domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Quién muere?



Pablo Neruda (1904-1973)

     Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

     Muere lentamente quien hace de la televisión su
gurú.

     Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

    Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

     Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.

     Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

     Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

     Muere lentamente, quien abandonando un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

     Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

     Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.





martes, 5 de noviembre de 2013

Dioses de madera




León Tolstoi (1828-1910)
 
     Si te asalta el pensamiento de que todo cuanto has imaginado sobre Dios es falso y equivocado y que Dios no existe, no te sobresaltes por eso. 

     A todos les sucede lo mismo. Pero no creas que tu incredulidad procede de que Dios no existe. 




     Si ya no puedes creer en el Dios en que antes creías, esto se debe a que en tu fe había algo equivocado y tienes que esforzarte en comprender mejor eso que llamas Dios. 

     Cuando un salvaje deja de creer en su dios de madera, eso no significa que no hay Dios, sino que el verdadero Dios no es de madera.





viernes, 1 de noviembre de 2013

Juan Pablo II y el genio femenino



Maria Grazia Piazza, ursulina del Sagrado Corazón de María, responsable del Centro de Documentación y Estudio «Presencia Mujer» en Vincenza (Italia), comenta en esta entrevista la visión de Juan Pablo II sobre la mujer y el genio femenino. Hombre y mujer en la Iglesia; igual dignidad, distinción de papeles.

ROMA, 28 octubre 2002 (ZENIT.org)

 
  
        — ¿Qué es el genio femenino, según el Papa?
        — Juan Pablo II usa este término por primera vez en la carta apostólica «Mulieres Dignitatem», y en textos posteriores ha intentado esclarecer de qué se trata.
        
        Podríamos definir el genio femenino como el conjunto de los dones específicamente femeninos –comprensión, objetividad de juicio, compasión, etc.– que se manifiestan en todos los pueblos.
        
        Estos son una manifestación del espíritu, un don de Dios para realizar la vocación de asegurar la sensibilidad para el hombre.
        
        El genio femenino es la condición para una profunda transformación de la civilización actual.
        
        El Papa ha dicho en más de una ocasión que hay sistemas que alimentan estructuras de pecado, de muerte, y que se necesitan estructuras de vida. El genio femenino llevaría esta característica de la vida y haría saltar el sistema de muerte.
        
        El genio femenino no es una serie de dones extraordinarios encarnados en mujeres extraordinarias. Son dones vividos por mujeres simples que los encarnan en la normalidad del vivir cotidiano.
        
        Una de las críticas hechas a Juan Pablo II después de la «Mulieris Dignitatem» era que parecía que el genio femenino excluía la racionalidad a favor de la compasión y la sensibilidad.
        
       El Papa deja muy claro que el genio femenino no es una contribución exclusiva para la mujer sino para toda la humanidad.

        — ¿Juan Pablo II es el Papa que más ha valorado a la mujer?
        — Quizá el que más, pero no el primero. Hay que ser justos y recordar que Pío XII ya dijo que la mujer era imagen de Dios y no solo compañera (socia) del hombre.
        
        Y Juan XXIII hizo una aportación muy buena al hacer notar como signo de los tiempos la incorporación de la mujer al ámbito público.
        
        Juan Pablo II ha dedicado mucho espacio a estas consideraciones y ha escrito mucho sobre la mujer. De hecho, es el único que posee una enseñanza sistemática sobre la mujer con fundamento bíblico.
        
        Para este Papa, el papel de la Palabra de Dios es central para fundamentar antropológicamente la dignidad de la persona mujer.

        El Papa tiene una enseñanza coherente e íntegra sobre la mujer, que se advierte si se toman los documentos como un grupo doctrinal unido. En este sentido, no se puede leer por separado la «Mulieris Dignitatem» sin ligarla a la «Redemptoris Mater», a «Christifidelis Laici” y a “Solecitudo Rei Socialis”.

        — ¿Admira el Papa a la mujer porque está cautivado por la Virgen María?
        —Su pasión por la mujer está ciertamente vinculada a la predilección por María. No olvidemos su infancia, con la ausencia de su madre, fallecida cuando él era pequeño.

        Lo que el Papa dice de la mujer lo pronuncia mirando a María. Su mismo emblema pontificio es un lema mariano: «Totus Tuus».

        Para el Papa, María es la mujer que encarna perfectamente el genio femenino del cual hablábamos. Ve en ella «la» mujer, y de esta perspectiva emerge su discurso femenino.

        Hay dos afirmaciones suyas significativas. Una, la que recuerda que la mujer forma parte de la estructura viviente del cristianismo. La segunda, que la femineidad pertenece al patrimonio constitutivo de la humanidad y de la misma Iglesia.

        Así, vemos cómo la mujer, según el Papa, forma parte constitutivamente de la estructura eclesial. El Magisterio hace esta afirmación, pero a un nivel práctico es inusual ver a la mujer en los tejidos estructurales de la Iglesia.

        Desde un punto de vista práctico, este ser de la mujer en la constitución de la estructura de la Iglesia no se aplica todavía, pero el Papa ya lo vislumbra.

        Para Juan Pablo II, es evidente que en la Iglesia hay una diversa asignación de papeles, sin olvidar para nada la igualdad en la dignidad de hombres y mujeres.

        — La Iglesia, ¿debería acentuar más su función materna?
        —Al contrario, la Iglesia no puede correr el riesgo de acentuar esta función en detrimento de su dimensión masculina.

        Personalmente estoy convencida de que la Iglesia necesita el componente masculino, porque el femenino no puede agotar por sí solo su presentación. Jesucristo se encarnó en la humanidad, no sólo en el hombre o en la mujer.

        La Iglesia a veces es más autoritaria o maternal que paterna, debería llegar a un equilibrio. Tenemos necesidad de la concepción y aportación tanto femenina como masculina.





miércoles, 30 de octubre de 2013

Carta de Gabriel García Márquez



Gabriel García Márquez se ha retirado de la vida pública por razones de salud: cáncer linfático. Ahora, parece, que es cada vez es más grave. 

Ha enviado una carta de despedida a sus amigos, y gracias a internet está siendo muy difundida.

"Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Escucharía cuando los demás hablan, ¡y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat seria la serenata que les ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.

Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, ¡sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!

A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo."