero me temo que ante el juicio de Dios, no va ha haber tanta palabrería: cada hecho tiene un nombre, y el nombre del aborto es crimen.

Se podría hacer el mismo duro juicio que a los doce responsables de muertes violentas de sus propios hijos que van ya en este año, y que es el mayor escándalo para una sociedad. Así como de los numerosos casos de abandonos de bebes en contenedores de basura. Noticias que, al verlas en las pantallas de los televisores o en la prensa, nos ponen piel de gallina. Actos todos incomprensibles dentro de una cabeza sana. Luego mi excusa (para estos casos) es que alguna nueva enfermedad nos esta atacando, pues ni siquiera en el reino animal irracional hay especies que maten a sus propias crías.

Antes de seguir hablando de este tema, que quizás por que viví en propia carne la tentación de eliminar de mi historia a una persona tan importante como es nuestra pequeña Ana, siento que ese hecho me autoriza moralmente a dar mi opinión libremente.

Quisiera hacer un paréntesis, para aclarar una cosa que a una de mis amigas no le termina de convencer.
Su argumento es que en los días en que vivimos no se puede decir esto, por respeto a las miles de mujeres que han abortado por una u otra circunstancia y a las cuales yo no tengo derecho a hacer sentir culpables por sus actos.
Mi intención no es acusar a nadie y además puedo comprender que la vida y las decisiones de cada persona tienen un complejo mundo de condicionantes que a veces nos ciegan y podemos no decidir lo mejor. Realmente, no puedo ni deseo acusar a nadie. A Dios gracias no me toca a mí esta labor y, desde luego, desde un punto de vista cristiano, ante un daño de esta índole, también ha de haber el deseo de perdonar y ayudar a quien busca este consuelo.

Pero sí que es un hecho real que esta pasando en nuestros días, y ante el cual tenemos todo el derecho a dar nuestra opinión, al menos nuestra postura, que naturalmente también puede ser una ayuda para personas que todavía duden y que solo vean la parte negativa de los problemas, sin encontrar más opción.

Levantarnos de nuestros errores, y nuestros horrores, son uno de los dones a los que tenemos derecho. Y son muchos los casos en los que el arrepentimiento del mal cometido fortalece el espíritu, para ayudar a otros a que no pasen por los mismos calvarios.

Y si en algún momento tú que lees esto o estas en ese riesgo o conoces a alguien en esas circunstancias, me gustaría decirte que no desesperes, que no te rindas, nunca está todo perdido. Muchas veces la ayuda tal vez esté fuera de nuestro habitual entorno. Pero hay que consumir todas las alternativas. Defender la vida de ese ser, que es un gran regalo que Dios te hace, es para tu bien, aunque ahora no puedas entenderlo.

Hoy día, gracias a Dios, hay otras muchas alternativas

Carmen Rodríguez García
8 de febrero de 2002













sábado, 23 de mayo de 2009

Científicos tildan a Bibiana Aído de "ignorante y carente de razón"




Para Mónica López Barahona, doctora en Ciencias Químicas y directora de la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune, "las declaraciones de la ministra no obedecen al dato objetivo de la ciencia y su sola exposición la descalifica para cualquier discusión seria. Desde 1991, un estudio de la Universidad de Luisiana identificó y demostró una secuencia de genoma específicamente humano, conocida como secuencia ALU. Es la que, por ejemplo, se utiliza en medicina forense para determinar si la sangre es humana o no". "El cigoto –prosigue– es una célula y su genoma tiene esa misma secuencia ALU. Luego es fácilmente deducible que si el cigoto ya es un ser vivo, correcto como dice la ministra, es, además, específicamente un ser humano, lo que ella niega. Pero da igual que hablemos del cigoto, que el feto tenga 13 semanas, 22 o que el niño haya sido bautizado. No es una cuestión de tiempo en todos los casos se trata de un ser humano".

"Un sinsentido"

Nicolás Jouve de la Barreda (Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares) entiende que Aído "carece de razón. Lo que ha manifestado es un sinsentido. Si hay algo claro para la Genética y la Biología, que son las ramas que domino, es que un feto de 13 semanas es un ser humano. Sino que la ministra nos diga lo que es. El problema de la ministra es que a ella le da igual lo que diga la ciencia. Le molesta la verdad. No le interesa oír lo que le dicen los científicos, luego aplica la ideología. Pero la ideología comienza donde acaba el conocimiento. Y el conocimiento es tozudo demuestra que cada vida humana es una vida única y singular, desde la concepción hasta la muerte, perteneciente a la especie Homo sapiens, sin saltos cualitativos. El embrión y el feto son biológicamente equiparables al recién nacido y al adulto, del que lo único que los diferencia es un factor temporal, porque el ser humano es el mismo y mantiene su identidad genética a lo largo de su vida. Se trata del mismo individuo, el mismo ser en un proceso continuo de desarrollo. Un ser, caracterizado por un "continuum" genético y por tanto biológico".

