jueves, 4 de marzo de 2010

Lo que se nos viene encima


Francisco Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho
ABC 4.III.2010

El Senado aprobó hace días la nueva ley del aborto. Lo hemos conseguido: el embrión de buitre leonado (hay multas por la destrucción de huevos) tendrá mayor protección jurídica que el feto humano. Hemos superado finalmente nuestra arrogancia "especista": ¿quién nos había dicho que teníamos más dignidad que los demás animales? ¿Qué nos habíamos creído? Henos aquí por fin equiparados con el hermano Lince y el admirable quebrantahuesos.

Querría llamar la atención sobre un aspecto de la ley Aído que ha escapado en general al análisis. Es una ley de 23 artículos...y sólo los arts. 12 a 23 regulan el aborto. ¿De qué tratan los anteriores? La Exposición de Motivos asegura que la nueva ley busca "garantizar los derechos relativos a la salud sexual y reproductiva[SSR]". Los españoles padecemos, según parece, una “salud sexual” muy deficiente, pero la ley Aído va a curamos (para ir abriendo boca el Ministerio de Igualdad ha invertido 26.000 euros en un mapa de la inervación y excitación del clítoris"). Sobre todo, va a curar a nuestros hijos, que gozarían de una "salud sexual" rozagante gracias a la formación que la ley ha previsto para ellos. Los arts. 1 al 11 trasudan obsesión por la pedagogía sexual: el sistema sanitario deberá "proporcionar educación sanitaria integral y con perspectiva de género sobre (art, 5.2)”; "los poderes públicos desarrollarán acciones informativas y de formación sobre SSR [...] dirigidas, principalmente, a la juventud" (art. 6)”; "el sistema educativo contemplará la formación en SSR incluyendo un enfoque integral que contribuya a [...] b) el reconocimiento de la diversidad sexual; c) el desarrollo armónico de la sexualidad acorde con la personalidad de los jóvenes [...]" (art. 9).

Términos como “integral", "enfoque de género", etc. esconden una densa carga ideológica. Para saber de qué se trata, se puede consultar el Borrador de Estrategia Nacional de Salud Reproductiva [ENSR] de 11/11/2O09, elaborado por el Ministerio de Sanidad. Son 192 páginas, la mitad de ellas doctrinales. Su lectura es dura. . . pero muy reveladora: ahí está la esencia de la nueva izquierda. La ideología que será enseñada en las escuelas (art.9). Señalemos algunas claves:

-El sexo como centro de la existencia: "el derecho a tener prácticas sexuales no reproductivas, es un "derecho humano universal, basado en la libertad, dignidad e igualdad" [P. 7] (ya la ley Aído revelaba en su preámbulo que "el desarrollo de la sexualidad está directamente vinculado a la dignidad de la persona”). El derecho al disfrute no debe verse obstaculizado ni por el temor a la maternidad, ni por “tabúes" morales. La ENSR aboga por “un concepto positivo de la salud sexual que incluye el bienestar, la satisfacción y el placer, dejando de lado la concepción de la sexualidad ligada a la represión, el miedo y lo moralmente bueno o malo" [P. 14].

-El placer sexual debe ser buscado como un fin en sí mismo; su condicionamiento al vínculo matrimonial (o, siquiera, a la existencia de un sentimiento) es castrante y culpabilizador: "antes se dignificaba la sexualidad mediante el matrimonio, [...] mientras que en la actualidad se exige en cambio su dignificación mediante el amor romántico. Esto indica la vivencia del deseo sexual con culpabilidad y vergüenza por parte de las mujeres [...]" [P. 25] (la ENSR constata que un porcentaje preocupante de mujeres –incluso jóvenes- sigue vinculando el sexo con el amor: este dato es interpretado como el resultado de la persistencia de “estereotipos sexistas” nocivos: cf. p. 38).

-Una vida tan orgasmocéntrica tropezará antes o después con un embarazo indeseado (pues los anticonceptivos pueden fallar, o a veces uno olvida utilizarlos). El derecho al placer es, por tanto, inseparable del derecho al aborto: "uno de los derechos básicos de las mujeres en materia de salud reproductiva es el derecho a decidir libremente la continuación o no de su embarazo" [P. 15].

-Los rasgos masculinos y femeninos (por ejemplo, la maternidad) no se basan en la naturaleza, sino en la cultura; son “roles”, que es preciso deconstruir: “los estereotipos acerca de lo que es ser hombre o ser mujer en nuestra sociedad tienen graves repercusiones para la vivencia de la sexualidad de un modo placentero” [P. 24]. Especialmente nefando es el “estereotipo” de la complementariedad hombre-mujer: “a mujeres y hombres se nos educa en un rol de complementariedad [...]. [A causa de ello] los individuos están mediatizados en sus comportamientos sexuales por las normas y la moral establecida, viéndose auto-juzgados y juzgados socialmente cuando tratan de transgredir lo que se espera para unas y otros” [P. 24].

-La maternidad es otro "mito" perjudicial para la mujer: "el mito del instinto maternal, supuestamente natural e intrínseco, predestina a las mujeres a ser madres para que posteriormente se dediquen al cuidado de las criaturas"; "el rol maternal tiene efectos profundos [...] en la desigualdad sexual” [P .27]; "la maternidad no es un hecho natural" [P. 28].

-Los niños tienen también derechos sexuales: "las personas tienen y viven su sexualidad desde que nacen hasta que mueren; tendrán diferentes necesidades relacionadas con la salud sexual, y necesitarán de servicios que les faciliten educación, atención, etc.” [P. 30]. Es precisa, pues, una "formación sexual integral desde la infancia": “a través de ella, mujeres y hombres podrán decidir con autonomía sobre su vida sexual, desde la niñez hasta la vejez. La educación sobre la sexualidad permite vivirla libremente sin temores ni prejuicios" [P. 69].

Esto es lo que se nos viene encima.






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