miércoles, 1 de agosto de 2012

«Las dos caras del 15-M»


19/05/2012
 
Con ocasión del primer aniversario del “movimiento de los indignados” del 15-M y la vuelta de miles de personas a la Puerta del Sol de Madrid, el semanario Alfa y Omega ha pedido a Monseñor José Ignacio Munilla, responsable de Juventud de la CEE, y al profesor Alejandro Llano, catedrático de Metafísica, un análisis de los pros y contras de este fenómeno social, un año después.
 
Por el indudable interés de los juicios de ambas personalidades, reproducimos seguidamente el contenido íntegro de sus respuestas a la petición de la mencionada revista.

Monseñor José Ignacio Munilla: “la dictadura de lo políticamente correcto ha terminado por engullir el 15-M”
¿Por dónde empiezo? ¿Por lo positivo o por lo negativo? Creo que las luces y las sombras están entremezcladas en el Movimiento 15-M. ¿Estamos ante un claroscuro del alba, o ante el claroscuro del ocaso? Mirando a cierta distancia, pienso que el 15-M ha sido una gran oportunidad desperdiciada. Me refiero a que podría haber sido una gran iniciativa para impulsar el principio de subsidiariedad, tan necesario: ¡Más sociedad y menos Estado! Desgraciadamente, uno tiene la impresión de que la dictadura de lo políticamente correcto ha terminado por engullir al 15-M.

Entre los aspectos positivos, está el servicio prestado como aldabonazo para despertar a una sociedad aletargada. Nuestra cultura dominante había derivado hacia el individualismo, hacia una visión hedonista y placentera de la vida, al tiempo que a una notoria desinhibición social. Recuerdo una frase del fallecido cardenal de París, monseñor Lustiger, quien caracterizaba así la cultura postmoderna: Los jóvenes acampan fuera de la polis. Se refería a la tendencia de la juventud a aislarse en burbujas virtuales. Es un hecho el que millones de jóvenes viven inmersos en las redes sociales y en sus emisoras musicales, y que caminan por la calle con los cascos puestos, sin asomarse a los noticieros…

Ciertamente, el 15-M rompe con la imagen de una juventud aislada y desinhibida. Es una llamada a tomarnos en serio el compromiso social y a fomentar el sentido crítico en nuestra vida. Frente a la tendencia a convertir las redes sociales en una especie de escaparate de vanidades, una especie de Gran hermano en red, el 15-M nos ha recordado que las nuevas comunicaciones tienen sentido solamente en la medida en que se ponen al servicio de contenidos y metas objetivas…

Sin embargo, pienso que las sombras principales del movimiento 15-M están en la incapacidad de superar el rodillo del pensamiento único. Por poner un ejemplo, basta recordar algunos slogans utilizados: Menos crucifijos y más trabajo fijo; Esta plaza no es del Papa; Esta mochila la he pagado yo, etc. Fue muy decepcionante comprobar cómo las consignas laicistas de los medios anticlericales era seguidas a pie juntillas por las asambleas del 15-M. La crítica se convertía en una consigna y es notorio que faltó capacidad crítica ante las consignas críticas.

Uno de los problemas del 15-M es que ha nacido más como movimiento de protesta que de construcción. Por ejemplo, tiene muy poco valor hacer ahora una denuncia global de los recortes sociales, obviando que estamos al borde de la quiebra económica por los despilfarros anteriores. Ahora bien, hubiese sido distinto un movimiento capaz de integrar la indignación con el compromiso personal y social. Por ejemplo: Reivindicamos el respeto de los derechos sanitarios de los inmigrantes, independientemente de su situación legal; pero a cambio estamos dispuestos a un aumento del copago en Sanidad. El problema está en que es más fácil gritar, que aportar soluciones. Aunque algún tipo de grito es necesario para despertarnos de nuestro letargo…

Alejandro Llano: “el dinamismo del 15-M contrasta con la pasividad pública de parte de los sectores españoles conservadores”

Lo positivo del 15-M…

* El 15-M ha mostrado que no es un capricho esporádico, sino que responde a convicciones hondamente sentidas por un considerable número de jóvenes.
 
* Muestra que existe una responsabilidad cívica, cuya manifestación no es habitual, porque las estructuras políticas, económicas y culturales están muy cerradas sobre sí mismas y no alientan la participación.

* Es un movimiento pacífico, diferenciado de las manifestaciones violentas que se han multiplicado en España en los últimos años. Las dos manifestaciones celebradas en Madrid, durante 2011, fueron, en este sentido, ejemplares.

* El dinamismo del 15-M contrasta con la pasividad pública de parte de los sectores españoles conservadores, que con frecuencia no superan la actitud de queja y tienden a recelar de quienes disienten públicamente. El catolicismo no es conservador, pero no faltan quienes no distinguen el inmovilismo de la fidelidad.

* El 15-M ha sido pluralista. No se ha limitado la participación a personas de pensamiento único. En contra de reiteradas sospechas, no estaba al servicio de una oculta conjuración, ni se trataba de una maniobra electoral, como demostró la consulta autonómica que se celebró en un momento álgido de los indignados.

… y lo negativo del 15-M:

* Su discurso es inconcreto y poco realista. Especialmente ingenuas son las reivindicaciones económicas, en las que se enfrentan, de manera simplista, las carencias de los parados y desposeídos con las intervenciones necesarias en puntos críticos del sistema financiero. No se han escuchado críticas serias al neocapitalismo liberal, ni al socialismo totalitario.

* La desorganización que, en aras del pluralismo y la espontaneidad, caracterizó al 15-M, permitió la infiltración de individuos muy politizados, generalmente de extrema izquierda.

* Esta manipulación dio lugar a los incidentes más negativos: la acusación de dispendio por la visita de Benedicto XVI a Madrid, y las agresiones que sufrieron participantes en la JMJ.

* Los indignados han sido escasamente sensibles para detectar las raíces espirituales, culturales y cívicas que están en la base de la crisis económica y la insolidaridad social. Lo cual es revelador del problema de fondo: la escasa formación intelectual de la juventud española actual y de buena parte de sectores adultos. Nadie ha puesto el dedo en esta llaga, que es la causa más profunda de la difícil situación de nuestro país.

* Más notoria es la ausencia de menciones al cristianismo. Sin una apertura a la trascendencia, con una visión humanista y solidaria de la persona y la sociedad, nuestros problemas continuarán irresolubles. Pero esta necesidad han de sentirla, no sólo quienes acuden a la Puerta del Sol y a otras plazas, sino también quienes observamos el fenómeno.





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