Para el portavoz de "Ginecólogos por el Derecho a Vivir", Luis Chivas "lo que ha dicho la ministra es de una ignorancia tan enorme y de una irresponsabilidad tan gigantesca que la descalifica de inmediato como inspiradora del anteproyecto de reforma de la ley del aborto. Por dignidad debería dimitir o ser inmediatamente cesada. A las 13 semanas, un feto es un ser humano perfectamente formado, con un aspecto absolutamente humano: tiene todos los órganos, se le notan las uñitas, tiene ojitos, se le ven los órganos sexuales, ya se sabe si es niño o niña, tiene sensibilidad al tacto... ¿Cómo puede afirmar que no es un ser humano y además decir que no existe base científica?".

A la ministra le quitan la razón hasta los lingüistas, aquellos que la reconvinieron cuando alumbró el término "miembra" y se quejó de que no lo incluyeran en el diccionario de la Real Academia. Pues bien, el académico Gregorio Salvador recordó a Aído "que un feto es un ser humano desde el punto de vista etimológico, ya que es ser porque existe y humano al proceder del hombre y no del mono o del caballo". Y remachó que "desde el momento de la concepción, en que se unen el espermatozoide y el óvulo, el humano empieza a ser". Esto no quita para que cuando crezca se vuelva "inhumano".









jueves, 14 de mayo de 2009

Uso terapéutico de las células madre

Ha pasado el tiempo de los discursos demagógicos. Hoy sabemos, con rigor científico, que no hay enfermos cuyas vidas estén dependientes de que se permita legalmente descuartizar embriones para que les sean suministradas, injertadas o inyectadas estas células.


Por Natalia López Moratalla Universidad de Navarra
Catedrática de bioquímica y biología molecular

Lo que no es «la cuestión»

El uso terapéutico de las células madre ha surgido, en los últimos años, como un nuevo modo de la medicina: sustituir o regenerar aquellas células destruidas por la enfermedad degenerativa (diabetes juvenil, Parkinson, esclerosis múltiple, etc.) o a causa de un accidente, como el infarto de miocardio o la lesión de la médula espinal. Esta investigación surge y da sus primeros pasos en un contexto muy complejo: el hecho de usar inicialmente como fuente de células madre, las que forman la masa interna del embrión humano de cinco días. En principio, aquellos embriones que son calificados como "sobrantes" de la práctica de las técnicas de reproducción humana asistida; son suficientes para empezar, después habría que producirlos y destruirlos a continuación. Por ello, este campo biomédico de excepcional importancia, ha estado envuelto en el debate sobre la investigación destructiva de embriones humanos y sobre el destino de los que están congelados. Con frecuencia, se reduce y desvirtúa la problemática científica y ética en un simple «embriones humanos para curar enfermedades regenerativas: sí o no». Y se afirma que «millones de diabéticos de todo el mundo confían en las investigaciones con embriones humanos para que no antes de 5-10 años la diabetes tenga solución». Pero la cuestión no es esa.

La ciencia está a otro nivel mucho más avanzado

Una investigación para estudiar enfermedades y buscarles soluciones no puede, ni ética ni técnicamente, tener como material de partida el que conlleve destrucción de vidas humanas. La ciencia está a otro nivel mucho más avanzado. Un ser humano, de menos o de más de 14 días, implantado en el útero materno o congelado, deseado para procreación o abandonado, es un ser humano que nadie puede arrogarse el poder de matarlo para usarlo como medio, por muchos beneficios para la humanidad que se derivasen de ello. Esta no es una cuestión de prejuicios religiosos. Ni la investigación biomédica debe dejarse manipular de opciones o presiones políticas, o intereses meramente económicos.

Ha pasado el tiempo de los discursos demagógicos que usan la sensibilidad de todo buen nacido hacia el dolor ajeno. Las afirmaciones de que «lo no ético es no utilizar las células madre embrionarias para investigar» son mera demagogia. Científicamente no se mantiene en pie que un embrión humano no sea un individuo de la especie humana. Investigaciones rigurosas son contundentes al afirmar que el embrión tiene ya desde su primer día de vida trazados los ejes cabeza-cola y dorso-vientre. Son hechos innegables que se tratan de ocultar cuando se intenta a toda costa, también a costa de la ciencia, desacralizar al embrión humano para poder destruirlo y usarlo tranquilamente. Si un individuo de la especie humana es o no persona, o está en vía de llegar a serlo, no es una cuestión científica; ni lo será o dejará de serlo por muchas declaraciones que hagan algunos científicos.

Rigor científico


Si hace unos pocos años podría caber alguna duda de la necesidad de estas preciadas y polémicas células madre embrionarias hoy sabemos, con rigor científico, que no hay enfermos cuyas vidas estén dependientes de que se permita legalmente descuartizar embriones para que les sean suministradas, injertadas o inyectadas estas células. Es un hecho y no algo simplemente opinable. En primer lugar, contamos con la presencia en la sangre y en la médula ósea, en la grasa y en todos los órganos y tejidos de nuestro organismo, con células madre capaces porque esa es su función propia y natural de regenerar o sustituir aquellas células destruidas o dañadas. En los tres últimos años, y con una frecuencia casi semanal, ha ido conociéndose cómo son y cómo funcionan estas células propias y en muchos casos qué tenemos que hacer para que se sitúen en su lugar propio y cumplan su función. Ciertamente queda mucho por saber de ellas y de su eficacia a largo plazo, pero hoy por hoy su uso no ha presentado aún ningún problema.

Por el contrario, los experimentos con embriones de ratones han puesto de manifiesto que estas células madre embrionarias no pueden ser transferidas a ningún paciente: son tan poco "domesticables" que producen tumores en el organismo en que se introducen y actúan en él demasiado por libre. No vale la pena, ni tiene sentido, seguir por esa vía de convertir célula embrionarias en células del tipo diferenciada e inmadura que ya de por sí tiene el cuerpo y las tiene además situadas en su sitio.

Somos capaces

En segundo lugar, merece la pena continuar investigando con células madre embrionarias y sacándoles sus valiosos secretos. Pero esa investigación puede y debe hacerse en células animales. Y en último término, para aquellas investigaciones que exijan que las células sean del tipo embrionario y además humanas, hoy podemos ya ir a ellas con paz: somos capaces de conseguirlas sin producir ni destruir embriones.

Años de fuerte esfuerzo han dado sus resultados: el 30 de septiembre pasado la prestigiosa revista PNAS publica las impresionantes fotos de células de diversos tejidos derivadas de las del tipo madre embrionarias de una partenogénesis; sin producir ni tocar un embrión humano.







miércoles, 13 de mayo de 2009

El gobierno de España intenta desviar la opinión en un momento de extremada crisis social con un debate sobre un autoabortivo de post emergencia


La Asociación Nacional para la defensa del Derecho de Objeción de Conciencia (andoc www.andoc.es) censura a la ministra de sanidad su falta de rigor científico, además de tratar de dirigir las conciencias. de científicos como médicos y farmacéuticos.

El anuncio de la ministra de Sanidad sobre la decisión de imponer la dispensación sin receta y sin límite de edad, de la píldora denominada "del día después", sólo cabe entenderlo en clave ideológica y dentro de una estrategia política del momento, pues no se sostiene jurídicamente ni desde una perspectiva de prevención sanitaria o científica.

1. La objeción de conciencia de médicos y farmacéuticos es un derecho fundamental, reconocido por nuestros tribunales y firmemente asentado en la deontología y en la práctica sanitaria. Ni gobiernos, ni ministros, ni autoridad alguna pueden imponer, prácticas que obliguen a los profesionales a abdicar de sus conocimientos y de su libertad, para someterse a la tiranía de la norma, y mucho menos, permitir que “se gestione” su conciencia.

2. La ministra confunde la realidad de los hechos cuando dice que la pdd “médicamente” “nunca es abortiva”. Conviene precisar que uno de los efectos de la píldora es impedir la implantación del embrión en el útero (efecto que aparece reconocido en las fichas técnicas de la píldora) y por tanto, si ha habido concepción, lo aborta. Otra cosa es que, al usar una terminología propia de las prácticas de FIV, confunda aborto con “interrupción del embarazo”, y entienda por embarazo el periodo de desarrollo después de la implantación, ya que en la FIV el embrión está en el laboratorio hasta ser transferido. Por eso, de forma impropia, dice que la píldora actúa impidiendo el embarazo no interrumpiéndolo.

3. Aunque la pdd no es un anticonceptivo -lo repiten hasta la saciedad especialistas y colectivos profesionales- se está usando como tal. Sería muy de agradecer que la ministra explicase porqué se necesita receta para cualquier medicamento que contenga compuestos hormonales, para un anticonceptivo, incluso para poder dispensar un simple mucolítico o una crema antibiótica, y no para un compuesto hormonal de esas características.

4. No es cierto que la píldora del día después contribuye a disminuir los embarazos adolescentes: hay estudios recientes, serios e imparciales, publicados en las revistas científicas más solventes (Bristish Medical Journal, Contracepción…) que lo desmienten; en todo caso, bastaría consultar los datos de la evolución del aborto entre adolescentes (menores de 19 años) en España desde 2001, año en que se aprueba la comercialización de la pdd hasta hoy: en 6 años se ha pasado de 9.000 a 15.500; de suponer un 8,29% sobre el total de abortos al 13,78% en 2007. Además, a pesar de las campañas sucesivas para fomento del uso de preservativo, las enfermedades de transmisión sexual (que la píldora no evita), se han disparado en los últimos años. Por ejemplo, los casos de sífilis han pasado de 700 en 1997 a un total de 1.734 en 2007, números similares presenta la gonococia (enfermedades ambas que llevaban décadas sin diagnosticarse en España); y el tristemente famoso virus del papiloma humano (VPH), que si a finales de los 80 afectaba a unos 55.000 hombres y a 10.000 mujeres, 15 años después la cifra se ha duplicado entre los varones y triplicado entre las mujeres.

5. La píldora no es un fármaco seguro para menores de 16 años: tal como dicen las fichas técnicas, no hay estudios representativos en los que se demuestre que la utilización de la pdd en menores de 16 años sea segura. En consecuencia, su dispensación gratuita y sin receta puede entrar en conflicto con el artículo 10.1.b) de la Ley de Garantías que establece que entre las requisitos exigibles para la autorización de fármacos se halla "ser seguro, no produciendo en condiciones normales de utilización efectos tóxicos o indeseables desproporcionados al beneficio que procura".

6. Estamos convencidos de que tanto los profesionales como las entidades colegiales, saldrán, una vez más, en defensa la libertad y conciencia profesionales, para impedir que llegue a dictarse una medida, por lo demás, carente de las más elementales criterios de medicina preventiva.

13 de mayo de 2009
--
www.andoc.es
C/ Maestra, 10 CP 23009 JAÉN
info@andoc.es
Teléfono 24 H.
652491537

Juan Molina






lunes, 11 de mayo de 2009

¡Gracias, Santo Padre!


Lo que es verdad para África y es verdad para nosotros

Fecha: 11/05/2009. Publicado en: Semanario diocesano de Granada y Guadix, Fiesta 828

Los dos hechos que siguen me han sido contados por sus protagonistas.


En un país de América Latina, una médico, ginecóloga, premiada como la mejor médico del país por el gobierno de su nación, ha dedicado parte de su vida profesional a impartir un programa de educación afectiva y sexual a adolescentes y jóvenes. Es un programa con una duración de seis meses, y un trabajo semanal a lo largo de ese período. El programa consiste en dar a conocer con detalle suficiente a los jóvenes (ellos y ellas) el funcionamiento del cuerpo humano en relación con la sexualidad y con el afecto. Con detenimiento y cariño, por ejemplo, se les acompaña a las muchachas a conocer sus ciclos reproductivos, y a todos a descubrir la belleza de la sexualidad y su funcionamiento, a reconocer el misterio que somos y lo bien que Dios nos ha hecho. Es un programa magnífico, creado por una médico norteamericana (una religiosa) que ha trabajado muchos años como ginecóloga en Pakistán y en Bangladesh.


Nuestra médico de América Latina estaba impartiendo su programa en un colegio de la capital de su nación al que asistían las hijas del ministro de Educación. Un día, en el entreacto de un teatro, coincidieron el ministro y la médico. Fue el ministro quien vio a la médico, y se acercó a ella para felicitarla: “¡Doctora, qué alegría verla! ¡No se puede hacer idea de lo contentas que están mis hijas! ¡Vienen a casa y no paran de hablar de lo bonito que es su programa y del bien que les hace! ¡Enhorabuena!” El ministro siguió en esa vena por un rato, hasta que la médico le dijo: “También a mí me alegra, ministro, que sus hijas estén tan contentas, y que usted haya tenido la ocasión de ver el valor que tiene un programa planteado así. ¿Qué le parece si desde el Ministerio se permitiese que en los colegios públicos donde los padres lo pidieran —las hijas del ministro estudiaban, como es natural, en un colegio privado—, pudiéramos también dar el mismo programa?” “¡Ah! ¡Eso no, doctora! ¡Eso no puede ser! A unos pocos se les puede educar, pero al pueblo hay que darle preservativos”.


Vamos con la segunda: En este caso era una médico norteamericana, que trabajaba en Ghana, en un centro de Atención Primaria. Había estado en la Conferencia Internacional de El Cairo sobre la Población y el Desarrollo, en 1994, y de retorno a América, antes de volver a su misión, pasó por España. Coincidimos en un acto, nos presentaron y estuvimos hablando un buen rato. En el centro donde ella trabajaba, en una zona sumamente deprimida —me dijo—, morían todos los días niños deshidratados a causa de una simple colitis, por falta de suero fisiológico, y por la ignorancia de las madres. Sin embargo, el centro estaba literalmente “lleno” —o tal vez sería mejor decir “invadido”— de cajas y cajas de preservativos que ciertas compañías americanas y europeas les enviaban gratis, hasta no saber qué hacer con ellos, porque ocupaban un espacio en el centro que no tenían, y que necesitaban para cosas más urgentes y más graves.


¿Cui prodest? ¿Quién paga el anuncio? ¿Qué visión del ser humano y de la vida —y de las distintas clases de seres humanos, y de vidas humanas— se esconde detrás de estas historias? ¿Quiénes, qué poderes y qué industrias, se benefician de la despoblación de África, y piensan ya sin duda en los futuros beneficios de sus inmensas riquezas y reservas naturales? Sin duda, los mismos que degradan sin cesar y sin límite nuestra propia humanidad y la dignidad de nuestro pensamiento cuando deciden —y nadie sería capaz de explicar racionalmente en virtud de qué poder—, promover entre nosotros la banalización absoluta del uso del cuerpo humano y del sexo.


Los mismos que deciden que el matrimonio —esa maravillosa y fragilísima realidad humana, o mejor, divina— no es un bien que necesita ser protegido. Los mismos que han decidido que a cualquier cosa —incluso constitutivamente estéril— se la puede llamar matrimonio, haciendo burla de los millones de personas de las que ellos viven, porque son quienes pagan como pueden sus impuestos, aunque ninguna de esas personas —absolutamente ninguna— haya nacido de esas uniones estériles. Los mismos que deciden que matar a un ser humano, siempre que no haya nacido y no tenga voz para gritar, ni acceso a los medios de comunicación para defender sus derechos, ni un sindicato que le defienda, es legítimo, con tal de que les convenga a alguno de los adultos implicados. Los mismos que están a punto de decidir “una salida” igualmente digna y honrosa “a favor” de quienes han dejado ya de producir, para que no sean una carga para la Seguridad Social. Los mismos que piden mil controles para obtener un antibiótico, pero dan a menores, sin que sus padres lo sepan, sin rechistar y sin comentario, y todas las veces que haga falta, una píldora abortiva cuyas consecuencias, absolutamente conocidas en caso de abuso, no se quieren decir, para que no quede rastro o huella alguna, para que nadie les pueda reclamar el día de mañana por este crimen contra la humanidad de nuestros adolescentes (y contra su salud mental, afectiva y corporal).


Lo que se silencia es el dato —perfectamente constatado— de que el uso masivo de los preservativos no ha detenido el sida en África, sino que lo ha propagado. Y se silencia el número de suicidios que se producen entre las mujeres que han abortado. Y se silencia la amargura infinita y el dolor en que viven la inmensa mayoría de las que se han creído que “eso” era un derecho, y no saben que sería mucho mejor que fuese un pecado, porque los pecados, todos los pecados, HAY quien los perdona, y quien nos ama y nos abraza y nos cura. Y se silencia que, según estadísticas oficiales, en Andalucía, la primera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes no son los accidentes de tráfico, sino el suicidio. Y como se silencia, nadie se pregunta por qué. No hace falta preguntarse, porque es obvio que vivimos en el País de las maravillas. Y estamos lanzados hacia el progreso. Desde luego, a toda velocidad. A tanta velocidad, que ya no podemos saber hacia dónde vamos, si hacia el progreso o hacia el abismo.


¡Qué difícil es no pensar en aquella escena de El tercer hombre en la que Joseph Cotten y Orson Wells mantienen una conversación en la noria del Prater de Viena! En aquella Viena destruida por la II Guerra Mundial, Orson Wells vendía de estraperlo penicilina adulterada, con terribles consecuencias para quienes la usaban, incluso cuando sobrevivían. Lo importante es mirar a los hombres de lejos, como desde lo alto de la noria, hasta que no sean más que puntitos... “Si te ofrecen veinte dólares por cada uno de esos puntitos que dejara de moverse, ¿cuántos crees que se resistirían? ... Y libres de impuestos, amigo, libres de impuestos...” Con un cinismo helador, Orson Wells continúa: “Los gobiernos lo hacen, ¿por qué no podríamos hacerlo nosotros?” La sociedad de los puntitos vistos de lejos, vistos en las estadísticas, es ya nuestra sociedad. La vida del hormiguero industrioso al servicio de los intereses económicos y políticos de los poderosos podría ser nuestro futuro. Lo más sarcástico, lo más esperpéntico de todo, es que parecemos dirigirnos hacia ese futuro tan alegres y confiados como unos párvulos a los que sus maestros llevan de excursión.


Lo que el Santo Padre ha dicho en África es, sencillamente, que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la sexualidad. Y también que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Dos verdades evidentes. Antes que ninguna otra reflexión acerca del derecho del Papa a hablar, o acerca de qué cosas puede o no puede, o debe o no debe hablar, lo que se impone recordar es, SOBRE TODO, QUE LO QUE HA DICHO EL PAPA ES VERDAD. Es verdad para África y es verdad para nosotros. Es verdad para todo el que no se resigne a que nuestra sexualidad, ni nada en nuestra vida, sea como en la vida de los animales. Es verdad para todo el que no esté dispuesto a resignarse a que su futuro sea formar parte, solidaria y alegremente, del hormiguero universal, controlado por esa nueva casta de Grandes Hermanos que se multiplica como las setas. Hay una forma más bella, mejor y más humana de vivir la sexualidad. Hay una forma mejor, más bella y más humana de afrontar nuestra fragilidad y nuestra miseria, nuestra enfermedad y nuestra muerte. ¡Gracias, Santo Padre, por tener el valor de decirnos la verdad, a nosotros y a nuestros hermanos africanos! ¡Gracias por reclamarnos a todos a una vida de primera clase, a una vida verdadera y plenamente humana! ¡Millones de hombres pedimos al Señor todos los días para que no se canse, para que no ceda, para que el Señor le sostenga y siga siendo libre!


† Javier Martínez

Arzobispo de Granada






viernes, 24 de abril de 2009

Para qué sirven las postales navideñas de UNICEF


UNICEF exige la legalización del aborto en la República Dominicana.
Por Piero A. Tozzi y Paola Ocejo


(NUEVA YORK – C-FAM) A pesar de la intervención directa de un funcionario de UNICEF, la República Dominicana parece estar predispuesta a aprobar una nueva Constitución que protege la vida humana “desde la concepción hasta la muerte”.

Mientras que los legisladores dominicanos debatían los méritos de dicha disposición y de la penalización del aborto en la nación, Nils Kastberg, director regional de UNICEF para Latinoamérica y el Caribe, se interpuso y pidió que los legisladores nacionales consideraran la despenalización del aborto, para que las mujeres no se vieran forzadas a realizar “prácticas riesgosas”. Además insinuó que, en caso contrario, serían unos “hipócritas” que se muestran indiferentes ante el elevado índice de nacimientos de madres adolescentes que se registra en la nación, el cual supera el promedio. Kastberg realizó estas inusitadas declaraciones durante su visita a Santo Domingo, a fines de marzo.

Lejos de doblegarse frente a la presión externa ejercida por UNICEF y por organizaciones no gubernamentales, los miembros de la asamblea bicameral constitucional votaron esta semana a favor del decreto propuesto, incluyendo el artículo 30, que reza “el derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”, mientras que otro artículo define al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. En total, hubo 167 votos a favor y sólo 32 en contra.

Los grupos pro-vida consideran que la reforma constitucional es un hecho consumado, pero aún resta una segunda lectura, seguida de la promulgación oficial por parte del Presidente. El apoyo trascendió las líneas partidarias, ya que el Partido Revolucionario Dominicano, del Partido Reformista Social Cristiano y la mayoría de los miembros del partido oficialista (Partido de la Liberación Dominicana) declararon abiertamente su apoyo a las disposiciones sobre el derecho a la vida.

La intromisión del sueco Kastberg trajo a la memoria una intervención abortista de UNICEF y de agencias de las Naciones Unidas en Latinoamérica. Cuando en 2006 Nicaragua reforzó la legislación en defensa de los no nacidos, UNICEF se alió con otras agencias, como el Fondo de Población y el Fondo de Desarrollo de la ONU, para firmar una carta dirigida al Presidente de la Asamblea Nacional nicaragüense, en la cual se aseguraba, falazmente, que la legislación violaba los derechos contemplados en numerosos documentos internacionales, como, por ejemplo, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).

Además, cuatro países escandinavos, Holanda y Canadá refrendaron la carta, en la que se decía que Suecia retiraba una ayuda financiera a favor de Nicaragua por de más de 20 millones de dólares, debido a la reforma legislativa. En dicho documento, Finlandia amenazaba con quitar el apoyo económico a ese país si se introducían cambios en la ley del aborto.

A pesar de su imagen de organismo dedicado a la asistencia de los niños del mundo en desarrollo, en los últimos años UNICEF ha respaldado la liberalización del aborto. Según Douglas Sylva, colega del Instituto de Familia Católica y Derechos Humanos (C-FAM) [editor de Friday Fax] y autor de un libro blanco sobre dicho organismo, UNICEF es “un defensor oportunista del derecho al aborto”. Un especialista que durante años ha estudiado a UNICEF dijo a Friday Fax: “¿De dónde saca UNICEF la autoridad para interferir en las decisiones constitucionales de un Estado soberano?”.

Una vez promulgada la Constitución, la República Dominicana se sumará a otras naciones Latinoamericanas que protegen explícitamente a los niños en gestación, entre las que se cuentan Chile, Paraguay y Guatemala. Además, al menos diez Estados mejicanos (entre ellos el Estado de Nayarit, situado sobre las costas del Pacífico) han enmendado sus Constituciones para preservar la vida desde el momento de la concepción. Las reformas constitucionales en favor de la vida introducidas en México y en la República Dominicana son una muestra de la reafirmación popular de los principios pro-vida en la región.

Traducción: Luciana María Palazzo






jueves, 23 de abril de 2009

No se la digas a mamá

Me gustaría saber la identidad de los nueve expertos en los que la ministra Bibiana Aído se escuda para defender que una niña de dieciséis años puede abortar sin consultar con sus padres. Me gustaría saber de qué son expertos y si son padres y madres. Me gustaría saber en qué se fundamentan para decir que dejar tan dramática decisión en manos de una adolescente aterrada es lo mejor para ella. Me gustaría saber si se han parado a pensar que esa criatura, tras mantener una relación sexual precipitada, va a empezar a sufrir lo que la literatura científica ya ha diagnosticado ante un aborto.

Mariló Montero
DIARIO DE SEVILLA



El síndrome de aborto reúne quince síntomas psicológicos que van desde la angustia al sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de la vida sexual. Síntomas que pueden llegar a aparecer, dicen los psicólogos de la Asociación de Víctimas del Aborto, incluso años después de haber abortado. Me gustaría saber con qué valor lanza la joven ministra Aído, con una sonrisa, como quien anuncia un anticonceptivo novedoso, que una niña de dieciséis años está tan capacitada para abortar como para casarse.


Una niña de dieciséis años no está capacitada para abortar ni para casarse, por mucho que se esté normalizando lo que son parches en la vida. Una cosa es que lo haga y otra bien distinta la sacudida que la vida le da a una adolescente casada, quien sale adelante gracias a los apoyos de la familia. Me gustaría saber quién le va a informar a una adolescente de dieciséis años de que si se queda preñada puede abortar sin decírselo a los padres y también en quién se va a apoyar ante semejante circunstancia. ¿En la mamá-administración, o en su mejor amiga, con la que intercambia los vaqueros e inventa en su habitación coreografías de Beyoncé? Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia. Me gustaría saber el protocolo de actuación que se llevará a cabo cuando una niña de dieciséis años acuda al centro para abortar y cómo será tratada. Me gustaría saber qué pretenden con esta propuesta de ley, que autoriza a que se rompa la confianza entre hijos y padres. Y me gustaría saber qué se pretende de los padres el día que nuestra hija decidiera abortar en soledad. ¿La recibimos con un aplauso? ¿Le damos sopa caliente? ¿Le preguntamos si llegó a ponerle nombre? ¿O quién habría sido el padre? ¿Debemos obviar el tema, o celebrarlo con una barbacoa? ¿Trae esas instrucciones la nueva reforma de la ley del aborto? Una cuestión más: ¿meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión a su hija adolescente? O es la ley del "no se lo digas a mamá porque no la necesitas". Señorita Aído, me gustaría saber si mi hija ha abortado sola. Porque soy su madre.





jueves, 2 de abril de 2009

La Iglesia y el sida


Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

Allí donde hay un hospital dedicado al sida, lo mismo en Africa que en Asia o Iberoamérica, también en Europa, son monjas y curas católicos los que están a pie de cama para atender a los enfermos. He recorrido en trabajo profesional más de cien países. En las leproserías de todo el mundo, en los asilos de ancianos terminales, en los hospitales para enfermos infecciosos, sólo se encuentra uno con misioneras y misioneros católicos. Esa es la escueta verdad. Nunca me he tropezado en esos lugares con un comunista militante, con uno de esos
manifestantes que vociferan contra la Iglesia. Los misioneros y
misioneras permanecen al margen de las pancartas y los sermones
políticos. Derraman su amor sobre los leprosos, los sidosos, los
enfermos terminales, los ancianos sin techo, los desfavorecidos y
desamparados.

Aún más, todos los profesionales del periodismo sabemos que cuando
estalla una tragedia del tipo que sea en el tercer mundo,
encontraremos información certera en la misionera o el misionero
españoles, que ejercen su ministerio en los lugares más
miserables.Nunca fallan, esa es la realidad.

José Luis Rodríguez Zapatero, para dar una lección a la Iglesia
Católica, ha decidido obsequiar a Africa con un millón de
preservativos pagados a través de los impuestos con los que sangra a
los ciudadanos españoles. ¿A cuántos militantes del PSOE, encabezados
por Bibiana Aído, va a enviar para que se instalen durante diez años
en los hospitales especializados en sida, para que convivan con los
enfermos, les atiendan, les den de comer, les limpien, les acompañen?.
El Papa ha instalado en el Africa enferma a muchos millares de monjas
y curas, de misioneros y misioneras. Obras son amores. Esa es la
diferencia entre los que vociferan y los que derraman cariño y
atenciones.

Conocí en enero de 1967, cuando carecía de la celebridad que adquirió
posteriormente, a Teresa de Calcuta. Pasé un día con ella visitando
sus hangares para enfermos terminales. Escuché con atención lo que me
decía. Fue una lección de quién sabía mejor que nadie en qué consisten
las tierras duras del hambre, el mundo de los desfavorecidos
profundos. Supe que estaba hablando con una santa. Y así lo escribí.
Pues bien, en el cuerno africano, en las ciudades estercoleros de
Africa, en los pueblos escombreras de Asia, en las favelas brasileñas
o en las villamiserias peruanas, trabajan para los más pobres, para
los más desfavorecidos, millares y millares de teresitas de Calcuta.

El Papa cree que la mejor forma de combatir el sida en Africa es la
monogamia y la fidelidad. No ha tenido en cuenta lo estupendas que
están las negritas y lo difícil que tiene que ser, ante el espectáculo
de tanta belleza y atractivo, que los negros politeístas y polígamos
practiquen la virtud de la monogamia. Pero ironías aparte, quienes
combaten el sida en Africa, quienes atienden a los enfermos son las
misioneras, los misioneros católicos. Escuché en una tertulia de radio
a un simpático homosexual cebarse con el Papa y despotricar contra la
Iglesia. Se me ocurrió aclararle: «Dicen que el sida está
especialmente extendido entre los homosexuales aunque afecte ya a los
heterosexuales. Seguro que tú nunca te pondrás enfermo. Pero ten por
seguro que, si así fuera, quien te atenderá con amor y dedicación en
el hospital será una monja católica». Se quedó callado como una puta
el simpático gay y los tertulianos se apresuraron a cambiar de tema.






miércoles, 1 de abril de 2009

De siete en siete


Mi lector preferido. Miguel Aranguren.

Aunque suene a tópico, con el corazón en la mano les aseguro que de mi joven carrera literaria lo mejor, sin duda, son los lectores que me voy encontrando por los caminos de mis conferencias, de las presentaciones, de los e-mails y cartas que recibo. Después de treinta y ocho años conviviendo con mis limitaciones, no puedo dejar de agradecer el cariño con el que comentan estos artículos y las novelas que jalonan mis peripecias literarias.

Ángel puede que sea mi lector preferido. Tiene catorce años y le encanta viajar con mis libros a todos esos rincones del mundo en los que se desenvuelven mis personajes y que él, por circunstancias, no podrá conocer. Descubrir a Ángel ha sido uno de los mejores regalos que he recibido. Hace unos días vino a verme en su silla eléctrica, con una sonrisa capaz de apaciguar cualquier tristeza. Estaba tan alegre que le bailaba el cuerpo como si dentro del corazón portara una colección de cascabeles. Ypulsaba, con paciencia y disciplina, un teclado con el que convierte sus pensamientos en palabras.

Sus padres dicen que Ángel es un trozo de cielo en casa, un ángel sin alas. Aseguran que atesora un cariño limpio y desprendido, desbordante, como un soplo divino. Cuando su padre lo toma
en brazos para sentarlo en la trona en la que come, para ponerle al mando de la silla de ruedas, para ducharle o llevarle a la cama, se le antoja que lleva al mismo Jesús en andas (tal vez un sús adolescente; tal vez un Jesús herido). Entonces, el brazo del chico le aprieta el cuello y su cuerpecillo -Ángel es liviano como una pluma que se hubiese desprendido de un ala celeste- se junta fuerte al suyo ylos labios, pegados a su mejilla, encadenan una fiesta de besos, como si el mismo Jesús besara a ese padre -a esa madre- que tanto han llorado y con cada beso Ángel agradeciera el don de la vida, el don de la familia, de que le quieran como quiere él, sin condiciones.

Dice el padre de Ángel que cuando lo ve tendido en la cama, con la pierna derecha encogida por razones que tienen que ver con la parálisis cerebral, con los brazos abiertos como si se sujetaran
en una cruz invisible, se le antoja que Cristo se apropia del cuerpo y de la voz muda de su hijo, que parece decirle: "Qué bien estoy aquí, amarrado al dolor por ti, por mamá, por mi hermano,
por todos los hombres ... , especialmente por aquellos que no quieren a los niños como yo. ¡Qué cielo grande nos espera!"

Ángel me envía sus relatos de vez en vez. Imagino el esfuerzo que pone para pulsar cada letra en su teclado, y en cada letra soy yo el que posa un beso, Angelito, porque la enfermedad ha hecho
en ti el milagro de que disfrutes de todo: los veranos, un perro imaginario, los amigos, el deporte ... Eres el lector que prefiero, aquel por el que merece la pena sentarse cada día frente al ordenador pensando que tus ojos curiosos llegarán a leerme.

www.miguelaranguren.com






lunes, 23 de marzo de 2009

¿Quién lo dijo?


"Mi vida está llena de aspiraciones"


Un asmático




"Mi esposa tiene un gran físico"


Albert Einstein




"La vida está en constante movimiento"


Parkinson




"El día que nosotros gobernemos, todos temblarán"


Los epilépticos




"Nunca pude estudiar Derecho"


El jorobado de Notre Dame




"No hay nada tan importante que no podamos olvidarlo"


Alzheimer




"Vayamos al grano"


Un dermatólogo




"Siempre quise ser el primero"


Felipe II




"Me gusta la Humanidad"


Un canibal




"Estoy encinta"


Scotch




"Me gusta ir a la escuela"


Un piojo




"Estoy rodeado de animales"


Noé




"Mi novia es una perra"


Pluto




"Eres la única mujer de mi vida"


Adán




"Nosotras apoyamos la liberación femenina"


Cárcel de mujeres




"Es mejor dar que recibir"


Un boxeador



"A mi lo que me revienta son los camiones"


Un sapo